Existen del orden de 200.000 millones de estrellas solo en la Vía Láctea. Como la inmensa mayoría de estas representa además la posición de un sistema solar con varios exoplanetas, resulta difícil no imaginar que ahí fuera, en alguna parte, podría existir por lo menos alguna civilización extraterrestre.

La iniciativa «Breakthrough Listen», un ambicioso programa de búsqueda de vida extraterrestre (lo que en inglés se conoce como SETI) fundado por el multimillonario ruso Yuri Milner y auspiciado por el físico Stephen Hawking, el astrónomo Martin Rees o Frank Drake, del Instituto SETI (y creador de la famosa ecuación que lleva su nombre), comenzó en 2015 a «peinar» sistemáticamente más de un millón de estrellas de la Vía Láctea y de las cien galaxias más cercanas a la nuestra, utilizando para ello tres de los mayores telescopios disponibles en el mundo. El objetivo, saber si otra inteligencia nos saluda desde la distancia. Sin embargo, el pasado verano concluyó que no hay ni rastro de una civilización en las 1.327 estrellas más cercanas, situadas en un radio de 160 años luz, después de analizar todo un petabyte de datos. Silencio total.

En esa región del espacio no se ha logrado encontrar ni una sola huella indirecta, como ondas de radio, que indique que ahí arriba hay algo parecido a una civilización inteligente. Pero como la Vía láctea tiene al menos 100.000 mil años luz de largo, esto es como decir que no hemos visto nada «en la esquina de al lado». Está claro que todavía falta mucho por explorar.

Por ese motivo, la semana pasada Breakthrough Listen puso a disposición de la comunidad científica casi dos nuevos petabytes de información para buscar rastros de señales cuyo posible origen sea una civilización extraterrestre.

Los datos fueron presentados por Andrew Siemion, principal investigador del programa y científico de la Universidad de California en Berkeley (EE.UU.). Toda esta información procede de un extenso sondeo en el espectro de radio situado entre 1 y 12 gigaherzios (GHz), en el centro de la galaxia, donde se concentran la mayoría de las estrellas. Esta información se ha obtenido con el radiotelescopio Parkes (Australia) y el Observatorio Green Bank (EE.UU.).

«Nuestra esperanza es que estos datos revelen algo nuevo e interesante, ya sea vida inteligente en el universo o algún fenómeno astronómico todavía por conocer», ha explicado en un comunicado Matt Lebofsky, administrador principal del proyecto.

Además de este despliegue de información, el Instituto SETI ampliará las capacidades del observatorio radioastronómico Karl G. Jansky Very Large Array (VLA), con una nueva interfaz capaz de mejor el acceso al torrente de información que genera a medida que escanea el cielo estrellado. «Esta interfaz nos permitirá llevar a cabo una potente búsqueda de vida extraterrestre inteligente que será mucho más completa que cualquiera de las hechas hasta ahora», ha dicho Siemion.

Solo hemos buscado en el jacuzzi

En definitiva, dado que la galaxia es tan extensa, es necesario aumentar nuestros esfuerzos para encontrar algo ahí arriba. «Durante toda la historia de la humanidad, hemos tenido acceso a una cantidad muy limitada de información para encontrar vida más allá de la Tierra», ha dicho en un comunicado Yuri Milner. «Así que todo lo que podíamos hacer era especular. Pero ahora, como estamos consiguiendo más información, podemos hacer ciencia con ella, y al hacer accesibles estos datos al público general, cualquiera puede tratar de responder a este misterio tan profundo».

Entre todas las estrellas estudiadas hay 20 cuya posición les permitiría a los astrónomos de sus planetas, si es que existe algo parecido, ver la Tierra pasando delante del Sol, generando lo que se conoce como tránsito, uno de los métodos más relevantes para detectar exoplanetas. «Así es como hemos descubierto otros exoplanetas, así que tiene sentido extrapolarlo y considerar que es así cómo otras especies inteligentes encuentran planetas también», ha dicho Sofia Sheikh, autora de la investigación, publicada en la revista «Astrophysical Journal». Por el momento no han tenido éxito, al menos rastreando señales tan potentes como las que podría enviar al espacio un gran radiobservatorio de la Tierra.

«Incluso aunque el nuestro es un proyecto pequeño estamos comenzando a obtener nuevas frecuencias y a explorar nuevas áreas del cielo», dice Sheikh. Según esta investigadora esto es fundamental porque, tal como dijo su mentor, Jason Wright, investigador de la Universidad Estatal de Pensilvania (EE.UU.), si los océanos del mundo representaran cada lugar y longitud de onda en las que pudiéramos buscar señales inteligentes, hasta la fecha, habríamos explorado solo el valor de un jacuzzi.

Transmisor intergaláctico

Para Breakthrough Listen, las observaciones del disco y del centro galáctico son prioridad por la alta probabilidad de observar una señal artificial de esas regiones densas en estrellas. Si esas transmisiones no son comunes en la galaxia, lo mejor es buscarlas en esos lugares. Por otro lado, poner un transmisor intergaláctico potente en el núcleo de nuestra galaxia, señalan, quizás alimentado por el agujero negro de 4 millones de masas solares que allí existe, podría ser posible para una civilización muy avanzada. Los centros galácticos pueden ser los llamados puntos de Schelling: lugares probables para que las civilizaciones se reúnan o coloquen balizas, dado que no pueden comunicarse entre sí para acordar un lugar.

«El centro galáctico es el tema de una campaña muy específica y concertada con todas nuestras instalaciones porque estamos de acuerdo por unanimidad en que esa región es la parte más interesante de la Vía Láctea», dice Siemion. «Si una civilización avanzada en cualquier lugar de la Vía Láctea quisiera poner un faro en algún lugar, volviendo a la idea del punto de Schelling, el centro galáctico sería un buen lugar para hacerlo. Es extraordinariamente enérgico, por lo que uno podría imaginar que si una civilización avanzada quiera aprovechar mucha energía, de alguna manera podría usar el agujero negro supermasivo que está en el centro de la galaxia».

El visitante interestelar

Breakthrough Listen también lanzó observaciones del cometa interestelar 2I / Borisov, que tuvo un encuentro cercano con el Sol en diciembre y ahora está saliendo del sistema solar. El grupo había escaneado anteriormente la roca interestelar Oumuamua, que pasó por el centro de nuestro sistema solar en 2017. Ninguno de los dos exhibió firmas tecnológicas.

«Si el viaje interestelar es posible, lo que no sabemos, y si hay otras civilizaciones por ahí, lo que no sabemos, y si están motivadas para construir una sonda interestelar, entonces una fracción mayor que cero de los objetos que existen son dispositivos interestelares artificiales» reflexiona Steve Croft, astrónomo investigador del Centro de Investigación SETI de Berkeley y Breakthrough Listen. «Tal como hacemos con nuestras mediciones de transmisores en planetas extrasolares, queremos poner un límite a cuál es ese número».

Satélites de paso

Independientemente del tipo de búsqueda SETI, Breakthrough Listen busca radiación electromagnética que sea consistente con una señal que sabemos que produce la tecnología, o alguna señal anticipada que la tecnología podría producir, e inconsistente con el ruido de fondo de los eventos astrofísicos naturales. Esto también requiere eliminar señales de teléfonos móviles, satélites, GPS, Internet, Wi-Fi y una miríada de otras fuentes humanas.

En el caso de Sheikh, giró el telescopio Green Bank a cada estrella durante cinco minutos, apuntó a otro lugar durante otros cinco minutos y repitió eso dos veces más. Luego rechazó cualquier señal que no desaparecía cuando el telescopio apuntaba lejos de la estrella. Finalmente, redujo un millón de picos de radio iniciales a un par de cientos, que pudo eliminar como interferencias humanas basadas en la Tierra. Las últimas cuatro señales inexplicables resultaron ser satélites que pasaban.

Siemion enfatizó que el equipo de Breakthrough Listen intenta analizar todos los datos publicados hasta la fecha y hacerlo de manera sistemática y frecuente. «De todas las observaciones que hemos hecho, probablemente el 20% o el 30% se han incluido en un documento de análisis de datos», dice Siemion. «Nuestro objetivo no es solo analizarlo al 100%, sino al 1.000% o 2.000%. Queremos analizarlo muchas veces». Quizás de esa forma sepamos definitivamente si estamos solos o no en el Universo.

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