En estado de alerta se encuentra la Iglesia Presbiteriana “La Unión Cristiana”. Ante el Octavo Juzgado Civil de Letras de Santiago inició una enérgica defensa de sus propiedades, incluido su templo central, situado en Almirante Latorre 660 Santiago, y de otros centros de culto y obras sociales en diversas ciudades del país. La demanda apunta a la Corporación Unión Evangélica, cuyo presidente es Jaime Contesse, quienes pretenden asumir el control total de los bienes, a fin de comercializarlos y construir edificios y centros de negocios. La audiencia de prueba testimonial se realizó ayer. El pastor Eduardo Vidal, de Iglesia “La Unión Cristiana”, señaló: “Invitamos muchas veces al directorio de la Corporación Unión Evangélica a dialogar sobre este asunto y a llegar a una solución cristiana y justa, tal como nos demanda la Biblia, lamentablemente a pesar de nuestros intentos no se logró ese diálogo, solo agresiones tales como interrupción en un culto dominical, demandas en tribunales por comodato precario y que fueron todas y cada una de ellas resueltas a nuestro favor, malas prácticas con algunos funcionarios de nuestra iglesia y otras formas de presión.

“Por esta razón esperamos conseguir justicia por la vía judicial y evitar que se nos arrebate la copropiedad. Son bienes comprados hace más de 90 años, en algunos casos 140 años. Estos bienes son y están dedicados exclusivamente al culto y a nuestro trabajo por el bien de nuestros compatriotas. Hoy pretenden desconocer nuestros derechos, para vender los terrenos, (según palabras del gerente de la Corporación Unión Evangélica), con propósitos comerciales. Parecen no darse cuenta de que con esto perjudicarían no sólo a centenares de miembros y adherentes de nuestro templo y nuestra fe, sino también a todas las comunidades evangélicas de Chile”.

La iglesia presbiteriana llegó a Chile en la segunda mitad del siglo XIX.  Un grupo de misioneros norteamericanos fundó la Iglesia Presbiteriana Chilena. Como en esos años no existía la separación iglesia/Estado, los presbiterianos constituyeron la persona jurídica de derecho privado “Corporación Unión Evangélica”, a fin de que adquiriera y administrara las propiedades y bienes, destinados a honrar a Dios, así como a tareas de índole social.

Durante más de 90 años, no se presentó problema alguno.  Los norteamericanos mantuvieron el control eclesiástico y administrativo. En la década de los años 60 comenzaron a retirarse progresivamente.

EL CISMA

A principios de la década de los 70´ se produjo un cisma. El pastor Horacio González Contesse asumió el liderazgo eclesiástico y la representación legal del patrimonio, en nombre de la Corporación Unión Evangélica. En 1974 debutaron dos facciones: Corporación Iglesia Presbiteriana de Chile, encabezada por González Contesse, y la Corporación Iglesia Evangélica Presbiteriana en Chile.

Pese a la separación, ambas continuaron trabajando y desarrollando sus labores en los inmuebles que históricamente habían ocupado, adquiridos con recursos propios de las congregaciones según testimonio de miembros muy antiguos y además de testimonios escritos y en algunos casos, con aportes norteamericanos, pero inscritos a nombre de la Corporación Unión Evangélica, constituida para tales efectos.

“Esta es una práctica muy general en las congregaciones evangélicas nacientes, que juntan recursos para comprar una propiedad y dedicarla al servicio religioso y se inscribe o se inscribía a nombre de la corporación de derecho privado, creada para estos efectos.

“Sin embargo, los nuevos integrantes de la Corporación Unión Evangélica, después de casi 40 años, iniciaron una ofensiva para apoderarse del control total de las propiedades. El pastor Vidal precisa: “Lamentablemente en este proceso fueron vendidas las propiedades de Talca (templo y Casa Pastoral) congregación que tenía mas de 140 años de predicación del evangelio.

“Ahora, están empeñados en conseguir la propiedad de la iglesia de Santiago y la Escuela Presbiteriana de Antofagasta y de nuestro templo, situada en Almirante Latorre 660, Santiago. En la demanda calificamos esto como un comportamiento mezquino, mercantilista y reñido absolutamente con el carácter religioso.  Es por eso que reclamamos nuestros derechos.  Se trata de bienes adquiridos con aportes de nuestros feligreses, que no significaron ningún desembolso para la Corporación que hoy pretende adueñarse de ellos, sólo a fin de venderlos. Bienes que, en derecho y justicia, no les pertenecen.  Queremos que reconozcan nuestro derecho de dominio. Para ello, nos valdremos de todos los medios de prueba que franquea la ley.          Durante toda nuestra existencia, hemos consagrado nuestras iglesias y escuela a honrar a Dios y a servir a la sociedad, sin descuidar el cumplimiento de lo terrenal, tales como el pago de servicios básicos, aseo, mejoras, invitación a autoridades nacionales e internacionales y realizar cultos propios, así como autorizar otros cultos a iglesias que no contaban con templos. No permitiremos que se apropien indebidamente y vendan lo que a todos nos pertenece. Estamos dispuestos a seguir conviviendo en forma pacífica. Pero hasta la buena voluntad tiene límites. No queremos que sean sobrepasados”.

 

Más antecedentes:

Pastor Eduardo Vidal

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