“Va a depender de marzo”.

Eso es lo que contesta una de las personas más cercanas al Presidente cuando se le pregunta por la duda que punza al aparato gubernamental y que aparece como insumo obligado en las más variadas especulaciones. Ya hubo, confiesa otro conocedor de Palacio, una ventana para hacerlo en la segunda mitad de enero. Y con un equipo político que acusa falencias, la presión del plebiscito constituyente del 26 de abril, un marzo que se asume revuelto y analgésicos sociales que aún no salen del Congreso, abunda el secretario de Estado, subsecretario o asesor que se pregunta lo mismo: si Sebastián Piñera volverá o no a intervenir a su gabinete, específicamente a su tríada de ministros de La Moneda -que lleva ni tres meses y tres semanas de vida- y cuál será el mejor momento.

Las apuestas dicen que el cronómetro comenzará a correr, si no lo ha hecho ya, en tres días más. El lunes 24 el gobernante estará de vuelta en Palacio. También su ministro del Interior, Gonzalo Blumel, y el de la Segpres, Felipe Ward. La portavoz, Karla Rubilar, ya volvió de vacaciones. También estará de regreso el intendente metropolitano, Felipe Guevara. Es probable que ese lunes también lo haga el jefe de asesores del Segundo Piso, Cristián Larroulet, también de vacaciones hoy. Fernanda Otero, histórica consejera del mandatario, ya ha vuelto a la capital.

No es que lo vaya a decidir y comunicar ese mismo día, en la primera reunión de comité político de ministros. Es que la semana que viene puede ser gravitante según las decisiones que sus colaboradores esperen que tome, y cómo se prepare en ese margen de siete días que tiene antes del otro SúperLunes, el lunes 2 de marzo, cuando Santiago vuelva a llenarse y se vengan encima varias fechas críticas. La cuestión de volver a usar el bisturí ya se discutió durante la primera quincena de enero: se estudió si ejecutar el cambio antes del consejo de gabinete del 31 de enero pasado, o si posponerlo para marzo. Se decidió no tomar la primera opción y dejar cualquier definición para fines de mes.

Ello, por dos dimensiones. Una interna, que tiene que ver con el diagnóstico de que al trío Blumel-Rubilar-Ward -que asumió en medio de cambios a última hora y en medio del peor momento de la crisis- les ha costado cuajar. Hasta el mismo Presidente les ha pedido “afiatarse” lo mejor posible como, trascendió, hizo el lunes 20 de enero.La segunda, porque la UDI y RN tampoco la han dejado pasar: conocidos son los reparos de la jefa gremialista Jacqueline van Rysselberghe (más allá de que su partido haya salido perdiendo en el cambio de octubre pasado), y del líder RN Mario Desbordes, quien les ha pedido personalmente y por separado a Rubilar y Blumel “mejorar el fiato”.

¿Más? Otro personero bastante cercano al Mandatario recalca esta será una variable que pesará en la evaluación que hará de su equipo a la vuelta al trabajo. ¿Incluye esto al ministro de Hacienda, Ignacio Briones? La misma fuente dice que él “está garantizado” en esta vuelta.

“Los partidos políticos estaban interesados en generar un cambio de gabinete y que esa presión ha ido diluyéndose”, dice Roberto Izikson, gerente de Asuntos Públicos de Cadem. Y que si bien “siempre es posible que el Presidente recurra a un cambio de gabinete, es una bala de plata que permite controlar por un rato la agenda, pero no sé si el Presidente está pensando en eso para marzo”.

Ojo con la calle y el Congreso

Pero eso es solo un factor. Cuando los íntimos del mandatario subrayan que “dependerá de lo que pase en marzo”, también se refieren a cómo se maneje la seguridad y el orden público y especialmente que se pueda, de una vez, “mostrar resultados”, por dos razones: para aplacar las constantes críticas del votante oficialista (hay ministros que no olvidan las críticas que recibieron por teléfono esa noche del 12 de noviembre en que Piñera decidió no volver a sacar a los militares a la calle), y para dar una señal de que el gobierno es capaz de dar garantías de que nada pondrá en peligro el referéndum del 26 de abril. Cualquier cosa en contrario configurará uno de los peores escenarios.

En ese campo hay voces del gobierno que dicen estar preocupadas por los pocos progresos, dicen, que se han hecho en mejorar la inteligencia de Carabineros. Y también por las dificultades que ha habido para renovar vehículos e insumos antidisturbios -entre otras razones- porque los países proveedores estarían sobredemandados. Marzo tiene varias fechas complicadas, pero la mayoría de las apuestas en el Ejecutivo miran al tramo comprendido entre el viernes 6 de marzo y el lunes 9, día en que la coordinadora feminista 8M está llamando a huelga general. Entre ambos días, está el Día de la Mujer, el domingo 8. Estarán atentos, dicen, al volumen de convocatoria y a la intensidad de “desmanes y destrozos” que algunos dan por hecho en el círculo más estrecho del Presidente.

Durante la misma semana que comienza el próximo lunes habrá otro asunto que resolver contrarreloj: cómo sacar de una vez del Congreso uno o más de los proyectos de ley pendientes con los que Palacio espera aplacar en algo la ira y el descontento social. Dos estrechos colaboradores del Presidente que tienen harto ojo político subrayan con destacador la reforma a las pensiones, la rebaja el precio de los medicamentos, el ingreso mínimo garantizado y la reforma a Fonasa. Y uno de ellos insiste en que antes de que les caiga encima marzo habrá que “fijar un cronograma urgente”, priorizar cuál es más urgente y ponerle un límite a la tramitación para que no se siga eternizando. El ideal que el mejoramiento a las pensiones se haga sentir en marzo.

Por lo mismo, durante febrero ministros y subsecretarios de Palacio han seguido manteniendo contacto telefónico con legisladores de la oposición, pero persiste el temor de que el bando contrario “por eso mismo, sabiendo todo esto, no quiera darnos respiro”. Para más complicaciones, en marzo cambiarán las mesas y comisiones de la Cámara y el Senado. Además, es posible que el Congreso tienda a cierta irrelevancia después del plebiscito, cuando se desate la campaña electoral por el órgano constituyente.

Piñera, como es su espíritu, no ha salido de escena durante las dos semanas y fracción que lleva de vacaciones desde el miércoles 5 de febrero. El día 10 visitó la Región de la Araucanía. El 12 y 13 de febrero asistió al comienzo de las obras del aeropuerto de Puerto Montt, y ahí se apuró en anunciar la construcción del puente Chacao y prometió “tolerancia cero con la corrupción” ante el escándalo de eventuales coimas en el MOP. Hoy, ante los incidentes en el metro Los Quillayes, tuiteó “llegó la hora de unir nuestras fuerzas, sin ninguna ambigüedad en contra de la violencia y en favor de la paz”.

¿Cuándo y quiénes?

Acá hay visiones como esa que dice que lo mejor sería hacer la pérdida lo antes posible y ejecutar el cambio a comienzos de marzo. Hay al menos dos personeros de la plana de autoridades que piensan o creen eso. Uno, porque es de la escuela que lo contrario el tema del cambio de gabinete se puede “comer” la gestión de gobierno durante marzo. Otro, porque entiende que el Presidente se habría ido de vacaciones con la cavilación de hacia dónde orientar la segunda mitad de su período contando solo con el 6% de apoyo que le dio la encuesta CEP: o hacia el electorado de derecha que pide un perfil más duro y firme con el orden público, o hacia el que podría premiar un ánimo más dialogante con la oposición. Como no tiene nada que perder, debería hacerlo, observa la misma fuente.

En el primer caso se haría inevitable un cambio de ministros. En el segundo, tal vez no.

Reiterando que nada de esto está decidido, las y los expertos en Palacio enumeran otras condiciones y requisitos. Observan que Blumel podría seguir tanto en Interior o en una vocería, si es que Piñera elige un nuevo número dos (recordemos que llegó a suceder a Andrés Chadwick casi por accidente).

De Rubilar se dice mucho que, dado el caso, podría desplazarse a un ministerio social y que eso le agradaría a ella, pero si resulta ser el Ministerio de Desarrollo Social -que tiene oficina en La Moneda y ocupa Sebastián Sichel- más que seguro que se indignará la UDI, partiendo por Van Rysselberghe.

De Ward se comenta que le pesa, además de su accidentada llegada, tener encima el fantasma de seguir siendo subsidiado por Blumel y por Claudio Alvarado, hoy subsecretario de Desarrollo Regional y experto en el Congreso. Con todo, en las últimas semanas estuvo más activo y durante febrero debutó como vocero veraniego en ausencia del Presidente y de Rubilar.

En boca de hombres y mujeres de gobierno han circulado diversos esquemas de reemplazo, si es que ocurriera. En uno se ha planteado llevar a la vocería al ministro de Vivienda, Cristián Monckeberg (RN), quien acaso por eso mismo y por estar de vacaciones lleva semanas en mute ante la contingencia palaciega, e instalar de una buena vez a Alvarado a la cabeza de la Segpres. Pero como ese dibujo hay otros, y depende no solo de variables como las acá expuestas y otras, sino que de que lo de los consejeros con acceso VIP a Piñera crean y -ante todo- de lo que tenga en su cabeza el Presidente.

“El ministro Ward y el ministro Blumel van a tener una tarea importante en poder aprobar rápido la reforma previsional en marzo, el ingreso mínimo garantizado, que son los principales proyectos que deben aprobarse ese mes”, subraya Izikson. Además, dice, “hay un desafío desde las comunicaciones dentro del gobierno, que hemos visto un poco con Briones y Blumel, que es una comunicación simple, cercana, empática, dialogante, que busque acuerdos. Para Felipe Ward lo más importante va a ser la aprobación de pensiones e ingreso mínimo y para Karla Rubilar yo creo que es cómo influir en una comunicación distinta”.

Menos reservas tiene Hugo Eduardo Herrera: “Ward no tiene significado político mayor, lo dejaría al margen de esto. Karla Rubilar ya no se posicionó como alguien con agenda propia, no parece tenerla, en ese sentido su destino está zanjado, o el Presidente quiere que le lleguen los golpes directamente a él y Karla Rubilar es su vocera, o tiene que cambiarla. En el caso de Gonzalo Blumel es más complejo, porque es una persona muy capacitada, pero tiene el problema de que a diferencia de Briones no se ha distanciado, creo que está a medio camino de construir su agenda y tiene que acentuar eso”.

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