Paso a paso, se van levantando los confinamientos, la normalidad pareciera estar de vuelta. Cada vez son menos los que siguen los informes del Covid19; por lo mismo a nadie “le hizo ruido” que el titular de Salud, en rueda de prensa, le enviara al comunero Celestino Córdoba el mensaje: «…machi, colega médico, por favor, le ruego que medite esta situación y que no se dañe su salud, que no dañe su vida, que dé un ejemplo a sus pacientes…» ¡Plop!

El hecho no tendría mayor importancia (Córdoba no es mapuche, ni machi, ni “colega medico”), si no fuera por que son muchas las situaciones que a diario se suceden, unas más significativas que otras, a las cuales se les presta poca atención, y que configuran un cuadro politico tan complejo como grave.

Absortos por crímenes horrorosos, que el morbo de la prensa explota; entretenidos por las historias de la hija de la Presidente, su permiso para ir al supermercado y detenida protestando; distraídos por las fotos que luce un parlamentario en sus video conferencias; indignados por el abuso de autoridad de un diputado; por eso y por mucho más, preocupan las amenazas que se ciernen sobre nuestra realidad y a las que se les presta poca atención.

Hay que agregar, con preocupación, que bajo el paraguas comunicacional referido, el plebiscito ha seguido su curso invariable, pudiendo constituirse en el fin de una era de progreso, bienestar y estabilidad institucional que, si bien no era perfecta, le permitió al país niveles de desarrollo únicos en América.

Se suma a lo dicho, la poca importancia que la sociedad política, económica, jurídica y en general la sociedad civil, da al hecho de que nos hemos ido acostumbrando a una realidad distinta a nuestro “carácter nacional”, y al hecho de haber ido –incautamente- cediendo espacios de nuestra libertad individual… pilar fundamental de nuestro “ser nacional”.

Por diversas razones, unas más justificadas que otras, el Hermano Mayor (“1984” de George Orwell) regula nuestras vidas… “los viejos pueden pasear dos horas diarias… los niños solo pueden jugar al luche en la plaza… debe tener pasaporte para… no puede ir a su segunda vivienda… no puede jugar golf…”. Ni hablar del manejo de datos… “estamos bajo vigilancia perpetua, con drones, teléfonos y cámaras… nos tienen identificados…”.

Haciendo la salvedad que, en esta oportunidad, pandemia mediante, ameritan medidas especiales: confinamientos, restricciones, etcétera; antes fueron razones de inseguridad las que coartaron la libertad individual… mañana habrá otro motivo… pero lo cierto es que nuestra libertad está siendo conculcada día por día…

Por último, habría que advertir que “el golpe de gracia” puede ser el plebiscito y la constituyente… Si logran cambiar el modelo de vida mantenido hasta octubre del año pasado… si eso sucede, no quedará más que lamentarse como lo hace el Coro de Esclavos (Acto III, Opera Nabucco, Verdi, 1842) ¡Oh mi patria tan bella y tan perdida!… ¡Oh recuerdo tan querido y fatal!

/Cristián Labbé Galilea