“Buenas noches, Quinta Vergara. Son las cuatro palabras decentes que escucharán esta noche”, se presentó Ernesto Belloni, las 00.03 tras Ana Gabriel, para comenzar el show más esperado de la tercera noche festivalera. Criticado en la previa por su humor considerado de la vieja escuela, burlesco contra las minorías y sexista, Belloni -como admitiría sobre el final- entraba con un par de goles en contra.

Sin embargo, y como era de esperar, rápidamente anunció que su espectáculo esta vez sería diferente: “Esta noche he cambiado, soy otro. He cambiado porque he escuchado: a las mujeres, las pifias, a mi señora que me dice ‘no te metai en hueás’”.

Tras once minutos sobre el escenario, donde mencionó el trote de Evelyn Matthei que se hizo viral, se rió de su fracaso en el Festival de Iquique y volvió a recalcar el cambio en su rutina (“Hemos estado decentes esta noche. ¿Vieron que he cambiado? He escuchado. Y no solo esta noche, en mi futuro. se los voy a demostrar”), Belloni desenfundó al Che Copete.

Allí, interpretando a su personaje más emblemático, volvió a sus comienzos, cuando ayudó en la reapertura de Los años dorados de la tía Carlina: mencionó lo difícil que era para la comunidad LGBT vivir en la Dictadura y, quizás en el momento más inesperado de la rutina, agradeció a Daniel Zamudio: “Gracias a ti, que diste tu vida, nuestra ley protege a nuestra diversidad”. También le daría espacio a una intervención drag queen.

Belloni seguiría buscando con insistencia limpiar su imagen. En el siguiente segmento, el del Almacén Don Che, sumó al escenario a sus antiguos compañeros en Morandé con Compañía, mientras ofrecía algunas referencias al estallido social: el Poeta como Pasaman, el Matacopas. Y también recordó otros episodios como los dichos del ministro Mañalich y del senador por la Región de los Lagos, Iván Moreira.

Con muy poco, una rutina ideada sobre la hora y con la que nunca pareció estar cómodo, a Belloni le bastó para sacar los aplausos y conseguir las dos gaviotas. Sin embargo por su reacción, pareciera, el premio mayor fue no ser bajado a las pifias, como le pasara un par de semanas antes. “Venía con un par de goles en contra, porque me precede un humor distinto. Pero ese humor cambió: respeto a las mujeres, a los gordos. Y desde hoy va a ser muy distinto”, dijo antes de dar comienzo a otro momento incómodo de la noche: se puso a llorar.

“Vine a pedir perdón por guardar silencio por 35 años. Vine dispuesto a pagar mi condena. Las cosas van a cambiar, chiquillos”, cerró. Luego, tras un bis de muy corta duración donde le pegó al Congreso, confesó su miedo en la previa y le agradeció a Pancho Saavedra por sus consejos.

En definitiva, por los poco más de 37 minutos que estuvo en Viña, Belloni debe irse feliz: ofreció un show mediocre en el que se esmeró por cambiar su imagen y poco tuvo de gracia. Y aun así se llevó todo.

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