‘Estoy triste, pasando un mal momento como la mayoría’, dice el excomandante en jefe de la Armada Edmundo González Robles (2009-2013) desde su oficina en Valparaíso, donde trabaja como director de la Fundación Carlos Condell, dedicada a la educación en temas marítimos.

‘Podemos llegar a extremos que no quiero imaginar. Suspendimos la APEC ¿y seguimos con un festival porque ya están comprometidos los artistas? No estoy para festivales cuando el país se ha convertido en un caos’, afirma. Y se permite un comentario sobre el ataque al monumento y tumba de los héroes navales el sábado 22 de febrero: ‘Se cavaron su propia tumba política, porque se fueron en contra de un ideal nacional’.

Pero antes de hablar de la crisis social, González se había explayado sobre el terremoto y tsunami de las 3:34 de la madrugada del 27 de febrero de 2010. Un desastre que hace una década cambió sus prioridades como comandante en jefe, que le dejó estigmas —’injustos’, dice— y que, sobre todo, le produjeron un nerviosismo debido a la pérdida de capacidades bélicas, cuando desde 2008 se ventilaba ante La Haya la demanda limítrofe contra Chile, interpuesta por Perú.

—Tras visitar la base naval de Talcahuano afectada por el tsunami, el 24 de marzo de 2010 el ministro de Defensa, Jaime Ravinet, dijo que Chile quedó ‘vulnerable’. Sus palabras fueron consideradas una error y no se habló más. ¿Qué tan vulnerables quedamos?

—El tsunami y el terremoto craquelaron la parte más importante de la base: los muelles. Y Talcahuano es la principal base naval de Chile, no es Valparaíso. El daño fue tremendo, porque fracturó diques que tenían casi 100 años, fracturó muelles, destruyó muchas instalaciones a ras de piso y que eran sensibles, como talleres de reparación de buques con instrumental electrónico sofisticado, dañó embarcaciones menores, los buques en reparación también y se salvaron los que estaban con motor, porque zarparon. Los buques que no zarparon tuvieron que ser reparados.

—¿Eran buques importantes?

—Submarinos, misileras, había de todo. Afortunadamente, ninguno se dio por perdido.

—Entonces efectivamente quedamos vulnerables.

—Pero absolutamente (guarda silencio y repiensa la respuesta). Quedamos en cierta forma vulnerables. El submarino Carrera golpeó con contenedores que estaban flotando y pasó a reparaciones.

—En su momento dijeron que golpearon el fondo y nunca aclararon bien el episodio, ¿por qué el celo?

—Porque ese submarino es estratégicamente importante y un golpe de un contenedor puede dañar el sonar y quedar en reparaciones dos meses. Y estaba en servicio, a diferencia de otro submarino, que era el Simpson, que estaba sobre un dique flotante, que es como una caja de zapatos que se vacía cuando entra una embarcación para poder arreglarla en seco. Con el tsunami, ese dique de 30 mil toneladas quedó la mitad puesta sobre un muelle y la mitad en el agua, con el submarino adentro inclinado. El Presidente Piñera visitó la base un par de semanas después de asumir el 11 de marzo y me dijo ‘almirante, no soy técnico, pero lamento decirle que tendrá que dar por perdido el submarino’… Pero lo hicimos flotar con pura ingeniería chilena y dos expertos de Estados Unidos que habían participado del movimiento de embarcaciones tras el tornado Katrina.

—¿Estaban bien resguardados los materiales en Talcahuano? ¿Era necesario tener material valioso a ras de mar?

—Absolutamente no. Y se corrigió. Si hoy hubiese un tsunami no sería crítico para la guerra. Entonces se perdieron unos pocos torpedos —cada uno de US$ 1 millón, revela—, un misil y mucho instrumental. En total, unos US$ 1.300 millones, donde solo recuperar la base costó unos US$ 700 millones.

—¿La vulnerabilidad lo puso nervioso frente a lo que pudieran intentar, por ejemplo, países vecinos?

—(Asiente) En ese período esperábamos el fallo por el litigio con Perú por el límite marítimo y una de las tareas que asumí con la Comandancia en Jefe en 2009 era preparar al país por cualquier cosa que resultase del diferendo marítimo, porque tú nunca sabes cómo un país va a reaccionar. Tuve que anteponer a mi tarea principal, que era preparar mi fuerza para que el país no corriera ningún riesgo, el reponer la base naval.

‘Tenía un hijo en el festival’

—¿Qué hacía en Viña el 27F?

—El buque científico Cabo de Hornos se lanzaría al agua al día siguiente en Talcahuano y su madrina iba a ser la presidenta Bachelet. La mitad de mi Alto Mando estaba allá y la otra íbamos a viajar en la mañana. El terremoto ocurrió estando despierto en mi casa porque tenía un hijo en el Festival de Viña y estábamos terminado una reunión familiar porque mi otro hijo se había casado hace un mes en Estados Unidos y estábamos viendo las fotos, porque no todos pudieron viajar. Se sintió fuerte y decidí quedarme en la residencia.

—Eso fue muy criticado.

—Claro, pero resulta que la residencia del comandante en jefe es una repartición naval que se llama Caleta Tridente. Tiene comunicaciones, seguridad, generador y un mini puesto de mando. Si me iba a Valparaíso tendría que haber cruzado la ciudad con riesgo de tsunami y a lo mejor el edificio, que es antiguo, hubiera estado en el piso. Además, todos mis almirantes estaban ahí. Esa noche no dormí ni me acosté.

—La versión de que se fue a dormir fue alimentada porque se comunicó con el ministro de Defensa (Francisco Vidal) recién en la tarde.

—Eso fue falso. A las 7:30 hablé con él y con la Presidenta media hora antes. Hubo un quiebre de comunicaciones ese día: los celulares se fueron, lo teléfonos verdes, los rojos, todo.

—En ese tiempo había comunicación satelital.

—Pero Iridium, que es una confederación de 72 satélites, necesita estaciones terrestres para retransmisión y se cayeron todas. Ahora tenemos Inmarsat, que es mucho más caro, pero no se cae. No tuve comunicación con Talcahuano ni con las partes intermedias. Pero relajarse no es igual a dormir y lo digo porque una par de diputados, que no identificaré, echaron a correr que yo me había puesto pijama luego de que en la Comisión Investigadora de la Cámara dijera que en un momento ‘me relajé’. Solo fue bajar un grado la tensión cuando supe que no habría tsunami en Valparaíso y que no tendría que evacuar la escuadra; no fue ponerme el pompón ni el pijama de franela. Cuando a las 7:00 recién pude tener comunicaciones con la Presidenta y me pregunta si hay o no tsunami, yo le dije ‘Presidenta, no tengo información, se levantó a la alerta porque el SHOA no tiene presunción’. Hablé con Vidal y cuando terminé, me llama el almirante Gibbons, que estaba en Talcahuano y me dice, ‘véngase, hay una catástrofe’. Ahí recién, a las 8:00 horas, supe del tren de olas que seguía entrando y recién ahí entendí la magnitud del tema y ordené que un helicóptero me llevara, siendo la primera autoridad que voló por la costa de Valparaíso a Talcahuano. Fue espantoso y cuando a las 13:00 horas llegué a Talcahuano, era una obra de Dante, con buques arriba de los muelles, pesqueros en las calles y aterrizamos al medio del fango. Era ahí donde se requería mi presencia, no en la Onemi. Mi prioridad institucional (prepararse para el fallo de La Haya) cambió en ese momento. Pero puedo decir que le entregué a mi sucesor, el almirante Larrañaga, una marina que el tuvo la tranquilidad de enfrentar ese fallo sin problemas (2014) y con el 90% de la base reparada.

—¿La presidenta le recriminó no ir a la Onemi? Ella preguntó dónde estaba la Armada y jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Cristián Le Dantec, le dijo ‘no sé’.

—Debió responder ‘yo soy la Armada ¿Qué necesita?’, porque de acuerdo a la ley él es el representante de las tres ramas en la Onemi. Así y todo, como a las 6:30 mandé igual a mi secretario general para que sirviera de enlace. Eso no corresponde, porque en un caso así la Onemi es la jefa directa del Servicio Nacional de Alerta de Maremotos (SNAM), que da la alerta. No es el SHOA. Por eso no fuimos perseguidos ni enjuiciados.

—Pero el director del SHOA pasó a retiro por haber levantado la alerta de tsunami.

—La alerta se dio a la Onemi. La Onemi no supo qué hacer con la alerta durante casi una hora y media y trató a cada rato de convencer al SNAM de que la bajara. Cuando llegó el director del SHOA con la alerta dada, cometió un error, que tiene un antecedente: Un año antes se hizo un ejercicio de tsunami y el SNAM en vez de apretar el botón de simulación dio una alerta real y arrancando murió una señora de un ataque al corazón. Se metió el componente social a una cuestión técnica y donde además no se recibía información de campo.

—¿El director del SHOA levantó la alerta a base a qué?

—Todavía no lo entiendo. En base a nada, por eso le costó la carrera. Después se corrigió el protocolo: cuando no hay información de campo clara, se deja la alerta.

—¿Qué autocrítica se hace?

—El SHOA es muy bueno, pero la gente que lo dirige tiene que ser muy técnica. El director de esa época (comandante Mariano Rojas) no era 100% técnico. En segundo lugar, hay que estar sobrepreparado. Podríamos haber evaluado mejor la alerta de Juan Fernández (donde el tsunami llegó 4 horas después y fue una niña la que golpeó un gong para que la población arrancara), aunque entre las cuatro y cinco de la mañana, a pesar de esa tontería de que yo dormía, ordené despegar un avión y un helicóptero y zarpar una fragata para revisar la isla, pues la comunicación no era fluida.

—También se les critica que estando la mitad del Alto Mando en Talcahuano no evacuaron a la población.

—Arrancó mucha gente al cerro y otra se quedó pegada atrapada por algún motivo o de mucha edad o gente que insistió en acarrear cosas.

—¿Y por qué asumió la responsabilidad si culpa al SHOA y a la Onemi?

—Nadie es perfecto y faltó después de este terremoto juntarnos todos los que teníamos que ver y reconocer nuestras faltas, porque siempre se puede mejorar. Faltó honestidad profesional; hubo mucho manejo sucio político en una cuestión que fue una tragedia nacional.

—¿Quién hizo eso?

—Parlamentarios. Eso del ‘relajo’ que sentí al saber que el tsunami no golpearía Valparaíso y que no tendría que evacuar la escuadra. ¡Era lógico con el grado de tensión tenía esa noche! Hubo una mala intención sin nombre de dos diputados que mal usaron esa palabra y que no vale la pena ni siquiera recordar sus nombres porque lo están pasando súper mal.

—¿Y qué mejoró después?

—Protocolos; el sistema de comunicaciones; las capitanías de puerto ahora tienen maletas con equipos de comunicaciones listas para arrancar con ellas; levantamos en altura el material trasladable; doblamos el número de mareógrafos y que antes por lo caro mandaban una señal al satélite con su información cada una hora y ahora cada minuto. Para los tsunamis que vienen de otras partes del mundo había una boya Dark y ahora hay cinco a mil kilómetros de la costa. El sistema permite en 5 minutos predecir si habrá un tsunami y en 15 con certeza.