La casualidad, el destino, o lo que sea, ha querido que el coronavirus haya surgido de Wuhan, la ciudad donde China tiene su principal centro de investigación virológica y un superlaboratorio para estudiar las enfermedades más contagiosas y peligrosas, como el ébola y el SARS. Aunque dicho centro tiene el código P4, que indica el máximo nivel mundial de bioseguridad, tal coincidencia lo ha puesto en el punto de mira y ha desatado todo tipo de rumores.

Tantos que el propio Instituto de Virología de Wuhan como su Laboratorio Nacional de Bioseguridad se han visto obligados a salir al paso para desmentirlos. Entre ellos destacan que el coronavirus había sido creado genéticamente por el hombre y se había “escapado” de allí o que el “paciente cero” era uno de sus científicos y había fallecido. “Los rumores han causado un daño grave a nuestros investigadores, que se han dedicado a trabajar en primera línea, e interrumpido seriamente los estudios de emergencia que estamos haciendo durante la epidemia”, se defendía la semana pasada el Instituto en un comunicado, según recoge el periódico “South China Morning Post”.

 

China niega que el coronavirus naciera en un laboratorio de Wuhan

“Lo juro por mi vida, no tiene nada que ver con el laboratorio”, aseguraba en la red social WeChat una de sus más eminentes científicas, la doctora Shi Zhengli. Famosa por descubrir que el SARS procedía de murciélagos de la provincia sureña de Yunnan, sobre ella ha caído la sospecha porque el nuevo coronavirus es un 96 por ciento idéntico al de dicha especie, que se estudia en el Instituto de Virología.

Estas teorías de la conspiración no solo circulan por las redes sociales. Con claros fines políticos, hasta un senador republicano de Estados Unidos, Tom Cotton, se ha hecho eco de ellas. “Al menos tenemos que preguntar si el coronavirus viene del superlaboratorio que está a pocos kilómetros (unos 30) del mercado de Huanan”, declaró a la cadena Fox sugiriendo esa posibilidad.

Un grupo de investigadores indios también ha publicado un estudio asegurando que el coronavirus había sido creado artificialmente y un antiguo oficial de la Inteligencia israelí, el teniente coronel Dany Shoham, ha señalado los posibles vínculos del Instituto de Virología de Wuhan con el programa encubierto de armas biológicas del autoritario régimen de Pekín. “Ciertos laboratorios del Instituto han estado probablemente implicados, en términos de investigación y desarrollo, en las armas biológicas de China, al menos colateralmente, pero no como su principal instalación”, explicó al periódico “The Washington Times” este experto en guerra química y bacteriológica.

Aunque otro especialista en este campo, Milton Leitenberg, de la Universidad de Maryland, reconoce al diario “The Washington Post” que ha discutido en privado con otros colegas la posibilidad de que el desarrollo de armas biológicas en Wuhan haya provocado el coronavirus, nadie ha encontrado pruebas. Además, matiza que dicho Instituto de Virología es un centro muy conocido en todo el mundo, desarrollado con la ayuda de Francia y relativamente abierto para los estándares chinos, ya que tiene programas de colaboración hasta con el Laboratorio Nacional de Galveston en Texas.

 

Contra dicha hipótesis también ha salido un grupo de 27 virólogos internacionales de primer nivel, entre ellos el español Luis Enjuanes, del Centro Nacional de Biotecnología, pertenciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). “Nos unimos para condener enérgicamente las teorías de las conspiración que sugieren que el Covid-19 (nombre oficial de la enfermedad) no tiene un origen natural. Los científicos de muchos países han publicado y analizado los genomas del agente causante, el coronavirus de síndrome respiratorio agudo y severo 2 (SARS-CoV-2), y concluyen abrumadoramente que se originó en la naturaleza, como lo han hecho muchos otros patógenos emergentes”, declaran en un manifiesto publicado en la revista médica “The Lancet”.

Otro equipo de reputados investigadores, entre los que figuran el epidemiólogo W. Ian Lipkin de la Universidad de Columbia, Edward Holmes de la Universidad de Sidney y Kristian Andersen de Scripps Research, también creen que hay claves genéticas que indican que el coronavirus no fue creado en un laboratorio. Según su estudio, publicado en el foro científico de internet Virological, así lo demuestran las “puntas” con que el virus se agarra a las células, que siguen una evolución natural y habrían sido diferentes si fueran producto de ingeniería genética.

Pero también matizan que “aunque la prueba de los genomas no apoya la idea de que el SARS-CoV-2 es una construcción de laboratorio, actualmente es imposible probar o refutar las otras teorías sobre su origen, y no está claro que los datos en el futuro ayuden a resolver esta cuestión”, pues falta saber la más reciente fuente animal donde mutó el virus.

El mercado de Huanan, ¿origen del coronavirus?

Hasta ahora, la sospecha más extendida es que el coronavirus ha surgido en el mercado de animales de Huanan en la ciudad de Wuhan, epicentro de la epidemia que se ha extendido a una treintena de países y lleva ya más de 80.000 contagiados y 2.700 muertos, la inmensa mayoría en China. Los expertos piensan que, debido a la abundancia de especies exóticas que allí se vendían y cocinaban en malas condiciones higiénicas, el coronavirus podría proceder de los murciélagos y habría mutado en una serpiente o en un mamífero llamado pangolín antes de contagiarse al ser humano.

Pero un estudio oficial del Jardín Botánico Tropical de Xishuangbanna, que está en la provincia meridional de Yunnan y pertenece a la Academia China de Ciencias, niega que el coronavirus proceda del mercado de Huanan. Dirigido por el doctor Yu Wenbin, así lo cree un equipo de investigadores que ha analizado 93 muestras del coronavirus enviadas desde 12 países. Tal y como publica en su portal de internet el Jardín Botánico de Xishuangbanna, el estudio sugiere que el coronavirus vino de fuera de la lonja de Huanan, donde sí se propagó rápidamente por el hacinamiento de numerosos animales en jaulas donde se mezclaban sus heces y orines. “El abarrotado mercado disparó entonces la circulación del SARS-CoV-2 y lo propagó a toda la ciudad a principios de diciembre”, asegura el estudio, según informa el SCMP.

Como la mayoría de los primeros casos diagnosticados estaban ligados a dicho mercado, tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la comunidad científica internacional han dado por buena dicha hipótesis debido al riesgo de mutación de virus que entraña tal concentración de especies animales. Además, eso es lo que ocurrió precisamente con el SARS en 2002, cuando el coronavirus procedente de unos murciélagos de la provincia de Yunnan mutó en civetas en un mercado de la provincia de Cantón (Guangdong), al sur de China y fronteriza con Hong Kong.

Por ese motivo, la lonja de Huanan fue cerrada el 1 de enero y desinfectada. Pero un estudio de investigadores chinos publicado el mes pasado en “The Lancet” ya señalaba que el primer paciente del coronavirus enfermó el 1 de diciembre y no tenía ninguna relación con ese mercado. Y no solo él, porque, de los primeros 41 casos, 13 no tenían vínculos con Huanan, lo que supone un número demasiado elevado.

“El estudio sobre si el mercado de Huanan es el único lugar de origen del SARS-CoV-2 es de gran importancia para encontrar su fuente y determinar el huésped intermedio (donde el virus muta antes de pasar al ser humano), así como para controlar la epidemia e impedir que se propague otra vez”, declaran los investigadores del Jardín Botánico de Xishuangbanna.

La cuestión es saber cómo el coronavirus, que se sospecha que procede de los murciélagos, llegó al mercado de Huanan. Agrandando el misterio, algunos de sus clientes y vecinos de Wuhan cuentan que allí no se vendía dicho animal. En un brevísimo estudio publicado a mediados de este mes en Research Gate, y luego borrado, un biólogo y un médico de Wuhan, Botao Xiao y Lei Xiao, alertan de que a solo 280 metros de dicha lonja está el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de la ciudad, que tiene murciélagos para su estudio. Y a 12 kilómetros del mercado hay otro laboratorio, también perteneciente al Instituto de Virología de Wuhan, que trabaja con los murciélagos que originaron el SARS en 2002. Recordando percances de cientíticos de dichos centros mordidos por murciélagos, que tuvieron que ponerse en cuarentena por saber los riesgos que corrían, el estudio especula con la posibilidad de que alguien infectado accidentalmente sacara la enfermedad de allí o con una fuga del animal o del propio virus.

Aunque es improbable por las medidas de seguridad que deben tener estos laboratorios, no es imposible. En 2004, el virus del SARS se “escapó” de un laboratorio en China e infectó a nueve personas, matando a una. Según informó la Prensa oficial en su momento, las autoridades reconocieron que fue un caso de negligencia y cinco altos cargos del Centro para Control y Prevención de Enfermedades de China fueron castigados.

Tras el brote en Wuhan, el régimen ha ordenado reforzar los controles sobre los laboratorios y ya prepara una nueva ley de bioseguridad. Para combatir la epidemia, ha enviado a la generala Chen Wei, que desarrolló vacunas contra el SARS en 2003 y el ebola en 2015 y pasa por ser la jefa del programa de guerra biológica de China. Presa del pánico, el mundo sigue luchando contra el coronavirus preguntándose, y especulando, de dónde ha surgido este nuevo enemigo para la raza humana.

/psg