El humorista Stefan Kramer sube al escenario de la Quinta Vergara y realiza una aplaudida rutina donde hace una verdadera apología de la llamada “primera línea”, rindiéndoles un homenaje y afirmando que, gracias a ellos, otros pueden marchar. A esas alturas, pocos sabían que una hora antes el vehículo que conducía a Kramer y su familia al lugar de su actuación fue violentamente atacado por manifestantes que se apostaban en los alrededores de la Quinta Vergara y se dedicaban a apedrear y golpear a diestra y siniestra a automóviles y transeúntes. Por suerte Kramer y su familia, que estuvieron en algún momento muy afligidos, resultaron ilesos y entonces él pudo subir al escenario para referirse, entre otras cosas, al perro matapacos en su rutina.

Kramer recibió millonarios ingresos por su actuación en el Festival de Viña. Pero no es a ese pago al que quiero referirme con el título de esta columna. Se trata de la forma cómo el país, incluido Kramer, retribuye a los miles de Carabineros que a lo largo de todo Chile intentan proteger a la ciudadanía de delincuentes, tarea habitual a la que ahora deben agregar la defensa de la integridad personal, bienes y espacios públicos que son amenazados por la violencia política que se ha enseñoreado en el país desde el 18 de octubre.

Son jornadas extenuantes, llenas de tensión, donde los Carabineros deben repeler ataques de violentistas, habitualmente jóvenes; que levantan barricadas, incendian edificios y automóviles, amedrentan a las personas impidiéndoles circular por calles y espacios públicos, sometiéndolas a vejámenes y cobrándoles “peaje” por circular.

Un grupo de estos jóvenes, la llamada primera línea, han sido idealizados por periodistas “progres” y la izquierda del barrio alto, que cultivan una imagen romántica de quienes a piedrazos y palos impiden a sus compatriotas realizar sus actividades habituales.

Pero hoy día sabemos algo más de quienes son los integrantes de la llamada primera línea. Una encuesta realizada por estudiantes de la carrera de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile los días viernes 8, 18, 22 y 29 de noviembre, en la denominada Zona Cero, caracteriza a quienes cada viernes se han tomado la Plaza Baquedano a la que han pretendido bautizar con el nombre de “plaza de la dignidad.”

Se equivocan quienes creen que estos jóvenes son todas personas de desmedrada posición social y económica que claman por su desesperada situación. La Encuesta Zona Cero, del Núcleo de Sociología Contingente que mencionábamos recién, indica una cosa muy distinta. Las comunas de procedencia de quienes se manifiestan allí son mayoritariamente, en ese orden: Santiago, Ñuñoa, Puente Alto, Maipú, La Florida y Providencia.

Un 55% de ellos ha cursado estudios superiores. Un 32% tiene educación superior completa e incluso un 10,4% estudios de posgrado.

Esta composición, que parece bastante sorprendente a primera vista, nos dice que en los episodios de violencia de los días viernes en la Plaza Baquedano los que se enfrentan son fundamentalmente jóvenes de clase media, encapuchados; contra efectivos de Carabineros de Chile, la mayoría de ellos más modestos que sus contrincantes.

Resulta por lo mismo indignante que se trate a Carabineros de la manera en que hoy muchos lo hacen. De partida están los rayados en todas las ciudades de Chile, donde concertadamente se llama directamente a matarlos. El uso de expresiones que vienen de otros países para denostarlos, demuestra también una acción planificada destinada a menoscabar la institución. Hay mucha irresponsabilidad, y también clasismo, en la forma en que se está tratando a Carabineros.

Más allá de situaciones en que se pueda haber utilizado fuerza desmedida o derechamente abuso, y que deben condenarse, la gran mayoría de los Carabineros cumple una labor encomiable que tenemos que proteger de la actitud, despreciable, de quienes intentan sacar dividendos políticos o de otra índole a costa de ellos, que arriesgan su vida por cumplir su misión de resguardar el orden público.

Por Luis Larraín (economista) para ellibero.cl

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