Pese a que el Banco Central ha lanzado una proyección de crecimiento de hasta un 2% para el 2017, no son pocos los que han planteado que se trata de una previsión, al menos, optimista. De hecho, destacados analistas económicos señalan que el rango del ente emisor es amplio y que, más que aferrase al 2% de techo, habría que ser más cautos y esperar que el crecimiento fuera más cercano de la parte baja de lo proyectado por el Banco Central (alrededor de un 1%).

Así lo explica el ex ministro de Economía y ex consejero del Banco Central: “En la actualidad lo que vale son los datos duros que estamos observando, más que las proyecciones. En base a esta información aún no vemos señales de reactivación, aunque toda la lógica económica dice que debe producirse un aumento en el ritmo de crecimiento. Lo que vemos es que el consumo está creciendo bajo un 2%. Las exportaciones están planas, lo mismo que la inversión, entonces en el corto plazo todavía no estamos viendo los factores que van a generar el esperado dinamismo que proyectan algunos analistas”.

En conversación con EL MURO, el hoy presidente de la Cámara Marítima y Portuaria de Chile analiza en detalle la compleja situación económica que enfrenta el país.

-¿Es demasiada optimista la proyección del Banco Central en cuanto a que Chile podría crecer hasta un 2% este año?

-El crecimiento de 2017 está bastante jugado. Estará en la parte baja del rango del último IPOM del Banco Central porque las cifras recientes de consumo, remuneraciones y empleo están mostrando una trayectoria muy plana en el primer semestre, más allá del efecto de la huelga en Escondida y de los incendios del verano. A estas alturas lograr un crecimiento de un 1,5% para el año en su conjunto supone que en el segundo semestre se obtiene un crecimiento cercano al 3%, lo que es un escenario muy optimista. Las proyecciones de muchos analistas y las del Banco Central tienen un margen de error muy grande, porque están basadas en relaciones estadísticas del pasado.

Por ejemplo, el crecimiento mundial era una variable relevante cuando el comercio mundial duplicaba el crecimiento del producto, pero ahora el comercio está creciendo menos que el producto, por lo que hay que revisar el efecto del crecimiento mundial sobre la actividad en el país. Los modelos de proyección han sido cuestionados porque no capturan el efecto de los cambios que están ocurriendo en la economía mundial. En la actualidad lo que vale son los datos duros que estamos observando, más que las proyecciones. En base a esta información aún no vemos señales de reactivación, aunque toda la lógica económica dice que debe producirse un aumento en el ritmo de crecimiento. Lo que vemos es que el consumo está creciendo bajo un 2%. Las exportaciones están planas, lo mismo que la inversión, entonces en el corto plazo todavía no estamos viendo los factores que van a generar el esperado dinamismo que proyectan algunos analistas.

-¿Qué tan relevante es el hecho de que las exportaciones chilenas lleven ya varios años estancadas?

-En cada sector hay factores específicos que explican la evolución reciente de las exportaciones, sin embargo se debe tener una mirada más amplia, del fenómeno en su conjunto. Las exportaciones de Chile se concentran en pocos mercados que han alcanzado una fase de madurez, por lo que tienen una baja tasa de crecimiento. Hace tiempo que no incursionamos en mercados de alto dinamismo.

La industria de la salmonicultura en los 80 fue uno de los últimos sectores que mostraron una transformación significativa en una parte de la economía interna. La vitivinicultura es otro sector que ha generado un cambio relevante, aunque su impacto es más acotado.

En este contexto, la conclusión que se debe extraer del estancamiento de las exportaciones chilenas es doble porque refleja, por una parte, los cambios en la estructura del comercio mundial, en el que países emergentes han sido más dinámicos y se han posicionado en mercados en los cuales Chile podría haber incursionado hace diez o quince años. Por la otra, deja al descubierto la dificultad para organizar el cambio estructural en Chile, que es un tema que compromete a todos los actores.

-El empleo asalariado en el país ha caído un 2%. ¿Qué lectura se puede hacer de esta tendencia?

-Hay distintas formas de ver las cifras de empleo. Creo que es extraordinariamente relevante que en este ciclo de bajo crecimiento no hayamos observado una restricción crediticia. Eso ha permitido un fácil movimiento desde trabajos dependientes a independientes.

Se debe reconocer el mérito al Banco Central, por su preocupación por la estabilidad financiera, con las advertencias de Rodrigo Vergara el 2012 y 2013 a los excesos que se observaban en el sistema financiero. Ahora estamos cosechando los beneficios de la estabilidad financiera en un mercado de trabajo que no ha tenido mayores sobresaltos. Ahora, desde el punto de vista del efecto en la demanda agregada lo relevante es la evolución de la masa salarial de los trabajadores asalariados, que son los que aportan el ingreso más estable en los hogares y permiten anticipar mejor lo que ocurrirá con el consumo privado.

En la actualidad el mercado del trabajo muestra una caída del empleo asalariado de 2% y un aumento de las remuneraciones reales de 1,4%, lo cual significa que la masa salarial, que es el ingreso disponible para el consumo de los hogares, cae en un 0,7%. Si tomamos un promedio de varios meses concluimos que el ingreso más estable de los hogares está estancado por lo que no es esperable un repunte relevante del consumo en los próximos meses, no es factible.

Escasa y nula reacción interna

-¿Lo complejo del momento económico actual tiene buena parte de su explicación por una situación externa compleja o internamente se han tomados decisiones erradas que han impedido salir del estancamiento? Y si es así, ¿cuál cree que ha sido el principal de esos errores a nivel interno?

-Después de 4 años de bajo crecimiento la explicación se debe inclinar hacia los factores internos, que incluyen la mala o nula reacción que el país ha tenido desde mediados de 2013 a los cambios del entorno internacional. La hipótesis que en lo fundamental el bajo crecimiento se debe a las reformas de la Nueva Mayoría es un acto de fe, en el sentido que no hay evidencia que la respalde. Aun reconociendo que las reformas han sido mal diseñadas e implementadas, no se puede dar el salto para llegar a afirmar que estas reformas explican la baja en la trayectoria de crecimiento del país. Es una lamentable falacia en la que cayeron los economistas ortodoxos.

Una hipótesis diferente es que el escenario mundial relevante para Chile ha cambiado de manera muy drástica y que no hemos sabido reaccionar a tiempo. Este cambio se manifiesta en tres hechos. Primero, el menor dinamismo del comercio mundial, que ha pasado desde un crecimiento promedio anual de 7,3%, entre 1987 y 2007, a uno en torno a 2% en la actualidad. Esto significa que las oportunidades para generar nuevas actividades competitivas en los mercados internacionales son menores a las que había hace 10 años y no hay señales de que esta situación tienda a cambiar.

Un segundo hecho es que hay muchos países emergentes que han seguido estrategias activas de industrialización y están logrando una posición de ventaja en los mercados internacionales de bienes. Nosotros hemos actuado con lentitud. Por ejemplo, hace quince años comenzamos a hablar de Chile como potencia alimentaria mundial, pero en los hechos ha ocurrido poco.

El tercer factor es que la tecnología que se necesita para agregar valor a las materias primas también está cambiando rápidamente y en la actualidad se requiere de tecnologías avanzadas, incluyendo la informática, la inteligencia artificial, la robótica o la nanotecnología, que son todos rubros en los que hemos perdido terreno.

Por esta razón el fin del súper ciclo de las materias primas golpeó fuerte a la trayectoria de crecimiento de Chile y planteó con crudeza el desafío de la transformación estructural, que es algo que hemos postergado por más de 30 años. La estructura de la economía actual es muy parecida a la que existía a fines de los 80. Entonces concluimos que hay un cambio en el escenario externo y al mismo tiempo una incapacidad interna de reconocer este cambio y adoptar las medidas que corresponda. Llevamos cuatro años de negación.

-¿De qué manera la carencia de certeza política o liderazgos potentes están ayudando a que las proyecciones de crecimiento sean tan bajas?

-Son un factor, en el sentido que los cambios en el escenario internacional requieren de estrategias articuladas entre los distintos actores, públicos y privados. El desgaste del ambiente institucional del país y la parálisis del sistema político nos impiden reaccionar. Si agregamos lo que sucede con los movimientos sociales más disruptivos, encontramos que estamos intentando evitar los autogoles y nos hemos olvidado que crecer requiere meter la pelota en el arco contrario. En estas condiciones el país puede quedar entrampado en una trayectoria de bajo crecimiento.

Hace unas semanas los ministros Rodrigo Valdés y Nicolás Eyzaguirre plantearon sus dudas sobre la fortaleza de la canasta exportadora luego de tres años en que las exportaciones no han crecido, lo que parece ser una pista que habría que indagar. Pero fueron criticados duramente por los economistas de derecha porque estaban planteando un tema que se salía de su marco de pensamiento según el cual la única causa posible del bajo crecimiento son las reformas de la Nueva Mayoría. Esta es una hipótesis incorrecta, pero que les acomoda a los economistas ortodoxos.

Lo relevante es que toda estrategia de crecimiento necesita de condiciones sociales e institucionales que la acompañen, sin las cuales no tiene viabilidad. En este sentido, la carencia de certeza política o de liderazgos potentes es un síntoma de las dificultades del sistema político para acompañar una estrategia de recuperación del crecimiento. Es decir, hay que reconocer la incertidumbre en la actualidad, pero hay que tener cuidado con el entusiasmo de la derecha en creer que un recambio en el gobierno bastaría para despejar el horizonte. Por el contrario, la ingenuidad de este diagnóstico aumenta la preocupación por el futuro del país.

-Usted ha dicho que lo que está en juego es la gobernabilidad. ¿Podría explicar más en detalle esa inquietud?

-El desafío de Chile es volver a organizar el cambio estructural, para lo que se requiere de sólidas condiciones sociales y de un ambiente institucional de calidad. Es indispensable un sistema político comprometido con los objetivos del desarrollo y actores sociales que promuevan los acuerdos y la colaboración. Sin estas condiciones la acción del Estado en favor del cambio estructural es enteramente inútil y hay que reconocer que en los últimos diez años las instituciones que soportan la gobernabilidad se han deteriorado.

La pregunta entonces es cómo recuperar confianza y la capacidad social e institucional para impulsar los cambios necesarios para volver a crecer. Eso requiere más gobernabilidad que entusiasmo. Hay economistas que dicen conocer las recetas que nos devolverán el crecimiento, pero me tranquilizaría más ver a los políticos preocupados en recuperar la gobernabilidad, que hoy está amenazada por la irrupción de los movimientos sociales y la parálisis del mundo político.

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