Esta sábado es 29 de febrero, es decir año bisisesto. Un fenómeno que ocurre solo cada cuatro años.

Sin años bisiestos, el año calendario perdería su sincronización con el año solar. Esto se debe a que la duración exacta de la vuelta al Sol que realiza la Tierra, fenómeno conocido como traslación, es mayor a 365 días.

Exactamente, la Tierra demora 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45 segundos en completar su viaje alrededor del Sol. Cada año, el calendario cae aproximadamente un cuarto de día detrás del año solar.

De acuerdo a lo informado por el medio Los Ángeles Times, con el tiempo, el primero de enero llegaría antes y después de 780 años el día en que se celebra el año nuevo coincidiría con el solsticio de junio, el que marca el inicio del invierno en el hemisferio sur, y del verano en el norte.

En relación a los cálculos realizados por el medio estadounidense, si nunca tuviéramos años bisiestos, hoy sería 15 de julio de 2021.

Esto, suponiendo que se comienza a contar desde la época de Julio César y Cleopatra en el año 46 antes de Cristo. Los egipcios habían descubierto que los días no encajan perfectamente en un año.

Precisamente, hay alrededor de 365,2422 días en cada año, y ese número se está reduciendo a medida que las fuerzas de marea desaceleran la órbita de la Tierra, ligeramente.

El autor del libro “Calendario: la lucha épica de la humanidad para determinar un año verdadero y exacto”, David Ewing Duncan, sostuvo que “el reloj que usamos, la Tierra, no es tan preciso como necesitamos en la sociedad moderna”.

“Los objetos naturales siempre han sido nuestro reloj, pero siempre hemos tenido que adaptarnos”, agregó sobre el origen del año bisiesto y el 29 de febrero.

El sistema de cronometraje actual se basa en el reloj atómico y está prácticamente alejado de la situación solar. En lugar de definir los segundos como una fracción del día, se usan computadoras para contar las oscilaciones del cesio atómico, donde 9,192,631,770 de ellas suman un segundo.

El supervisor que trabaja con la Red de Espacio Profundo de la NASA en el Laboratorio de Propulsión a Chorro en La Cañada Flintridge, Bob Tjoelker, explicó que “la definición de tiempo acordada es el tiempo atómico”.

“El día terrestre tiene inestabilidad. Se menea y se menea”, advirtió.

Además, agregó que los segundos bisiestos son problema para la navegación en el espacio profundo, donde un nanosegundo es el equivalente a un pie en el espacio.

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