Se acabó el Festival de Viña más difícil de los últimos años.

Creo que tenemos poco para destacar. Me quedo con la consolidación de Denise Rosenthal como una artista completa. Mon Laferte debe ser la voz más privilegiada que tenemos, y no le voy a quitar tal mérito, a pesar que estoy en desacuerdo con todo lo que ha dicho y hecho durante la crisis social. La competencia quedó otra vez al debe, a excepción del increíble Nahuel Pennisi, una figura llena de talento, que llegará lejos y que no tuvo rivales.

Soportamos a cientos de energúmenos en redes sociales, llamando “censura” a los derechos de propiedad intelectual, porque no hallaban las rutinas de humor en YouTube. Y a los paladines de la tolerancia, destrozando la trayectoria de Ana Gabriel porque no les gustó su discurso.

El sesgo se tomó todo. Y eso es muy peligroso.

“Los organizadores de Viña, hoy día, el señor ejecutivo de TVN, debe estar rezando para que no lo despidan, por que fueron cinco días de franja electoral, donde estaban apuntando a un voto clarísimo”, dijo en su intervención en el matinal de Mega.

“Diariamente fueron cinco y seis horas donde todos lo artistas evocaban al día del plebiscito y decían su opinión: ‘Yo apruebo al reforma constitucional”

Escrito por Vasco Moulian para La Cuarta

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