Y llegó marzo. El término del receso veraniego, la vuelta a clases y retomar el ritmo normal de las distintas actividades en el país marcan en forma natural el inicio de un nuevo ciclo. En esta oportunidad el retorno está siendo más difícil, por cuanto el cuadro global está plagado de puntos de interrogación. La perspectiva de una situación económica muy incierta, un calendario de manifestaciones anunciado para el mes que provoca una justificada preocupación y un temor compartido por los hechos de violencia que podrían generarse, y el desarrollo de la primera etapa del proceso constitucional que va a culminar con el plebiscito del 26 de abril, generan un escenario especialmente complejo.

Luego de los sucesos del pasado mes de octubre, que motivaron un cambio sustantivo en la agenda del Gobierno, habiéndose establecido nuevos espacios y mayor presupuesto para las demandas sociales que se instalaron, y no obstante el Acuerdo por la Paz y Nueva Constitución que suscribieron los principales grupos políticos del país, lamentablemente el orden público y la actividad económica no han logrado normalizarse como se esperaba. La evolución de la economía obviamente se ha visto influida por el cuadro de incertidumbre que abre un proceso en el que se pone en discusión la totalidad de los fundamentos en que se basa el ordenamiento económico y social del país, y las proyecciones para el año están siendo revisadas a la baja por las instituciones financieras especializadas. Lo anterior se ha visto agravado por las dificultades que ha habido para lograr una normalización del orden público, lo cual retroalimenta un cuadro de aún mayores incertezas, ante la dificultad que ello implica para que la discusión pueda tener lugar en el marco de respeto y de igualdad de condiciones que supone una institucionalidad democrática.

En un contexto de debilidad económica como el actual, en el que se anticipa una caída importante en la inversión y en la generación de nuevos puestos de trabajo, los esfuerzos para revertir la tendencia o para aminorarla deben ocupar la primera prioridad en la agenda, ya que esta es la única forma en que se podrá mejorar las condiciones de vida de los chilenos de una manera que sea sostenible. Asimismo, los recursos fiscales que demanda una agenda social más potente solo podrán obtenerse si el crecimiento económico es más vigoroso. Pero todo esto ya es algo sabido. El problema es cómo lograr que las piezas empiecen a encajar nuevamente para reactivar la tracción de la economía. La forma en que se den las cosas este mes de marzo, tanto en términos de orden público como en lo relativo al marco que va a empezar a delinearse para enmarcar la discusión constitucional que viene, van a ser determinantes para configurar el cuadro económico de los próximos años. El nuevo llamado realizado por el Presidente instando a una actitud de diálogo, sumado a la carta suscrita por un importante grupo de personalidades vinculadas a la ex Concertación en la misma línea, son un buen punto de partida. Llegó la hora de ocuparse de los temas con hechos, no con palabras. El momento para preocuparse ya pasó.

/Escrito por Hernán Cheyre para La Tercera

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