¿Le dolió o no? ¿Le molestó? ¿O estaba avisado? Hasta el momento de publicar esta nota eran algunas de las interrogantes que quedan sobre la columna en que René Cortázar Sanz (68) le cuestionó con tono fuerte una lista de errores en el manejo de la crisis, lo culpó de resistirse a asegurar el orden público, le demandó un giro en ese ítem y le subrayó que a él se le exige hacer cumplir la ley. De lo que no hay dudas es que al Presidente Sebastián Piñera (70) no le dio lo mismo el texto publicado el domingo en El Mercurio. Uno, porque cuando le preguntaron ese mismo día en Estado Nacional lo comentó tres veces. Dos, pues decidió contestarle oficialmente, como gobierno, a través de una carta firmada por su ministra vocera, Karla Rubilar, en el mismo diario, al día siguiente.

Y no le dio lo mismo porque su vida y la del ex ministro del Trabajo (1990-1994) y Transportes (2007-2010) se vienen cruzando desde que ambos usaban pantalón corto en el Colegio Verbo Divino, a lo largo de una amistad que los ha reunido varias veces y que alude además al lejano pasado del hoy mandatario en la Democracia Cristiana. Por eso, para quienes conocen esa historia no fue poca cosa que Cortázar, por mucho que titulara su escrito “Estimado Presidente”, le hiciera una lista de equivocaciones y emplazamientos con mayúscula. Recapitulemos.

Primero le advirtió que había cometido “un error de diagnóstico” cuando dijo que “he escuchado con humildad la voz de la gente”, porque “la que se escuchó el 18 de octubre no fue la voz de la gente, ni su legítimo malestar. El pueblo no fue el victimario, sino la víctima. Detrás de esos hechos se expresó la voz de grupos violentistas”.

Después le enrostró “un segundo error: la ausencia de una reacción apropiada del Estado frente a la violencia”. Le dijo que era errado decir que la noche del 12 de noviembre tuvo que optar en sacar de nuevo a los militares a la calle bajo Estado de Excepción o alcanzar acuerdos como el pacto constituyente del día 15, porque “tal disyuntiva no existe”.

Tercero, le hizo ver que “es el Presidente de la República quien puede tomar las decisiones para asegurar el orden. Pero si usted, en lo fundamental, sigue resistiéndose a hacerlo, ni el pleno Estado de Derecho, ni la convivencia pacífica, ni el progreso para todos serán posibles”. Que no era justificable la “pasividad” porque el uso de la fuerza implicaría violaciones a los derechos humanos, “un tercer error que, de aceptarse, hace improbable una salida”.

El tono subió con frases como “un gobernante no puede escudarse en su incapacidad de ejercer un control adecuado de las fuerzas de orden, para eximirse de usar una fuerza proporcional cuando surge la violencia” y que “al asumir su mandato juró, como Presidente de la República, cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes. Como ciudadanos, tenemos hoy el derecho a exigírselo”.

Una amistad “prestada” de su hermano

La última vez que se les vio a los dos en público fue el 9 de mayo del año pasado, en La Moneda. Cortázar fue invitado por el gobernante junto a la plana de investigadores de Cieplan, el histórico centro de estudios de la DC. Hubo una foto oficial en la Presidencia (criticada en su día en redes sociales porque posaba una docena de hombres y ni una sola mujer) en que el anfitrión aparecía con -entre otros- los también exministros decé de la Concertación Alejandro Foxley, Ignacio Walker, Eduardo Aninat, Genaro Arriagada y José Pablo Arellano. Uno de los investigadores del think tank no fue porque estimó prudente ausentarse: Pablo Piñera Echenique (69), el hermano menor del mandatario que ha militado en la DC toda su vida y que entonces venía sacudiéndose la polémica del fallido intento del Jefe de Estado de instalarlo como embajador en Argentina.

Es gracias al “Polo” -como le dicen al exsubsecretario de Hacienda y ex consejero del Banco Central- que los dos protagonistas de esta nota se hicieron amigos. René y Pablo fueron compañeros de curso en el Verbo Divino; Sebastián iba un nivel más arriba, junto a nombres como César Barros. Cortázar iba seguido a la casa de los Piñera Echenique (el padre, José Piñera Carvallo, fue DC), tanto, que terminó haciendo amistad también con el hoy mandatario.

En esos años el contacto se interrumpió un poco porque José Piñera Carvallo, el jefe del clan, fue destinado como embajador al extranjero. Pero los hermanos Piñera se volvieron a juntar con Cortázar en la Universidad Católica. Pablo y René volvieron a compartir sala los cinco años que estudiaron Ingeniería Comercial, carrera que también siguió Sebastián. Allí también se hicieron amigos de José Pablo Arellano, quien junto a Cortázar sería después uno de los fundadores de Cieplan.

Los que saben -y recuerdan- esta historia cuentan que todos ficharon en la Juventud Demócrata Cristiana en la universidad, y que ahí se les unió otro nombre: Pedro Pablo Díaz, uno de los viejos y fieles amigos del Presidente y que en sus dos gobiernos ha sido su embajador (no olvidar que los une de por vida el Piñeragate, la Kioto y Evelyn Matthei). José Piñera (71), el hermano mayor con el que Sebastián nunca se ha podido llevar bien, también formó parte del grupo porque también vistió un tiempo los colores de la DC (después los dejaría atrás y sería ministro del Trabajo de la dictadura).

En adelante, Sebastián Piñera y René Cortázar coincidirían varias veces en diversos planos. Los dos fueron amigos y cercanos a Renato Poblete. El sacerdote jesuita entonces era una figura influyente entre empresarios y políticos, muchos años antes de que se le acusara de violaciones y abusos sexuales que terminaron borrando su nombre y estatua del parque que el Presidente inaugurara alguna vez (hoy Parque de la Familia, en Quinta Normal). Cortázar llegó a ser director de la Fundación Padre Hurtado a mediados de la década del ’80.

Despúes, cuando Cortázar era ministro del Trabajo del exPresidente Patricio Aylwin (1990-1994), Piñera era senador RN (1990-1998) y jefe del equipo económico de esa bancada. Prefirió militar en el partido de derecha porque fue ahí donde le dieron un cupo para candidatearse al Senado y no en la Falange. Con tanta historia acumulada, ambos negociaron algunos aspectos de la reforma laboral tramitada por esa administración.

Otro capítulo que los tuvo como protagonistas ocurrió en 2009. En ese entonces, Piñera era el candidato presidencial de la Alianza por Chile, mientras Cortázar estaba a cargo del ministerio de Transportes durante el primer gobierno de Michelle Bachelet. La entonces oposición había otorgado un presupuesto de $1 al sistema de transporte santiaguino, lo que obligó al gobierno a negociar. Piñera entonces se adelantó y anunció el acuerdo entre oficialismo y oposición antes que Cortázar.

Los dos también fueron apoderados del Saint George, ya que dos de sus hijas fueron compañeras de curso. Con tantos años, sus conocidos dicen que su amistad es distinta a la que el DC tiene con Pablo Piñera. Ellos dos hacen vida social y se visitan, pero Cortázar con el Presidente no (salvo que coincidan en cumpleaños). Sí se tienen un respeto mutuo y comparten lo que los suyos describen “ser muy rápidos de cabeza”.

Otro elemento que se puede agregar a esta larga historia ocurrió para el primer gabinete del segundo gobierno de Piñera. Alejandra Pérez Lecaros fue una de las cartas sorpresa del equipo ministerial, encabezando Cultura. La periodista es, hasta el día de hoy, cercana a Cortázar, y fue asesora suya en el ministerio de Transportes y en Canal 13, donde el año 2017 lo reemplazó como presidenta del directorio.

Por todo eso la dura crítica de Cortázar sorprendió. Ese misma noche, en Estado Nacional de TVN, se referió a un tema que “critica un columnista de El Mercurio”, sin mencionarlo por su nombre, quien “o no leyó bien o no comprendió bien, cuando yo dije he escuchado la voz de la gente no me refería a los violentistas, me refería a los chilenos que pedían acelerar el tranco, avanzar más rápido, hacer una sociedad más justa, con más igualdad de oportunidades, con menos abusos, menos privilegios”.

Cuando al día siguiente el diario publicó “Hablemos con la verdad”, la respuesta firmada por la ministra Rubilar, los conocedores de esta historia afirman que es muy probable que del propio Presidente haya emanado no sólo la orden de hacerlo, sino algunas de las líneas que ahí se publicaron. Pero en La Moneda, hecha esa consulta, no lo precisaron. Tampoco si el mandatario estaba dolido, molesto o avisado.

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