Luego del rebrote de la violencia de febrero, de los bombazos y las amenazas, es evidente que marzo será un mes muy duro para Chile. Es iluso pensar que la izquierda antidemocrática dejará de usar la violencia para llegar al poder por secretaría. El viernes pasado eso que llaman “Primera Línea” quemó por segunda vez el museo de Violeta Parra y no dijeron nada pese a lo que representa esa gran artista. Tampoco podemos esperar algo de los comunicadores o arquitectos que siguen encontrando una épica en esta destrucción enferma, o que callan por complicidad y miedo a las funas.

No vale la pena desgastarse en ellos. Es mejor reflexionar sobre la forma en que saldremos adelante y el rol que cada uno debe cumplir en esta enorme tarea. Y para vincularlo con mi tema, planteo que existen básicamente dos formas de salir. Nos vamos en Transantiago o nos movemos en Metro. El primero humilló a millones igual que las empresas que se coludieron para estafar a los chilenos o venderle guetos verticales. Ellos prendieron la mecha larga del estallido, pero en la crisis se han dedicado a reclamar y exigir ayuda del Estado, sin hacerse cargo de sus fallas.

Veamos ahora el caso de Metro: fue blanco de un ataque brutal que dañó el 75% de su red, pero al día siguiente estaba pensando en las soluciones, en terreno y con la gente. No han parado de reconstruir sus estaciones pese a que los violentos las han vuelto a evadir y quemar una y otra vez. Han trabajado en condiciones de altísimo riesgo, pero no lloran por los diarios pidiendo refuerzos, y han elaborado protocolos para mitigar los ataques que recibirán desde marzo.

Esta comparación también aplica a los empresarios que todavía no asumen el liderazgo que les corresponde. No pueden actuar como el Transantiago que además de paralizarse, carece de ideas para construir el nuevo país que emerge del estallido, resolviendo deudas sociales que ellos también ayudaron a generar. Deben mirar a Metro que ajustó sus proyectos pero no los paralizó, y que junto con reconstruir lo destruido, avanza en temas nuevos que dan esperanza a la gente, como las líneas hacia Quilicura y El Bosque que renovarán entornos dañados por la violencia.

Hay varias empresas en esta tarea pero necesitamos muchas más. No sirven los que se encierran en sus oficinas exigiendo un escenario imposible para operar con normalidad. Debemos entender que esta fragilidad nos acompañará por un buen tiempo, y que en esa cancha hay que jugar para mejorar la calidad de vida de las personas que esperan y merecen un país mejor. Personalmente creo que nadie planificó el estallido, ni anticipó que Chile se desestabilizaría a este nivel. Pero ya ocurrió y ahora debemos ver cómo avanzamos. Si es en Transantiago o en modo Metro. Yo me subo al segundo.

/Escrito por Iván Poduje para La Tercera

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