“Ce n’est pas facile” (no es fácil)… Con esa afrancesada exclamación uno de nuestros habitué selló la primera conversación “marcista”… (¡de marzo, mal pensados!). Por horas, habíamos revisado lo sucedido en el verano, lo que estaba sucediendo y lo que se esperaba para estos días … Alem, (además) de lo que se presagiaba para el futuro próximo… nada parecía ser simple, en el ambiente se respiraba incertidumbre; sin embargo, sorprendía cómo la cotidianidad estaba rodeada de una aparente y frágil normalidad…

Algunos sostuvieron que, con este clima de violencia y anarquía, era imposible que se realizara el plebiscito de abril. Las razones fueron atendibles: la izquierda veía con preocupación cómo la opción por el rechazo aumentaba día a día, y; el camino que les quedaba, para evitar una derrota en las urnas, era el caos.

Otros sostuvieron que el “Plan Marzo” no había logrado los objetivos propuestos y que, dentro de todo, el país había iniciado el año con cierta normalidad (¿?), por lo que todo hacía suponer, incidentes más, incidentes menos…, que “la vida sigue igual”.

Todo tenía lógica, hasta que alguien incorporó a nuestro análisis el “coronavirus”: “el covid-19 le vino al gobierno como anillo al dedo, Mañalich estaba esperando que apareciera un contagiado y le llegaron cuatro…” Es cierto, el comentario era un tanto maquiavélico… pero el silencio de los parroquianos reconocía que la acotación “no estaba tan perdida”.

El “CoronaVirus” había rezagado a las últimas páginas: la muerte del camionero que agonizó 25 días, después de haber sido quemado por la “Resistencia Mapuche” en Victoria (IX Región), mientras dormía en su camión,… algo similar al caso del matrimonio Luchsinger Mckay; el que, de los 44 detenidos de la “Primera Línea” por los incidentes de violencia en la Plaza Baquedano, sólo uno haya quedado en prisión preventiva…; que los incidentes en el resto del país (Antofagasta, Valdivia…) no fueran tema de discusión; que los estudiantes del Instituto Nacional se hayan tomado como “algo normal” la Alameda; que se hayan cerrado 15 estaciones del Metro; que 130 cruces semaforizados estén en manos del lumpen que pide “colaboración”…

Claramente nos estamos acostumbrando a vivir en el caos.

Después de una larga conversación concluimos que, a raíz del “CoronaVirus”, lo mejor que había que hacer era “estornudar”, para que se tomara verdadera razón sobre lo que estaba sucediendo.

“Estornudar” que la muerte del camionero era un hecho de la mayor gravedad.

“Estornudar” que la ley de paridad de género es un atentado a la democracia y al voto igualitario.

“Estornudar” que quienes no creen que vivimos en un momentos de profunda incertidumbre e inestabilidad… tendrán que hacerse cargo de su insensatez.

La verdad, son tantas las cosas por las que hay que “estornudar” que cada vez preocupa más quienes viven en total estado de indiferencia existencial, porque a ellos les va a pasar lo mismo que al pavo que, entrando al horno, “aprobó” su destino… diciendo “hasta aquí vamos bien…”.

Por Cristián Labbé Galilea