Creo estar abusando de este título para una columna, pues me parece haberlo usado antes. En todo caso, soy respetuoso del derecho de propiedad y le doy los créditos correspondientes al ex presidente de la ANFP, Sergio Jadue, quien la pronunció cuando un presidente de club intentaba que cumpliera la palabra empeñada.

Los presidentes del Senado y la Cámara de Diputados convocaron esta semana a todos los partidos políticos a una reunión que tenía como objeto refrendar el Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución del 15 de noviembre y señalar la necesidad de un proceso pacífico y democrático siguiendo lo establecido en dicho acuerdo. Asistieron al encuentro representantes de los principales partidos políticos del país, excepto el Partido Comunista, el Partido Radical, Revolución Democrática, el Partido Liberal y Comunes. Lo del Partido Comunista no extraña, dado que ni siquiera estuvo dispuesto a estar en el acuerdo de noviembre. La ausencia de los demás, incluyendo al diputado Gabriel Boric, sin embargo, llama la atención pues el evento tenía un carácter simbólico, tanto que se realizó incluso en la misma sala donde se firmó el acuerdo aquella madrugada del 15 de noviembre. No concurrir, por lo tanto, a esta reunión muestra la desafección de los renuentes a asistir a la reunión con este acuerdo que recibió elogios desde todos los sectores.

“El proceso constituyente al que ellos adhieren es uno que tiene a la violencia como un ingrediente principal”.

¿Por qué parte de los firmantes se negaron a esta convocatoria realizada por sus pares de la centroizquierda? Mi hipótesis, es que el Partido Comunista, que es especialista en pautear a la izquierda, ha ido ganando terreno en su tarea de desconocer el acuerdo, en particular en aquella parte que se refiere a la paz social. Recordemos que el PC, a través de su máxima autoridad Guillemo Tellier, llamó a pocas horas del llamado estallido social a la renuncia del Presidente Piñera. Consignemos también que sus parlamentarios, Hugo Gutiérrez y Karol Cariola los más activos, lo hacen casi diariamente en las redes sociales y que lideraron una acusación constitucional dirigida a remover de su cargo al Presidente Piñera. Y convengamos, por último, que se han negado sistemáticamente a rechazar la violencia que algunos manifestantes, en particular los de la “primera línea”, ejercen sobre sus conciudadanos, privándolos del derecho a circular libremente, atentando contra su integridad física y destruyendo sus bienes y los de la comunidad. El Partido Comunista no estuvo en el acuerdo y sigue actuando en consecuencia, no podríamos pedirle que lo respete.

“A través de la fuerza, se van logrando los cambios que, en elecciones democráticas, no han podido obtener”.

Pero los demás sí firmaron el acuerdo y con sus conductas de hoy en los hechos parecen desconocerlo. No se acuerdan del acuerdo, o no quieren acordarse. Lo firmaron porque era conveniente políticamente hacerlo en la madrugada del 15 de noviembre, pero no lo respetan, quizás porque han comprendido la esencia de este “estallido social” impulsado por el Partido Comunista: obtener con la violencia y la intimidación lo que no son capaces de obtener en las urnas. El proceso constituyente al que ellos adhieren es uno que tiene a la violencia como un ingrediente principal.

El Frente Amplio y el Partido Radical se suman así a la estrategia insurreccional que ha estado presente en todo este proceso. Incluso el Frente Amplio lidera ahora una posible acusación constitucional contra el Ministro del Interior.

Antes de cumplir la mitad de su período, se ha interrumpido la conducción del país por parte del Presidente democráticamente elegido: Sebastián Piñera. A través de la fuerza, se van logrando los cambios que, en elecciones democráticas, no han podido obtener. Ese es el plan, y quienes lo idearon se están ciñendo a él.

Por Luis Larraín, economista, para ellibero.cl