Se dice que “el diablo tiene un amplio ropero… por lo que no siempre se viste de rojo”, y eso lo hemos comprobado en el último tiempo. Por más optimista que uno quiera ser, lo que nos está sucediendo como país está lejos de “la copia feliz del edén”… Nos estamos transformando en un verdadero infierno… que arde -literalmente- por todos sus costados.

Esta semana, en un marco de inusitada violencia, se ha recordado la ejemplar entrega del gobierno que, hace 30 años, hicieron los militares en 1990. Como era de esperar, la ruindad de nuestros políticos -de todos los colores- se hizo presente al no haber mención alguna al Presidente Pinochet, al cumplimiento de la palabra empeñada por los militares, ni mucho menos, a la solemnidad, formalidad y transparencia con que se realizó dicho acto republicano… ¡Simplemente bajeza!

Dejando de lado lo anterior, porque de “esos diablos variopintos” poco se puede esperar, ha quedado de manifiesto el caos, la intolerancia y la decadencia que se han instalado en nuestra realidad… ¡Simplemente alarmante!

Imposible disimular el insalvable quiebre en que está hundida nuestra política contingente. La oposición, a quien el gobierno “le ha cedido hasta su alma”, en un desaire vergonzoso, se restó de las ceremonias oficiales y organizó sus propias “misas” donde no perdió oportunidad para ningunear al Presidente. Sin embargo, en una Moneda “poseída” por la candidez, no se ahorraron elogios, pendones y videos para los ausentes… ¡Simplemente rendimiento!

Cómo no va a ser rendición que, mientras la oposición pide la inhabilitación del primer mandatario, plantea elecciones anticipadas, incumple el acuerdo de PAZ, alimenta los conceptos de desgobierno, guerra civil y de golpe de estado, y acusa al Presidente de violar sistemáticamente los derechos humanos… el gobierno responda cediendo a todo lo que se le pide. ¡Simplemente, más que rendido el gobierno está… poseído!

Imposible no hacer un paralelo entre la actuación del Presidente y el papel de Miranda Priestly (Meryl Streep) en la película “El diablo se viste a la moda”, donde ella, al igual que el mandatario, no son en sí el demonio mismo, como se podría llegar a pensar, sino que, producto de mezquinas tentaciones, terminan siendo marionetas manipuladas y poseidas por el mal; pierden la oportunidad de lograr la paz y la seguridad de los suyos por dejarse envolver con “el traje de la fama”, el reconocimiento efímero y el poder que les ofrecía, a una el mundo de la moda y, al otro, el mundo de lo políticamente correcto… ¡Simplemente satánico!

Por lo mismo, más que intentar “eliminarle el ropero al diablo” lo que deberíamos esperar del Presidente es que “exorcice políticamente” a su “poseído gobierno”, tomando decisiones que ratifiquen su voluntad de cumplir con el mandato que la ciudadanía le dio cuando votó por él, y que “mantenga firme su alma” en las convicciones sobre la libertad, el orden, la seguridad, la fraternidad y el progreso… que nos ofreció como candidato hace dos años.

¡Presidente…. Sorpréndanos

Cristián Labbé Galilea

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