Mucho se comenta e informa a través de redes sociales sobre las desigualdades en nuestro país, de cómo el modelo ha mermado la vida de los chilenos por más de 30 años, que las AFP son para prestarle dinero a los grandes empresarios, no para ahorrar para a vejez, etc. Todas estas aseveraciones tienen como común denominador que son mentiras, pues no se ajustan a la realidad de los datos.  Y mi crítica no sólo se acota a políticos radicales y populistas; también aúna a muchos comunicadores que prefieren la simplicidad y el confort del análisis emocional, en vez del complicado y tedioso análisis de la evidencia empírica (análisis real).

La “desigualdad” es el argumento más manoseado por la izquierda, como si esta condición fuera una aberración antinatura, y un supresor del desarrollo. La desigualdad tiene su origen en el bajo capital humano, algo que se resuelve mejorando la educación.  Esto es algo que Chile se ha esmerado en hacer y que, por supuesto no se cambia de un día para otro, sino que, en el mejor de los casos, en una generación. Chile aumentó la cobertura preescolar desde un 35% en 1990 a 90% a fines del 2018, a la vez que más que duplicó el gasto en educación como porcentaje del PIB (5,4%). El resultado, según lo consiga el ex ministro de la expresidenta Bachelet, es que en los últimos 25 años el ingreso medio del 70% más pobre se cuadruplicó, mientras que el del 30% más rico sólo se duplicó.

¿Cómo ha mejorado la vida de los chilenos en los últimos 30 años? En 1990 un 68.5% de la población vivía bajo la línea de la pobreza, en la actualidad es menor a 9%. En 1990 un 16.4% de los hogares eran carentes de asistencia escolar, mientras que actualmente es 2.2%. En materia de servicios básicos, en 1990 un 21.9% no tenía servicios básicos, hoy es menos de 6.6%. La clase media, que en el 2006 representaba un 43% de la población, hoy se empina por sobre el 65%. Es más, la movilidad social en Chile ha provocado que los estratos de ingresos vulnerables y pobres pasen de un 73% a menos de 34% en este período de tiempo. Es cierto, falta mucho por hacer aún, pero sostener que los chilenos han mermado en los últimos 30 años es ser ignorante o mal intencionado. Más aún cuando el punto de comparación, y anhelo de muchos, son los desastres socialistas de nuestros vecinos como Cuba, Venezuela o Argentina donde el deterioro en la calidad de vida es grosero.

En el tema de la previsión social, la ignorancia es intrépida y aberrante. Da lo mismo que los países con sistema de reparto estén reduciendo las jubilaciones porque el Estado no tiene más recursos, como Argentina o España, o que haya países donde la pensión no alcanza a más de US$15 dólares mensuales como Venezuela o Cuba; acá la izquierda radical sigue vendiendo esa pomada, y vociferan que las AFPs son para financiar a las grandes empresas. Según la información pública disponible, las empresas captan un 6% de los fondos de las AFPs a través de la compra de acciones y otro 8.5% a través de deuda; de hecho, el Estado chileno capta más del 20% de dichos fondos y es su mayor deudor. Al mismo tiempo, el retorno anual de los ahorros previsionales es cercano al 8% más UF.

Como ha quedado demostrado con análisis numérico, los eslóganes de la izquierda radical, no se ajustan a la realidad, ya sea porque muchos de sus adeptos los ignoran convenientemente, o porque son mal intencionados, y quieren llegar al poder para controlar el Estado y de ahí las elecciones, tal cual lo han hecho varios de nuestros vecinos. Alexis de Tocqueville, pensador, jurista, político e historiador francés, que fomentó la conciencia cívica de los ciudadanos para hacerles amantes de la libertad y capaces de resistirse contra cualquier despotismo, sostuvo: “Es más fácil para el mundo aceptar una simple mentira que una verdad compleja”. Muchos adeptos a los socialismos radicales lo saben y por eso imparten mentiras simples, así es que tampoco olvidemos otro dicho de este mismo pensador: “Soy profundamente demócrata, por esta razón no soy de ninguna manera socialista. La democracia y el socialismo no pueden ir juntos. No se puede tener las dos cosas.”

/Escrito por Manuel Bengolea, Economista, para El Líbero

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