En cadena nacional el Presidente anunció un plan de retorno gradual a las clases presenciales, junto con el cual aparece una serie de recomendaciones realizadas por el Consejo Asesor para que esto sea posible. El plan define que las clases se suspenden por todo el mes de abril y que a partir de mayo comenzaría un retorno gradual en aquellas zonas donde no ha habido contagios, sin definir una fecha específica para ello.

Si bien el plan a primera vista puede parecer apresurado y ha contado con diversas críticas, es positivo en diversos aspectos. En primer lugar adelanta información valiosa para las familias y comunidades, que necesitan comenzar a prepararse para una realidad en la que sus hijos irán al colegio en circunstancias muy distintas a las habituales. Luego, se define una estrategia flexible, lo que permite comprender que la decisión será de manera prudencial y caso a caso, tomando en consideración el desarrollo que ha tenido la pandemia en la zona determinada. En la misma línea, las recomendaciones hechas por el Consejo Asesor, plantean ciertos criterios y condiciones específicas para la toma de esta decisión, que atienden a que la pandemia esté controlada en ese territorio, que no haya habido casos nuevos en los últimos 14 días en la comuna o que se observe una reducción sostenida del número de casos, basados en un número de testeos que sea confiable. Además, que existan las condiciones asistenciales necesarias, como camas hospitalarias disponibles, capacidad de testeo y confirmación de casos de la zona, etc. Todo ello apunta a dar seguridad a la comunidad escolar de que en el caso de definirse el retorno a las clases presenciales en una zona determinada, el resguardo de la salud es lo primero que se toma en consideración. Decisión que debe reforzarse con la información oportuna y adecuada a las familias.

Por supuesto, esta decisión tiene una dificultad adicional: hacer efectivas las medidas médicas y de higiene que sean necesarias y que definan los expertos para evitar en mayor manera los contagios. Cuestión que, dada la realidad de los colegios, será difícil y para ello habrá que atender a las características propias del establecimiento y la comunidad escolar. Para los colegios con una matrícula mayor y con menor capacidad ociosa de sus salas de clases, adoptar medidas de distanciamiento social se vuelven casi imposibles, realidad distinta a la que tienen escuelas pequeñas donde la sala de clase no alcanza un número de 20 estudiantes y que es el caso de muchas escuelas rurales. Además es necesario considerar también las posibilidades de las familias, los traslados y una serie de otras circunstancias.

El foco de la decisión sin duda tiene que estar en el niño y resguardo de su bienestar. Sumado a la salud física, es relevante tener en consideración las consecuencias que tiene la cuarentena en los niños y sus familias en su salud mental, las probabilidades de agudizar o despertar trastornos psicológicos, la precariedad de muchos hogares para un desarrollo adecuado del niño, tanto en los aprendizajes como también desde el punto de vista socioemocional, relacional, etc.

Es clave que seamos capaces de generar planes flexibles que puedan adaptarse a las distintas realidades, y que sean efectivos. En ello los esfuerzos de todos los actores deben duplicarse, para no desatender las necesidades múltiples que se generan en estos tiempos, sin descuidar a ningún niño, ni aquellos que deberán permanecer con una educación a distancia y en cuarentena, ni aquellos que, debido a las condiciones de su zona, ya es posible darles la oportunidad de retornar a los colegios.

/Escrito para El Líbero por Magdalena Vergara, Directora Ejecutiva Acción Educar

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