Esta semana hemos visto cómo la curva de fallecidos comenzaba a aplanarse. Las muertes registradas por Covid siguen multiplicándose, pero el crecimiento del brote ha dejado de ser exponencial: está desacelerándose.

Es algo que podemos ver mejor en el gráfico de muertes acumuladas cuando usamos una escala logarítmica. El crecimiento no es una línea recta, que es lo que vemos cuando el brote está en fase exponencial, sino una curva cuya pendiente se aplana. Esa pendiente es lo que marca el ritmo de la epidemia y el objetivo es hacerla horizontal.

Evolución de las muertes

Se usa escala logarítimica, que es mejor para observar la evolución de la epidemia. La distancia entre 10 y 100 es la misma que entre 100 y 1.000…

Hay un cambio en la tendencia de la curva de España

El aplanamiento es lento, pero está ahí. La mejoría se aprecia en el incremento diario del total de muertes: el día 21 de marzo supusieron un 30% del total registradas hasta entonces, pero esa cifra ha bajado paulatinamente hasta el 17% de este sábado.

También lo podemos comprobar fijándonos en el tiempo de duplicación: los fallecimientos han pasado de duplicarse cada 2 ó 3 días la semana pasada, a hacerlo ahora cada 3 ó 4 días. El objetivo es seguir la senda de Italia, donde los fallecidos ahora necesitan una semana para doblarse. Y después apuntar al ritmo de Corea del Sur, donde las muertes se duplican solo cada 10 ó 15 días.

Evolución del tiempo de duplicación

Se trata del tiempo que transcurre hasta que se duplica el número de muertes

China

16 días

Corea

del Sur

12

Inicio

del brote

8

El tiempo de duplicación ha crecido un día

Italia

4

España

3,4

2,4

0

0 días

5

10

15

20

25

30

35

40

Tiempo desde el inicio del brote

Fuente: elaboración propia.

EL PAÍS

Es importante que la desaceleración no la veamos solo respecto los primeros días del brote, porque entonces los números podían estar moviéndose no tanto por el ritmo del virus como por nuestra capacidad de hacer tests. Una buena noticia del gráfico es que se aprecia un aplanamiento esta semana en relación a la pasada.

Pero el aplanamiento debe seguir. Las cifras anteriores son una buena noticia, pero tienen un reverso tenebroso, porque los fallecidos siguen creciendo muy deprisa. Si se consolidase un 10% o 11% de incremento diario, por ejemplo, en una semana habría 10.000 fallecidos, en dos semanas se superarían los 21.000 y en tres semanas serían casi 50.000.

El ritmo al que crecen los casos confirmados —las infecciones de Covid que se detectan con test— también se ha reducido, aunque más despacio de lo que uno esperaría: el ritmo de las infecciones debería caer antes que el de fallecidos, porque la muerte tarda varias semanas en producirse. Esto indica, seguramente, que los esfuerzos para testar personas sospechosas de tener la enfermedad han tenido altibajos, y que ahora hay más capacidad de hacer pruebas y más positivos.

La lucha por tener buenos datos

Ya conocíamos las deficiencias de los datos de casos confirmados, pero es más preocupante la información que publicó EL PAÍS el sábado, porque sugiere que también las cifras de muertes por Covid podrían tener deficiencias. En las últimas semanas, el registro de fallecidos por todas las causas sumadas, según el Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo), constata un exceso que duplica al de fallecidos de Covid oficiales. ¿Podría ser que algunas muertes causadas por la enfermedad no estén siendo registradas como tales? Es posible que la crisis haya tensado la capacidad del sistema de salud y que eso, unido al confinamiento, esté provocando muertes por otras patologías. Pero también parece lógico sospechar que el registro de fallecimientos por Covid podría tener agujeros.

Una de las enseñanzas que dejará esta crisis es una necesidad: necesitamos mejores sistemas de gestión de información. El ministerio de Sanidad y el resto de administraciones pueden multiplicar su capacidad para recoger, procesar y difundir información estadística. Como estamos comprobando, los datos no son un lujo, sino una herramienta contra una epidemia: son la base para detectar focos, medir su profundidad, seguir su ritmo y actuar deprisa. Esos sistemas serán útiles en la próxima crisis, pero también podrían serlo mucho antes. Cuando las medidas de confinamiento se relajen, tener la capacidad de actuar con precisión y rapidez será fundamental para evitar un rebrote del virus.

DATOS ACTUALIZADOS

La curva empieza a aplanarse. Pero debe seguir haciéndolo

Así evoluciona la curva del coronavirus en España y en cada autonomía.

 

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