Nelson presta servicios a una empresa de consultoría. Tiene 56 años de edad, vive en Ñuñoa y hace 31 cotiza sin lagunas ni interrupciones en el sistema de AFP. Es lo que, cuando se inició el sistema en 1980, se proyectaba como un trabajador ejemplo para el modelo, un empleado con rentas muy por sobre el sueldo mínimo y con un comportamiento intachable en el sistema, tal cual lo soñó su creador, José Piñera.

Nelson podría haber sido protagonista del famoso titular de El Mercurio que prometía a los trabajadores como él jubilarse con el 100% de su sueldo en el año 2000. Pero algo no cuadra. “Entre el 1 de febrero y el 20 de marzo perdí $27.600.000. Imposiciones ininterrumpidas, sin una sola laguna. Los fondos los reviso cada cierto tiempo, con o sin crisis. No había querido hacerlo, sospechando que había una pérdida grande, para no deprimirme. Pero lo hice el viernes y me encontré con este resultado. Solo para hacer la comparación, para la crisis subprime perdí en total entre 10 y 12 millones. Ahora, solo en un mes y medio llevo el triple”, relató.

El profesional está en el fondo A, pues dice que aún le quedan varios años para jubilarse, pero que tampoco su AFP o la autoridad le ha dicho cuándo es momento de moverse a fondos más convencionales, tomando en consideración que quería, además, recuperar lo perdido con la crisis económica del 2008.

Todas las proyecciones de su AFP, antes del efecto de la pandemia del COVID-19 en los mercados, indicaban que se jubilaría con cerca de 700 mil pesos, una tasa de reemplazo que no es cercana a su sueldo actual, pero que lo conformaba. Los años laborales que le quedan por delante y en los que probablemente extienda sus labores profesionales los dedicara a mermar la pérdida. “Opté por no volver a meterme a mi cartola para no seguir amargándome”, concluyó.

Este no es un ejemplo majadero. Los fondos de pensiones tardaron años en recuperar lo perdido en la crisis subprime, al menos en las cuentas finales de su ahorrantes. El sistema de pensiones fue creado como un mecanismo de ahorro forzoso para poder darle un envión al mercado de capitales chilenos, es decir, que las platas que reciben las AFP son invertidas por expertos que buscan que esos fondos ganen rentabilidad. ¿Cómo? Ganando plata en la compra y venta de acciones y otros instrumentos que se transan en los mercado. Entonces, qué sucede cuándo el mercado se inquieta y las ganancias caen: los ahorrantes pierden dinero de sus cuentas individuales.

Y esas pérdidas, en esta última pasada, han sido millonarias para el sistema local y para todos los fondos sin excepción. Entre el 1 y el 23 de marzo la pérdidas se registraban así:

-Fondo A, entre -19,9% y -21,3%.

-Fondo B , entre -15,9% y -16,8%.

-Fondo C, entre -11,3% y -12,3%.

-Fondo E, entre -72% y 8,0%.

-Fondo E entre -1,9 y -2,8%.

Para tener una idea de la magnitud, en 2008 el fondo A cayó 20%. El punto es que hoy la caída no tiene plazo para detenerse, mientras la economía mundial esté frenada y la crisis por la pandemia de COVID-19 siga amenazando la estabilidad de los países.

La tesis de los expertos –entre ellos el superintendente de Pensiones, Osvaldo Macías, según comentó en Radio Pauta– es que no hay que alarmarse, pues luego se recupera lo perdido, como sucedió el 2008, cuando el fondo A después rebotó y subió. Pero la respuesta no deja contentos a los cientos de miles de ahorrantes que creen que solo se trabaja para recuperar lo perdido.

Las críticas al sistema se hicieron sentir fuerte tras el estallido social del 18 de octubre, al punto que el Gobierno respondió con una modificación al proyecto de pensiones que tendrá ahora un componente solidario y uno de reparto, algo que los parlamentarios conservadores intentaron evitar incorporar a toda costa en el relato político.

El economista e investigador de la Fundación Sol, Marco Kremerman, explicó que lo primero es poner en contexto que las pérdidas del sistema se detonan con la crisis, pero que los ahorros son altamente vulnerables a cualquier vaivén del sistema.

Los fondos de las AFP ya venían sufriendo pérdidas afectadas por la guerra comercial y la del petróleo. Los fenómenos internacionales influyen directamente en Chile, no solo porque hay parte importante de los fondos de pensiones en instrumentos financieros en el extranjero, sino también porque se produce un contagio en el valor de acciones de las empresas locales. Y estas no han hecho más que caer.

Solo el retail ha perdido en la Bolsa de Valores más de 9 mil millones de dólares (hasta el 20 de marzo). Gran cantidad de AFP locales son accionistas, precisamente, de ese tipo de empresas, como por ejemplo Cencosud, Falabella, Ripley, entre otras que cotizan en la rueda local. Todos los accionistas sufren la misma pérdida, incluidas las representantes de los ahorros de todos los chilenos.

El problema, aseguró Kremerman, es que hoy no existe ningún sistema que permita que incluso, en un escenario no tan alejado de la ciencia ficción, una persona cotizante pierda hasta la mitad de lo que ha ahorrado. “No existe ningún sistema de protección. Como ejemplo, la pensión solidaria es de unos 165 mil pesos, eso no puede modificarse bajo ningún concepto. Pero eso no ocurre con el resto del sistema”, detalló.

Kremerman añadió que países, incluso con Gobiernos de derecha, se mudaron –tras las severas pérdidas de la crisis subprime– a sistemas con un mayor componente solidario y mayor seguridad para los ahorrantes, como sucedió en Hungría, Polonia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumania. “Hoy existen muy pocos mecanismos que detengan las pérdidas de los cotizantes. Entre ellos, los artículos 37, 39 y 40 del DL 3.500, que permiten frenar en algo las pérdidas, pero apuntan a que, si una AFP toma mucha distancia de otra, se puede exigir. Pero lo que está sucediendo deja en evidencia que el sistema no funciona de manera adecuada”, precisó el economista.

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