La conectividad que ha alcanzado el mundo moderno hace que episodios de pandemia como el que se vive actualmente con el contagio del Covid-19, que es capaz de propagarse en días, hace que Jorge Quiroz, uno de los directores de la Bolsa de Santiago, proyecte que “las consecuencias económicas alcanzarán magnitudes sin precedentes”, en un artículo publicado ayer en El Mercurio.

Quiroz, quien además se ha desempeñado como consultor del Banco Mundial y del BID, señala que la volatilidad y las caídas de títulos accionarios superan todos los registros conocidos. Sin embargo, en conversación con El Líbero, afirma que “en el largo plazo, no veo al mundo cambiando su patrón de globalización”.

El economista reflexiona sobre las decisiones que ha tomado el Gobierno para hacer frente al coronavirus, y advierte que se trata de “paliativos” pues “la magnitud del shock es demasiado grande”. Subraya que hay que invertir en conocimiento estadístico para hacer mayor y mejor seguimiento de los contagios y aprender más sobre el virus: “Echo de menos que no haya inversión, que no es cara, en conocimiento, de modo que en dos o tres semanas más sepamos más que lo que sabemos hoy”.

-En su columna de ayer en El Mercurio usted se refiere a la globalización. ¿Cree que esta pandemia vaya a cambiar la forma en la que hasta ahora nos relacionamos como sociedad, haciendo los cierres de fronteras más permanentes y aumentando las distancias sociales definitivamente?

-Es temprano para conjeturar cualquier efecto a largo plazo en la globalización de esta pandemia. En el corto plazo, me temo, no sería raro ver algún tipo de medida proteccionista, porque cuando uno ve que en otros países van a ayudar a sus líneas aéreas, empiezan los precedentes. En el largo plazo, no veo al mundo cambiando su patrón de globalización, si es que puedo conjeturar algo. De hecho, si uno mira la peste negra como parangón histórico, tampoco paró el comercio. Sí puede generar otros efectos, pero es muy difícil aventurarse a estas alturas.

-Señala que las consecuencias económicas alcanzarán “magnitudes sin precedentes”. ¿Coincide en que esto supera los niveles de la Gran Depresión?

-No. Creo que esto tiene elementos positivos, dentro de lo negativo. Estoy trabajando con la hipótesis de que esto va a ser, en términos biológicos y epidemiológicos, breve. En segundo lugar, es un shock externo del sistema económico. A diferencia de la crisis de 1929 o de 2008 que fueron crisis endógenas, en el propio sistema. En tercer lugar, aprendimos bastante de la crisis 2008-2009 en términos de política monetaria. Se dice hoy día que tenemos poco espacio porque las tasas son muy bajas, pero tenemos mucho más instrumental de políticas que el que teníamos antes. También ha habido un proceso de capitalización más fuerte en los bancos. Así es que no, yo me inclino por pensar que va a ser una crisis muy grande, como no le hemos vivido hace mucho tiempo. Recordemos que nunca cayó el PIB global completo en la crisis de 2008-2009 y aquí podríamos estar viendo un escenario de caída de PIB global completo, con lo cual estaríamos hablando de una de las crisis más grandes, después de la del año 29, sí podría ser. Ahora, todo va a depender de cómo evolucione la epidemia.

Prefiero apostarle a Chile, que la situación actual va a hacer repensar a mucha gente el camino y además vamos a valorar más nuestro país. Eso es lo que espero. Es una nota de esperanza más que una proyección».

-¿A qué se refiere cuando señala en su columna que la “huida es hacia el dólar”?

-Lo que pasa es que a veces ocurren correcciones en los títulos accionarios. La gente de repente ve que el mercado puede estar en una burbuja o que las acciones pueden estar muy sobrevaloradas y lo que uno observa típicamente es que caen los precios de las acciones y sube el precio de bonos, que fue lo que vimos al comienzo de esto: hubo una caída muy fuerte de acciones y una subida muy fuerte de los bonos, con una caída de los retornos. Lo que empezamos a ver en los días siguientes, fueron movimientos de varias jornadas en que caían las acciones y caían los bonos. Eso quiere decir que la gente se está yendo a otra parte. ¿A dónde se está yendo? A caja. Hubo una subida muy fuerte del dólar con respecto a las demás monedas. Uno no puede sino concluir que la gente se está yendo hacia el dólar. De hecho la FED ha tenido que salir con distintos instrumentos en línea con otros bancos centrales de otros países a tratar de frenar el alza del dólar en el mundo.

«Iría más hacia las políticas fiscales que pongan el dinero en el bolsillo a las personas»

-Usted plantea que «agotada la política monetaria toca emplear la política fiscal». ¿En qué está pensando en concreto? ¿Cuáles medidas de política fiscal deberían implementarse?

-Me parece que lo que está tratando de hacer el gobierno va en la dirección correcta. Ha sido muy oportuno y lo ha hecho rápido, aparentemente se va a despachar rápido, tiene un enfoque transitorio, y trata de hacerlo relativamente focalizado. En ese último punto tengo mis dudas. Son medidas paliativas. No creo que nos vayan a librar incluso de una recesión porque la magnitud del shock es demasiado grande. 

-En su idea de emplear la política fiscal, ¿considera el rescate del Estado a empresas? ¿Cómo debiese ser eso? ¿Estatizar empresas, como plantea ayer el ex ministro de Hacienda Andrés Velasco?

-Tengo muy, muy, serias dudas con todas esas proposiciones. He trabajado toda la vida en interacción con el mundo privado. Me ha tocado ver muchas crisis, u otras situaciones del sector financiero y, en general, lo que puedo decir es que cuando el Estado se ha metido en los mercados a ver quién se salva y quién no se salva rara vez lo hace bien y genera riesgos muy grandes. Por ejemplo, a mí me preocupan los pilotos, no las líneas aéreas. Son los pilotos chilenos los que mañana pueden quedar sin poder moverse a otras partes, porque otras líneas aéreas y otros sindicatos de otros países tienen como regla poner una cuota a los pilotos extranjeros. Si yo quiero cuidar el futuro a los pilotos chilenos, más vale que cambie mis regulaciones y les diga a las líneas aéreas que todos los viajes dentro y fuera de Chile tienen que tener una cuota de pilotos chilenos, por ejemplo. Hay formas más directas de llegar a lo que más a mí me importa, que es la gente. Todo este tema de las estatizaciones es una cosa que ocurre cuando el gobierno tiene que entrar a inyectar capitales en las empresas y yo eso no lo veo. Lo importante es recuperarnos rápidamente después. Creo que más bien pondría el énfasis en políticas rápidas de recuperación posterior, donde hay mucho que hacer en términos de revisar ciertas regulaciones, o hacer más eficiente todo lo que son los permisos. Que el Estado empiece a ayudar a los accionistas de las compañías con aumentos de capital y después discutir términos de nacionalización, en un país como Chile, creo que hay que pensarlo mil veces antes de dar ese paso. Es muy prematuro lo que se está diciendo e incluso un poquito temerario.

La economía no resiste, ni siquiera sé si resiste un mes de cuarentena total, porque después de una cuarentena total no olvidemos que la población sigue estando expuesta».

-Las cuarentenas implican caídas en la producción. ¿Efectivamente se puede garantizar así el abastecimiento?

-Lo que más echo de menos es una política que nos permita aprender más rápidamente en qué consiste este virus. Esto no ocurre solo en Chile. La tasa de contagio, por ejemplo, es algo que se estima muy pobremente porque no se han tomado muestras aleatorias representativas. Si uno tuviera test aleatorios todas las semanas para poder hacer un seguimiento estadístico representativo de la evolución de esto, a lo mejor se podría focalizar el tema de cuidados en la gente mayor de 65 y las personas que viven con mayores de 65: una cuarentena distinta. La economía no resiste, ni siquiera sé si resiste un mes de cuarentena total, porque después de una cuarentena total no olvidemos que la población sigue estando expuesta. En cambio, mientras la población pasa por el virus lo que ocurre después es que construye defensas. Tengo la sensación de que algunas de estas medidas se están tomando en otros países porque resulta políticamente muy caro que la gente vea el sistema de salud colapsado. Entonces, todo el mundo está tratando de imitar ese escenario. Echo de menos que no haya inversión, que no es cara, en conocimiento, de modo que en dos o tres semanas más sepamos más de esto que lo que sabemos hoy. 

-El economista Patricio Arrau plantea en El Líbero que debe implementarse una postergación general de las deudas para personas y pymes. Con foco en créditos hipotecarios y de consumo. ¿Está de acuerdo?

-Insisto, me parece siempre muy problemático que desde el Estado o desde el nivel superior se dicten ese tipo de medidas. Los bancos conocen a sus clientes, hay un conocimiento y un capital social ahí entre el banco y su cliente. No me cabe ninguna duda que si un banco tiene un cliente por mucho tiempo, que tiene un comportamiento regular, y que pierde eventualmente el trabajo, ese banco lo va a prorrogar, no se necesita una ley para eso, pero hay otros clientes que de antes venían con problemas. Iría más hacia las políticas fiscales que pongan el dinero en el bolsillo a las personas. Tal vez sería flexible en ese cronograma de pagos a los bancos. No diría de inmediato que no se va a cumplir porque me parece que es prematuro también. Esta es una crisis en progreso. Por lo tanto, tendría una postura más bien mixta.

Recordemos que nunca cayó el PIB global completo en la crisis de 2008-2009 y aquí podríamos estar viendo un escenario de caída de PIB global completo, con lo cual estaríamos hablando de una de las crisis más grandes, después de la del año 29, sí podría ser. Ahora, todo va a depender de cómo evolucione la epidemia».

-¿Podrá el Estado seguir avanzando en la agenda social y en las reformas que estaban pendientes?

-Yo ahí tengo también mis dudas. Mucha gente ha dicho que la agenda social va a tener que esperar en función de esto y yo veo más bien una especie de coincidencia. En algún momento hice sugerencia de un plan B que es enfocado en subsidios monetarios a las personas, más que gasto en salud, en educación. Ahora el gasto en salud es indispensable, pero tenemos demasiadas fallas en el Estado, se filtra por demasiados lados el dinero, por lo tanto, soy partidario de subsidios como un aumento más importante y rápido de las pensiones, que se aumente en $100.000 la jubilación para todos los pensionados, sin distinción alguna. No veo una contradicción para nada entre lo que está pasando y gastos como ese. Gastos como ese son propios de una política fiscal y van directo al bolsillo de las personas, que es lo que necesitamos hacer hoy día. No veo que haya una contradicción, que para enfrentar esto haya que dejar las demandas sociales a un lado. Lo que sí es súper claro es que hoy se necesita un gasto fiscal importante. Soy muy escéptico de las cosas que se hacen vía Corfo, de estos programas pyme, incluso los Fogape. El pequeño comercio no está funcionando porque le incendian en la esquina todos los días una barricada o le destrozan el escaparate, o se le pone al lado el comerciante informal y los carabineros no lo echan. Ese problema no se arregla con Fogape, ni con Corfo, ni nada. Ese problema se arregla restableciendo el orden público. 

Pondría el énfasis en políticas rápidas de recuperación posterior, donde hay mucho que hacer en términos de revisar ciertas regulaciones, o hacer más eficiente todo lo que son los permisos».

-¿Usted cree que esta pandemia podría ser una oportunidad para poner fin a la violencia que azota al país desde octubre? ¿O la «liberación» de Plaza Italia también será transitoria?

-Estamos en una coyuntura donde el futuro depende de nosotros. Uno puede ser optimista o pesimista, yo creo que las dos opciones están abiertas. A lo mejor esto genera más problemas sociales o a lo mejor es una oportunidad de cambiar como ha ido el juego. En la cuota de responsabilidad que me corresponde prefiero ser optimista. Prefiero apostarle a Chile, que la situación actual va a hacer repensar a mucha gente el camino y además vamos a valorar más nuestro país. Eso es lo que espero. Es una nota de esperanza más que una proyección.

-¿Cuál es el lado positivo que debiésemos observar, a nivel más general, o histórico, respecto de esta crisis?

-Lo que quise decir en el artículo es que la historia y las dinámicas sociales son no lineales. Son complejas y no binarias, y así la misma causa puede tener efectos positivos o negativos. La peste negra en Europa Occidental tuvo un efecto positivo, pero en Europa Oriental a largo plazo fue negativa. Entonces, la misma crisis puede ser positiva o puede ser negativa. Por ejemplo, en Chile todavía quedan segmentos que no se han incorporado totalmente a la modernidad, al teletrabajo, a una serie de cosas. Ha habido oposiciones al teletrabajo, a medidas laborales más flexibles, que permitan el trabajo a distancia. A lo mejor esas restricciones que se decía que tenían que haber se va a empezar a entender que no tenían sentido, que podemos funcionar de una manera más flexible y tengo la esperanza de que eso también ocurra con la educación.

/Entrevista de Emily Avendaño para El Líbero

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