Hace casi 5 años, el Congreso aprobó la reforma al sistema electoral que cambió radicalmente la conformación de la Cámara de Diputados y el Senado, aumentando el número total de parlamentarios en casi 50 cupos. ¿De qué ha servido? ¿Cuál es el aporte de un Congreso más representativo, como defendían los promotores de esta reforma?

Poco y nada. La verdad es que la reforma electoral a estas alturas se ha traducido en puros problemas para nuestro sistema político y pocos beneficios. En la Cámara de Diputados abundan los diputados del 1%, que con tan bajísima representación, son los más histriónicos y usan todo tipo de maniobras para llamar la atención. Además, los compromisos políticos escasean y la atomización de la representación parlamentaria se traduce en votaciones más divididas y una ralentización de la labor legislativa. Finalmente, la aparición de nuevos diputados ha implicado una multiplicación de iniciativas legislativas inútiles, que solo llenan el tiempo de los congresistas y demoran las soluciones para la gente.

Pero lo peor de todo no es eso. Sin duda lo más gravoso para Chile es el enorme gasto financiero que significa este aumento exponencial del Congreso. Más de 1.000 millones de pesos mensuales en remuneraciones, sin considerar asignaciones, personal de apoyo, infraestructura, etc. 1.000 millones de pesos todos los meses que dejan de estar disponibles para la función pública, y se asignan prioritariamente a la política.

En medio de una de las peores crisis sanitaria y económicas de que ha vivido Chile en su historia, el Gobierno se enfrenta a una de las decisiones más difíciles de cualquier administración: dónde priorizar y cómo distribuir los recursos cada vez más escasos. Por cierto, el foco principal tiene que ser la salud y anticiparnos al crecimiento exponencial de casos críticos de Coronavirus en el país. Pero también, es importante abordar la amenaza silenciosa de la crisis económica y los efectos que tiene en el desempleo y el bienestar de los chilenos.

Pasados 5 años, desde la aprobación de la ley,  y más de dos años de funcionamiento del “nuevo” Congreso, es más que sensato y de sentido común afirmar que este nuevo sistema  electoral es un error y que no cumplió con los objetivos diseñados inicialmente. Además, entender que necesitamos un nuevo Congreso para enfrentar las complejidades que el país enfrentará hacia el futuro y que el nivel de división y vocación farandulera de algunos, no es algo que necesitemos en esta época.

El Presidente en una entrevista afirmó que un Parlamentario cuesta lo mismo que habilitar el Espacio Riesco para enfrentar la emergencia sanitaria. Coincidentemente con ese diagnóstico, los 1.000 millones mensuales que nos podríamos ahorrar en parlamentarios mes a mes nos permitirían afrontar de mejor manera la emergencia sanitaria en los meses que vienen, y después, abordar la enorme crisis económica que vendrá después de estos meses de paralización parcial o total de nuestra fuerza productiva.

No más demoras: que esta semana, con la misma agilidad con la que el Congreso aprobó un nuevo plebiscito para Chile, que se apruebe la rebaja a la dieta parlamentaria y la disminución de estos diputados y senadores que poco y nada han aportado al desarrollo de Chile.

/Escrito por José Antonio Kast para El Líbero