Acusaciones de “intereses electorales” ocultos, intenciones de “perpetuarse en el poder” y emplazamientos para que toda la Cámara Alta no repostule en las próximas elecciones. Ese fue el tenor del tenso y crispado debate que enfrentó a los defensores y detractores del proyecto que establece un límite a la reelección de parlamentarios y otras autoridades.

La iniciativa, que se encuentra en su segundo trámite y cuya moción más antigua fue ingresada hace catorce años, restringe la repostulación de los parlamentarios, permitiendo solo una en el caso de los senadores y dos en el de los diputados, consejeros regionales, alcaldes y concejales. Y, pese a las recriminaciones cruzadas que marcaron su tramitación, la normativa fue aprobada por 35 votos a favor, siete en contra y una abstención. Los rechazos fueron emitidos por los UDI Jacqueline van Rysselberghe, Juan Antonio Coloma, Alejandro García Huidobro y José Miguel Durana; el DC Jorge Pizarro; el PPD Jorge Soria; y el socialista Juan Pablo Letelier. Mientras que el único en abstenerse fue José Miguel Insulza (PS).

Sin embargo -y como ya se había anticipado- la disposición que se terminó convirtiendo en el principal nudo de la discusión y que hacía que la norma tuviese un efecto retroactivo, es decir, aplicando a los parlamentarios que actualmente están en ejercicio, no logró el quórum de 3/5 que requería para su ratificación y terminó siendo desestimada por 22 votos a favor, 7 en contra y 12 abstenciones. Solo dos senadores no marcaron su postura: Álvaro Elizalde (PS), quien no votó, y Alejandro Navarro (PRO), quien fue el único en inhabilitarse.

De haberse aprobado, la retroactividad habría tenido un efecto político y electoral inmediato, evitando la repostulación de seis senadores para los próximos comicios parlamentarios: Pizarro, Letelier, Navarro, Carlos Bianchi (Independiente), Guido Girardi (PPD), Juan Pablo Letelier (PS) y Andrés Allamand (RN). Mientras que para el periodo 2024-2032, habrían quedado impedidos de reelegirse otros siete miembros de la Cámara Alta: Coloma, Francisco Chahuán (RN), Jaime Quintana (PPD), Ricardo Lagos Weber (PPD), Isabel Allende (PS), Víctor Pérez (UDI) y José García Ruminot (RN). El mismo efecto habría tenido la norma en el caso de 38 diputados.

Fue así que, incluso antes de que los senadores entraran al fondo del debate, se enfrascaron en una larga discusión reglamentaria sobre la intención de algunos de los incumbentes de inhabilitarse en la votación sobre la retroactividad.

El debate se desató luego de que el senador independiente, Pedro Araya, solicitara a la mesa que se pronunciara respecto de la materia, lo que provocó que parlamentarios del oficialismo y de oposición salieran a acusar que inhabilitarse no era “pertinente” en una iniciativa que requería de quórum. “Inhabilitarse es rechazar”, sostuvo el senador Felipe Harboe (PPD), quien luego afirmó en Twitter: “los que quieran perpetuarse deberán votar en contra y no escudarse en inhabilidad que no existe”. Mientras que el senador Coloma señaló que “en todas las normas de carácter general uno tiene que votar” y agregó, a modo de ejemplo, que de lo contrario no habrían podido aprobar la ley que reduce la dieta parlamentaria.

Por su parte, Juan Pablo Letelier (PS), quien ya había adelantado que podría no participar de la votación, defendió el punto y aseguró que se trataba de una “decisión estrictamente personal”. “Podrá haber alguien que no lo comparta, pero no es una decisión del colectivo”, sostuvo el socialista, quien además aludió indirectamente al emplazamiento que realizó a inicios de mayo el diputado del Frente Amplio Gabriel Boric, quien conminó a los legisladores afectados por la retroactividad a inhabilitarse.

Acusaciones cruzadas

“Me parece grave que se intenten vestir intereses que son pequeños de una dimensión valórica que no es”. Con esas palabras el senador Girardi apuntó a quienes impulsaron la retroactividad, entre ellos, su rival político en el PPD, el senador Harboe. El legislador por la Región Metropolitana fundamentó así su decisión de aprobar el proyecto en sus disposiciones generales, pero abstenerse respecto de la disposición que lo afectaba directamente para la próxima senatorial. “Tengo la conciencia tranquila”, afirmó tras anunciar que para despejar cualquier duda y para su “tranquilidad espiritual y ética” no repostularía al cargo en los comicios de 2021.

Poco antes de su intervención, el senador Navarro había dicho públicamente en la sala algo que varios habían deslizado en privado: “Todos sabemos que la obsesión del senador Harboe es sacar a Girardi por sus líos internos”, sostuvo.

A su turno, el senador Harboe reiteró su defensa a la iniciativa, asegurando que era una señal necesaria tras el estallido social de octubre. Sobre las acusaciones de intereses personales, el legislador se limitó a señalar que “este proyecto nos ha enemistado con algunos, o al menos nos ha tensionado, pero aquí no se puede legislar a la carta”.

Y luego agregó: “Es raro es decir estoy de acuerdo con esto para el futuro, pero no para mí”.

Otra de las pugnas que había tensionado la tramitación de la iniciativa, también quedó en evidencia ayer en la sala de la Cámara Alta. El senador por Magallanes, Carlos Bianchi, reiteró -sin apuntar expresamente a la senadora por la misma zona, Carolina Goic (DC), como lo había hecho en otras oportunidades- que quienes impulsaban la retroactividad buscaban un “traje a la medida” para “sacar a un lado” a sus contendores. “Afortunadamente la gente se ha dado cuenta que aquí hay vendettas y pasadas de factura”, afirmó.

La exabanderada presidencial de la DC, en tanto, evitó entrar en la polémica. “Hoy nuestra votación habla de si estamos dispuestos a salir a la burbuja y si estamos dispuestos a romperla”, dijo.

Por su parte, otros senadores que habrían visto frustradas nuevas aspiraciones por un escaño en la Cámara Alta como Pizarro o Letelier defendieron sus votos en contra de la iniciativa.

“Este tema ojalá se pueda debatir en su justo mérito y no producto de las presiones de la opinión pública o lo que es más delicado, que es lo que ha estado en el ambiente en el propio Senado, de los intereses de unos u otros”, sostuvo Pizarro, subrayando que, a su juicio, “es de la esencia de la democracia que sean los ciudadanos quienes puedan elegir a sus representantes”.

En un tono más duro, subrayaría luego que no aceptaría “chantajes” y emplazaría a “aquellos que quieran dar señales” a “que no vaya ninguno a la reelección”.

A su vez, el senador Letelier, aseguró que “si tuviera la convicción de que el límite a la reelección garantiza la renovación de la política, yo aprobaría con entusiasmo esta iniciativa, pero tengo la convicción de que eso es una falsedad absoluta”.

Sobre el fondo del proyecto, la discusión también se dividió. Figuras como Insulza y Quintana, además de oficialistas como Van Rysselberghe, Durana o Coloma argumentaron -más allá de sus votaciones- que no eran partidarios de establecer límites a la “voluntad popular”. Asimismo, varios parlamentarios advirtieron que en la experiencia comparada “esta no es la regla general” y destacaron que en países como México esta política “fracasó”. Los promotores del proyecto, en tanto, aseguraron que aprobarlo era una “señal necesaria” para la ciudadanía.

Pasada la medianoche y tras rechazar dos disposiciones de la Cámara Baja que establecían ámbitos de aplicación similares, el proyecto fue despachado a su tercer trámite. Los diputados ya anunciaron que rechazarán lo aprobado por el Senado para forzar que el tema sea zanjado en una comisión mixta.

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