Había voces que proyectaban caídas de la actividad de 3% a 4% para este año. Un escenario a todas luces muy negativo. Sin embargo, una mirada menos pesimista, dentro del sombrío panorama mundial, fue el que entregó el Banco Central en su primer Informe de Política Monetaria (IPoM) que presentó ante la comisión de Hacienda del Senado vía streaming.

De acuerdo a su publicación, el PIB del país caería entre 1,5% y 2,5% en 2020. De esta manera, el comportamiento de la actividad este año podría ser el de peor registro desde la crisis de los años ‘80 (en 2009, en la crisis subprime, la baja fue de 1,6%). En cuanto a las principales variables, el ente rector prevé una caída de 8,2% para la inversión y de 1,9% para el consumo. Así la demanda interna se contraerá 5,8%.

En su análisis, el Central concentra su foco de la crisis desde la segunda quincena de marzo, el cual afectará el crecimiento del primer trimestre y por cierto, el segundo cuarto. “Es el punto de partida de la contracción que tendrá en el segundo trimestre del año”, menciona el BC. “Sabemos que esta crisis es por un período acotado, podemos tener dudas si durará hasta abril, mayo o junio, pero sabemos que no es como otras crisis financieras en que la actividad decae por varios trimestres o años antes de recuperarse”, señaló Mario Marcel, presidente del Banco Central, enviando un mensaje de moderado optimismo.

El Central afirma que el escenario base supone que a partir de tercer trimestre de este año se irá reduciendo lo estricto de las medidas sanitarias y se dará comienzo al proceso de recuperación de la economía. Si bien acota que esto no evitará una contracción en términos anuales para dicho período, “sí será el punto de partida para un rebote relevante de las tasas de crecimiento en el último trimestre del 2020 y todo el 2021”.

De hecho, para el próximo año, el ente rector espera un rebote fuerte en materia de crecimiento: entre 3,75% y 4,75% para el PIB. La inversión, en tanto, crecerá 5,1% y el consumo 4,7%, mientras que la demanda interna mostrará un avance de 5,3%. Esta visión es coherente con lo que se espera para el resto del mundo el próximo año, período en que EE.UU. volvería a crecer sobre 3% y China lo hará en 7%, dando paso a un crecimiento mundial y de los socios comerciales cercano a 4%. Hacia el 2022, tanto Chile como el resto del mundo, volverían a mostrar tasas de expansión coherentes con sus crecimientos de mediano plazo, es decir, entre 3% y 4%.

El Ipom menciona que “la recuperación prevista descansa en la premisa de que la mayoría de las empresas y personas serán capaces de retomar sus actividades a medida que se controla la expansión del virus, lo que depende de que las necesidades de financiamiento de estos agentes puedan ser satisfechas. Esto explica la enérgica respuesta de parte de las autoridades fiscales y monetarias en el mundo y en Chile, la que ha tenido un foco en la protección del empleo y el acceso al crédito para las empresas más afectadas”.

A nivel local, el BC puntualiza que “esta proyección también es contingente a que los grandes proyectos de inversión retomen su normal desarrollo y que el encauzamiento institucional de la crisis social reduzca la incertidumbre y evite nuevos episodios de violencia. Además, el escenario considera el impulso adicional implícito en los anuncios realizados por el Ministerio de Hacienda durante marzo”. En otras palabras, lo clave para Marcel, es mantener funcionando el sistema financiero, que empresas no quiebren y los trabajadores mantengan su vínculo laboral.

Marcel explicó las razones detrás de esta aceleración para el próximo año. “Cuando una economía tiene una brecha de actividad como la que tenemos hoy, que se aproxima al 10%, puede crecer mucho más rápido que su crecimiento tendencial durante un buen tiempo mientras se está cerrando esa brecha, y eso es lo que creemos que puede ir ocurriendo en la segunda mitad de este año”.

Empleo

En el informe, el ente rector puso una luz de alerta en el empleo y el ingreso de las familias. “La magnitud en que se vea mermado el empleo e ingresos de los trabajadores, en particular quienes no tienen contrato formal o trabajan por cuenta propia, determinará la magnitud del impacto en el consumo y el desempeño de la economía”, sostiene. Y Marcel profundizó en la conferencia de prensa. “En la medida que las políticas que maneja el gobierno unidos a la solidaridad de las empresas hacia sus trabajadores, permita que podamos sobrellevar este período que sabemos será limitado, y eso nos debería ayudar a comprometer recursos públicos, a hacer un esfuerzo en el caso de los empleadores, y a las familias reconocer que existe una luz al final del túnel, de un túnel que no es demasiado largo”.

De acuerdo al Central, las proyecciones contenidas en el escenario base se elaboraron en un entorno de incertidumbre aún mayor que en el Ipom de diciembre. “Particularmente relevante es la dificultad de estimar cómo evolucionará la pandemia en Chile y el mundo, y cómo deberán ajustarse las medidas de control sanitario para evitar la pérdida de vidas humanas. Lo inédito de estos elementos, hace que los rangos de proyección para el crecimiento tengan un contenido informativo menor al habitual”, puntualiza.

A nivel externo, el BC afirma que la expansión del Covid-19, las medidas para su contención, y la incertidumbre acerca de sus alcances económicos y duración han traído una serie de efectos reales y financieros, que han impactado de manera significativa a la economía global. Ello lleva a proyectar en el escenario base una recesión mundial durante el 2020 con una baja de 0,2%.

Con todo, el Consejo considera que el balance de riesgos para la actividad está sesgado a la baja en el corto plazo y equilibrado en el mediano plazo.

Los tres canales de contagio para la economía chilena

El instituto emisor describió lo que a su juicio son los canales de contagio por los cuales Chile se verá afectado producto de la crisis global del coronavirus. En primer lugar, en lo que respecta a los efectos desde el exterior, provocará una caída significativa de los flujos de comercio. A ello se suma el efecto negativo en los ingresos producto de la caída en el precio de las materias primas. Especialmente relevante es el descenso del precio del cobre. Para este año se proyecta que su precio promedio se ubicará en torno a US$2,15. Este efecto negativo será en parte compensado por la caída del precio del petróleo. Este último factor provocará una mejora del ingreso disponible -por su efecto en los precios de la gasolina- y acotará el deterioro de los términos de intercambio, que caerá cerca de 1%.Un segundo canal de transmisión se relaciona con el deterioro de las condiciones financieras y un tercer canal es el deterioro de las expectativas empresariales y de consumidores.

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