Lo que los astrónomos pensaban que era un planeta más allá de nuestro sistema solar ha desaparecido de la vista… porque probablemente nunca existió. Descubierto por el telescopio espacial Hubble de la NASA en la órbita de la estrella Fomalhaut, a 25 años luz de distancia de la Tierra, y anunciado en su día como uno de los primeros mundos detectados con imágenes directas, resulta que no es más que la nube de escombros en expansión de dos cuerpos helados que chocaron entre sí, según un nuevo estudio publicado en la revista «PNAS».

La ilustración representa la colisión de dos cuerpos helados y polvorientos que orbitan la estrella Fomalhaut, a 25 años luz de distancia

El presunto exoplaneta, llamado Fomalhaut b, fue dado a conocer en 2008. Varios años de observaciones del Hubble lo mostraba como un punto en movimiento claramente visible. Hasta entonces, la evidencia de esos mundos lejanos se había inferido principalmente a través de métodos de detección indirecta, como los descensos de luz provocados por los planetas que pasan frente a sus estrellas (lo que se conoce como método de tránsito).

Sin embargo, a diferencia de otros exoplanetas con imágenes directas, surgieron algunos problemas que hacían dudar de la fiabilidad de Fomalhaut b. El objeto era brillante en luz visible, muy inusual para un mundo extrasolar, que simplemente es demasiado pequeño para reflejar suficiente luz de su estrella anfitriona para ser visto desde la Tierra. Al mismo tiempo, no tenía ninguna firma de calor infrarrojo detectable, de nuevo, muy raro, ya que un planeta debería ser lo suficientemente cálido como para brillar en el infrarrojo, especialmente uno joven como Fomalhaut b.

Secuelas de un choque

Como si se tratara de detectives, dos astrónomos de la Universidad de Arizona, Andreas Gaspar y George Rieke, se propusieron averiguar qué pasaba en realidad con Fomalhaut b. Con este objetivo en mente, analizaron todos los datos de archivo disponibles del Hubble sobre el mismo. Pero la imagen que salió de todo ello distaba mucho de lo que debería ser un planeta. Para rematar, el repaso de las observaciones tomadas por el telescopio en 2014 mostraban, para incredulidad de los científicos, que el objeto había desaparecido. «Claramente, Fomalhaut b estaba haciendo cosas que un planeta de buena fe no debería estar haciendo», afirma Gaspar.

Lo que en realidad vio el Hubble, según concluyeron, fue la nube en expansión de partículas de polvo muy finas de dos cuerpos helados que se estrellaron entre sí. El telescopio llegó demasiado tarde para presenciar la supuesta colisión, pero pudo haber capturado sus secuelas. «Estas colisiones son extremadamente raras», señala el investigador. «Creemos que estábamos en el lugar correcto en el momento adecuado para haber presenciado un evento tan poco probable», añade.

Mayor que la órbita terrestre

La interpretación es que Fomalhaut b se está expandiendo lentamente desde el choque que lanzó una nube de polvo al espacio. La colisión ocurrió no mucho antes de las primeras observaciones tomadas en 2004. En este momento, la nube de escombros, que consiste en partículas de polvo de aproximadamente 1 micrón de tamaño (1/50 del diámetro de un cabello humano) estaba por debajo del límite de detección de Hubble. Se estima que la nube de polvo ya se ha expandido a un tamaño mayor que la órbita de la Tierra alrededor del sol.

Debido a que Fomalhaut b está actualmente dentro de un vasto anillo de escombros helados que rodea la estrella Fomalhaut, los cuerpos en colisión probablemente sean una mezcla de hielo y polvo, como los cometas que existen en el cinturón de Kuiper en la periferia de nuestro sistema solar. Gaspar y Rieke estiman que cada uno de estos cuerpos parecidos a cometas mide aproximadamente 200 km de ancho, aproximadamente la mitad del tamaño del asteroide Vesta.

Vía de escape

El equipo informa también de que el objeto parece estar más en una vía de escape que en una órbita elíptica, como se esperaría para un planeta. «Una nube de polvo masiva creada recientemente, que experimenta fuerzas considerables de radiación de la estrella central Fomalhaut, se colocaría en esa trayectoria», argumenta Gaspar. «Nuestro modelo es naturalmente capaz de explicar todos los parámetros independientes observables del sistema: su tasa de expansión, su desvanecimiento y su trayectoria».

Los autores dicen que su modelo explica todas las características observadas de Fomalhaut b. Según sus cálculos, el sistema puede experimentar uno de estos eventos solo cada 200.000 años.

Gaspar y Rieke observarán el sistema Fomalhaut con el próximo telescopio espacial James Webb de la NASA en su primer año de operaciones científicas. Quizás haya allí auténticos planetas a la espera de ser descubiertos.

/psg