En el Mundial Sub 20, la selección de Japón logró reponerse ante Italia y el empate clasificó a ambos a los octavos de final. La Azzurra ganaba 2-0, pero el elenco nipón logró igualar el encuentro 2-2 y ambos consiguieron el boleto a la siguiente fase detrás de Uruguay en el Grupo D. Lo llamativo, fue la actitud de los dos equipos al cierre del partido.

En el duelo disputado en Cheonan, Italia arrancó en ventaja con goles de Riccardo Orsolini y Guiseppe Panico. Los japoneses pusieron el empate con dos anotaciones de Ritsu Doan.

Cuando el partido quedó igualado, el planteo de ambos comenzó a ser más conservador, con pocas llegadas al área. Pero en los minutos finales, la actitud de ambas selecciones fue alevosa: Italia movía el balón en el borde de su área, mientras que Japón no presionaba. La pelota circulaba entre los defensores y el arquero italiano, mientras que sus rivales observaban sin ejercer ningún tipo de oposición.

Minutos más tarde, ya ingresando en tiempo de descuento, Doan se tiró al suelo como si se hubiera sufrido un calambre y obligó el ingreso de los médicos. Como el resultado clasificaba a ambas selecciones a la siguiente instancia, la actitud de absoluta pasividad resulta más que sospechosa.

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La actitud en el cierre recordó al escandaloso Alemania-Austria del Mundial de España 1982, donde los germanos se pusieron en ventaja rápidamente y tras el 1-0, resultado que clasificaba a ambos, se jugaron 80 minutos con jugadas sin peligro.

El público, en su mayoría español, se dio cuenta y empezó a abuchear a los jugadores, que fueron perseguidos hasta su hotel y les lanzaron huevos. Argelia protestó en aquella ocasión ante la FIFA, pero lo único que cambió fue que todos los partidos de la última jornada de un grupo se empezaron a disputar a la misma hora, regla que sigue vigente en la actualidad.

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