Desempleo, desigualdad y pobreza. Una cosa lleva a la otra. Esa es la correlación que ningún gobierno quisiera sobrellevar, pero la fuerte contracción que tendrá la economía este año de hasta el 4,5% según el FMI, no hace otra cosa que prever un deterioro de todas esas variables sociales. De hecho, hace unas semanas, el propio Presidente Sebastián Piñera ya anticipaba que el desempleo afectará a más de un millón de personas. Pero los cálculos al interior del Ejecutivo superan esa cifra. Y el fantasma de la pobreza vuelve a aparecer.

El cambio se explica por el fuerte salto en el número de contagiados por coronavirus que pasó de estar en la vecindad de las 500 personas a superar los mil casos diarios. Esto, a su vez , frenó la idea de la apertura de los centros comerciales y del retorno seguro. A ello se suma que desde el viernes pasado, 25 comunas de la Región Metropolitana están con algún tipo de cuarentena, lo que equivale a más de 4 millones y medio de personas. Su permanencia en este régimen no será breve y por ende, los efectos en la economía se avizoran más profundos.

Bajo este nuevo contexto, y considerando los desempleados que contabiliza el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y los trabajadores que se acojan a la ley de Protección al Empleo, el gobierno espera que en algún momento del año, entre ambos, se acerquen al 1,7 millones de personas, aunque el peor escenario podría estar en los 2 millones.

En términos formales, el INE precisó que los trabajadores que se acogen a la Ley de Protección al Empleo seguirán siendo ocupados, por tanto, su clasificación en la encuesta no cambiará, solo pasarán de la categoría de “ocupados trabajando” a la categoría de “ocupados ausentes del trabajo”, ya que se encontrarán con una ausencia temporal de su puesto laboral, manteniendo un ingreso y un vínculo laboral con su empleador”.

Hoy los desempleados en el trimestre enero-marzo llegan a 800 mil personas, mientras que el último registro de la Ley de Protección del Empleo muestra que 394.527 se han acogido. En suma, casi 1,2 millones de personas están hoy sin trabajar.

El escenario de los economistas que siguen de cerca el mercado laboral es que el total de personas sin trabajo fluctúe entre 1.400.000 a 1.750.000 en algún momento del año. Si se cumple este máximo, un 18% del total de la fuerza laboral estará en esa condición. En la crisis del 82, cuando la economía se contrajo 11%, el desempleo se disparó hacia el 20%. En 1983 la tasa se redujo al 14,6%, pero costó años, recuperarse.

En la actualidad, la permanencia de esta compleja situación dependerá de qué tan duradera sea la crisis y la dinámica que tenga la recuperación del país. Esto, porque no es del todo claro que sea en forma de V como algunos organismos internacionales y analistas locales lo han señalado. Hoy, aseguran, hay un riesgo de que la reactivación sea pausada y gradual en el tiempo.

Un factor clave para determinar la velocidad de salida de la economía será qué tan dañada quede la actividad. Un indicador de aquello es el número de empresas que deberán acogerse a la quiebra.

“El momento de mayor desempleo podría ser el trimestre junio-agosto, donde la desocupación podría llegar al 11,2% con un total de 1,1 millones de desocupados. Simultáneamente, podría haber cerca de 650 mil personas acogidas a la Ley de Protección del Empleo, equivalentes a un 6,6% de la fuerza de trabajo. Esta última cifra debe ser revaluada a la luz de la nueva regulación de la Ley de protección de Empleo, ya que es posible que se reduzca su utilización y una parte creciente de esos trabajadores terminen, lamentablemente, siendo finiquitados”, afirma el economista de Libertad y Desarrollo (LyD), Tomás Flores.

Por su parte, David Bravo, director del Centro de Encuestas y Estudios Longitudinales de la Universidad Católica, comenta que “es posible pensar que estemos actualmente en el 10% y que, efectivamente, esta tasa no ha sido mayor gracias a la Ley de Protección del Empleo. Se ha informado por la Superintendencia de Pensiones que las solicitudes aprobadas fueron de un 4% de la fuerza de trabajo, así que la suma de ambas debiera ser del orden del 14%”.

El economista y exdecano de la Facultad de Economía y Negocios del la Universidad de Chile, Joseph Ramos, puntualiza que más allá de si las personas que están bajo esa ley están cesantes, “a todas luces esta recesión será mayor a la de 2009”. En esa oportunidad, la desocupación se empinó cerca del 10%, y ahora se espera superar esos registros.

Si bien las principales medidas que ha presentado el gobierno se focalizan en proteger el empleo y los ingresos de las personas, la merma en la calidad de vida de los chilenos se hará sentir con fuerza, afectando a los sectores medios y bajos. Esto se traducirá inevitablemente en un aumento de la pobreza, sobre todo multidimensional y en un estancamiento en la reducción de la desigualdad.

De acuerdo a la última Casen 2017, la pobreza por ingreso se redujo al 8,6% lo que equivale a 1,5 millones de personas, mientras que la pobreza multidimensional se situó en el 20,7% del total de la población, lo que equivale a 3.530.889. Si luego del estallido social de octubre del año pasado, la senda de reducción de la pobreza ya estaba en entredicho, ahora con el impacto del coronavirus la situación es prácticamente un hecho.

El estudio El rol del crecimiento económico y la reducción de la pobreza, del Instituto Libertad y Desarrollo, señala la relación entre ambas variables. De acuerdo a ese documento, un 1% de crecimiento adicional producirá una variación porcentual de 3,56 en la reducción de la pobreza. En este caso, como la actividad se contraerá, el efecto es inverso. Si el PIB (Producto Interno Bruto) cayera un 3%, la pobreza subiría de 8,6% a 9,5%.

Para Bravo, “todo indica que esta crisis aumentará la pobreza y acentuará las brechas en nuestra sociedad. El desempleo afecta de manera más fuerte a los más vulnerables”. Explica que en la encuesta Casen de 2017 cuando la tasa de desempleo general era del 7,8%, en el 10% más pobre ésta ascendía al 29%. “Esta crisis sanitaria golpea más fuerte a quienes tienen un peor estado de salud y este fenómeno también es mucho más prevalente en el grupo de menores ingresos”, acota. En relación con la pobreza multidimensional, el economista subraya que “tampoco me cabe duda que seremos más pobres si se consideraran adecuadamente las dimensiones relevantes. Sin embargo, es posible que nuestro indicador multidimensional se vea afectado solo en la dimensión de trabajo y seguridad social, pero adecuadamente medido, debería también deteriorarse en el ámbito de la salud. Creo que aumentará más la pobreza por ingresos y mucho menos la multidimensional con los indicadores que actualmente se consideran en el país”.

Andrea Repetto, académica de la Universidad Adolfo Ibáñez, afirma que “existe mucha incertidumbre respecto de cuánto tiempo va a durar la etapa de contención de contagios. Ello depende centralmente de las medidas económicas y si ellas de verdad facilitan que las personas se queden en sus hogares. Por ahora, con recursos limitados, que se van retirando en el tiempo y que no alcanzan a todos, no es claro que ello se esté cumpliendo. Eso sugiere que sí, puede que observemos aumentos relevantes en el desempleo y en la fracción de trabajadores que se emplean por cuenta propia”. Esta mayor vulnerabilidad – afirma- se verá reflejada en una mayor pobreza por ingresos y también en la medición multidimensional “en los aspectos de empleo y seguridad social, pero también posiblemente en redes y entorno”.

Ramos sostiene que “lo más probable es que haya un impacto en la pobreza, pero también dependerá de qué tan permanente sea la crisis, puede ser transitoria, pero a mi juicio no veo una recuperación tan rápida. Puede haber segundas vueltas”.

¿Y la desigualdad?

Si bien la desigualdad es alta (Chile es de los 15 países más desiguales), ya que en 2017 el primer quintil recibió un 2% del total de los ingresos monetarios (que incluye los ingresos del trabajo y las transferencias del Estado), versus el décimo quintil que obtuvo un 34,1%, es decir, recibe 17 veces más ingresos que el primer quintil; la evolución ha sido favorable y su mejor período en términos de reducción de la desigualdad ha coincidido con años de buen crecimiento económico.

Entre el 2000 y 2015, el índice de Gini -donde 0 es igualdad perfecta, y 1 desigualdad perfecta- pasó de 0,549 a 0,482. En dichos años, el PIB mostró una expansión promedio de 4,2%. En 2017, en tanto, el índice subió a 0,488 puntos coincidiendo con un período de menor crecimiento: 1,3%. Ahora, debido a la contracción de la actividad, se espera que esta medición se estanque o bien vuelva a retroceder.

“En la medida en que los trabajadores más protegidos sean los de más alta capacitación e ingresos, que pueden trabajar a distancia y que no han perdido su empleo e ingresos, también veremos aumentos en los índices de desigualdad”, puntualiza Repetto.

Para Bravo, “en un mundo de enclaustramiento, teletrabajo y clases dentro del hogar, debe recordarse que, tal como muestra la investigación para Chile y otros países, la desigualdad se genera y cimienta en los primeros 5 años de vida, al interior de los hogares en que cada niño o niña nació. A esa edad, antes de entrar a la escuela, la desigualdad en habilidades ya es similar a la observada posteriormente en cuarto básico en el Simce. ¿Qué es esperable que ocurra con esta crisis? El estrés sobre las familias es significativo y, lamentablemente, nuestros niños y niñas son las víctimas silenciosas, especialmente en los hogares con menores recursos. Este es el mecanismo por el cual una crisis puede acentuar las brechas no solo en el presente, sino que también hacia adelante”.

Medidas del gobierno: el paliativo clave

Los economistas coinciden en que lo clave para mitigar el impacto de la crisis en la pobreza y desigualdad es la rapidez con que el gobierno actúe con su paquete de medidas, principalmente, para los sectores informales del mercado laboral que es la población más cercana a verse afectada por la pobreza. Hasta ahora, los proyectos siguen entrampados en la discusión legislativa y para algunos expertos, lo anunciado es insuficiente. “En algunas dimensiones, necesitamos medidas económicas más audaces que las actuales para detener los contagios”, enfatiza Repetto.

Para ella, había mejores diseños para el Ingreso Familiar de Emergencia que permitirían llevar más recursos por unos meses a más hogares. “Ello es una inversión para que la crisis de contagios sea más corta”, argumenta. Acota que “tampoco hay medidas que aseguren que las familias en cuarentena reciban alimentos por el periodo en que se les pide estar encerradas, además de otros bienes imprescindibles como los medicamentos. Creo que las medidas se han ido quedando cortas y que no están llegando con la agilidad necesaria”.

Bravo, en tanto, argumenta que tal como el objetivo de las medidas sanitarias ha sido tratar de aplanar la curva de contagios, en el caso de las medidas económicas su implementación oportuna y significativa es crucial para “aplanar la curva del desempleo, la pobreza y los efectos negativos de la recesión inducida por la pandemia, tanto actual como futura”.

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