En 12 años 11.507 personas que debían ser atendidas vía el Plan de Acceso AUGE murieron antes de que ello se concretara. El año pasado 22.459 personas fallecieron mientras esperaban la atención de un médico. Las autoridades dicen que no se puede establecer una causalidad entre los decesos y la dilación del Estado; sin embargo, las cifras dibujan un escenario de resignación donde no hay justicia. “La gente está muriendo, el trato que se da es indigno y las personas creen que se lo merecen porque no están pagando”, dice un vecino de Maipú.

“Yo sé que lo que tengo no es culpa de nadie porque yo nací así, con un soplo al corazón. Estuve 15 años en tratamiento y me dieron de alta como desahucio prácticamente. El doctor Kaplan era mi médico tratante. Después empecé a hacer mi vida normal hasta hace tres años atrás. Ahí me dio el primer infarto, pero no me quejo, fui muy bien atendido en la Posta Central. Después me dieron dos infartos más. Todos los médicos generales me inscribieron en urgencia para que me viera un cardiólogo en el Hospital El Carmen, pero hay un desfase de 427 días, según me dijeron extraoficialmente porque nunca he recibido una explicación formal. Con informes particulares llegaron a la conclusión de que estoy desahuciado porque tengo el ventrículo izquierdo obstruido. Sigo a la espera de una hora, pero honestamente no tengo muchas expectativas porque sé que el sistema humano es así. Mi corazón se va a ir apagando de a poquito a corto plazo”.

José Luis Salinas es constructor por oficio. Tiene 54 años y vive en Maipú. En septiembre de 2014 sufrió un infarto. Desde entonces está en lista de espera para que lo atienda un cardiólogo en el Hospital El Carmen de Maipú. Es solo una hora médica; sin embargo, jamás ha tenido acceso a que se concrete. Después de ese primer infarto, sufrió dos más. Aún así, no ha sido considerado. Su testimonio es un ejemplo de una cifra inmanente del sistema público de salud en el país.

Las estadísticas que registra la Subsecretaría de Redes Asistenciales es que solo en el año 2016 teniendo en cuenta la lista no GES (es decir, cuyas enfermedades no tenían garantía estatal), 22.459 personas murieron mientras esperaban la atención de un médico. En ese mismo período, 2.358 personas fallecieron esperando por alguna intervención quirúrgica.

De acuerdo a cifras de Fonasa, en cuanto al régimen de Garantías Explícitas de Salud, desde su implementación hace 12 años hasta febrero de 2017, han muerto 11.507 personas que “se encontraban con su garantía de oportunidad retrasada”.

Tras los números

En julio de 2005 comenzó a operar el Plan AUGE. Según estableció la ley número 19.966, había enfermedades de alto impacto para el bolsillo que se sumarían a una lista que iría creciendo cada año –comenzó con 56- y que contarían con protección estatal. No solo tendrían cobertura financiera, sino que también existiría oportunidad en la atención: habría un plazo máximo para el otorgamiento de este tipo de prestaciones, que en general golpeaban en lo económico a los chilenos más vulnerables.

El senador Alejandro Navarro consiguió las abultadas cifras de listas de espera mediante Ley de Transparencia y cuando las tuvo en sus manos, presentó una querella “contra todos quienes resulten responsables, sea esta la ministra de Salud, la directora de Fonasa o el presidente del Colegio Médico”. Según Navarro las medidas han sido insuficientes y al menos en las muertes GES el Estado ha tenido una responsabilidad, aunque la ministra de Salud, Carmen Castillo se apuró en aclarar: “Nos preocupa que un senador plantee a través de una denuncia esta acción, que para nosotros es muy importante y que ojalá lo viera conversado con nosotros”.

La subsecretaria de Redes Asistenciales, Gisela Alarcón, dijo que no es posible forzar una relación de causalidad entre estar en una lista de espera y la que las personas murieran esperando. No significa que fallecieran producto de la enfermedad que padecían”, dijo.

Sin embargo, tampoco existe un cruce de datos para establecer si eso pudo ser así en algunos de los casos.

-Lo que pasa es que los pobres naturalizaron que la salud es un regalo, no un derecho –comenta Carlos Carvajal, quien trabaja el tema en la zona poniente de Santiago.

Carlos es miembro de un comité de salud de Maipú donde hacen trabajo territorial junto a otros vecinos hace un año. Juntos participan en el movimiento “Salud para Todos”, un grupo que se está gestando desde los usuarios, trabajadores y estudiantes hace dos años. La idea es generar las mismas características de la coordinadora No más AFP, pero en torno a las demandas de salud.

Matías Goyenechea, de la Fundación Creando Salud, cree que el problema es complejo porque los números reflejan una falencia para enfrentar los problemas de la población. “Lo central es que exista una mejor forma de priorizar la atención, así como se dota a la red de pública de mayor capacidad”, dice.

La paciencia 

Ingrid González (49) tiene Lupus, artritis y fibromialgia. Se atiende en el Hospital San José hace 5 años; sin embargo, sigue en lista de espera porque necesita hacerse una resonancia magnética, ecografía y consulta dermatológica.

“Por una hora para los exámenes ya llevo esperando 8 meses. Para que me atienda un dermatólogo, 6 meses”, cuenta Ingrid.

La diputada Karol Cariola, presidenta de la comisión de Salud de la Cámara, señala que cuando “se muere una persona por no tener una atención oportuna en salud es porque estamos fracasando y aquí claramente se ha expresado un fracaso del estado chileno en esta materia. La salud requiere un cambio estructural”.

Cariola comenta que si bien es cierto este gobierno bajó de “un 47% a un 18% las personas que esperan por más de dos años del total de lista de espera”, esta se sigue reproduciendo y sigue aumentando. “En Chile estamos en deuda con la salud pública”.

Cuando Carlos Carvajal mira lo que pasa en su comuna o en todo el país, cree que la situación de la salud pública es mas compleja que una simple falencia:

-Si hay una lista de espera es porque también hay falta de especialistas. Hay problemas con las urgencias. La gente espera a veces hasta 8 ó 14 horas. Lo peor es que lo encuentra normal. Hay una salud para ricos y otra para pobres y nadie puede decir lo contrario. Es aberrante. La gente está muriendo, el trato que se da es indigno y las personas creen que se lo merecen porque no están pagando.

Por Alejandra Carmona López

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