El avance del coronavirus ha sacudido a los gobernantes rusos. También en la hermética república rusa de Chechenia.

A principios de marzo su líder, Ramzan Kadirov, decía no estar preocupado por la pandemia y aconsejaba a la población que bebiera agua con limón y miel para fortalecer su sistema inmunológico. También recomendaba comer ajo para “purificar la sangre”.

Tras el alza de los contagios en el Cáucaso, Kadirov ha cambiado su enfoque: el hechicero ha dejado paso al castigador, el rol en el que se siente más a gusto. Y la política es simple: quien vulnera la cuarentena en Chechenia se expone a que lo reduzcan a palos.

La respuesta de Kadyrov a la pandemia de coronavirus fortalece su reputación como un hombre intolerante con el disenso o la crítica, con nuevas acusaciones de utilizar la intimidación policial y la censura de prensa.

“Una vez que entendió la gravedad del virus, decidió combatirlo con la fuerza excesiva característica, como siempre, empleando medidas duras y la intimidación”, dijo Ekaterina Sokirianskaia, directora del Centro de Análisis y Prevención de Conflictos y una observadora de Chechenia desde hace mucho tiempo.

“Esto es algo que él sabe hacer”, dijo refiriéndose a Kadyrov. “Esto es algo que le gusta hacer”, agregó.

Kadyrov surgió como el número uno indiscutible de Chechenia tras el asesinato de su padre, Akhmad, en un ataque con bomba en 2004 en la capital chechena, Grozny.

El gobierno ruso atribuye a este hombre de 43 años la capacidad de traer estabilidad a la región después de una insurgencia islamista que siguió a dos guerras, pero los grupos de derechos humanos dicen que esto ha sido a expensas de todo tipo de abusos, incluidos asesinatos extrajudiciales y secuestros.

– Asumir “la carga” –

Cuando la pandemia azotó a Rusia, circularon videos en las redes sociales que mostraban a la policía chechena patrullando las calles e imponiendo un toque de queda con bastones.

De inmediato sonaron advertencias en las mezquitas de la república, de mayoría musulmana, sobre castigos por romper la cuarentena y no usar equipo de protección en lugares públicos.

La república ha registrado 347 casos de coronavirus y seis muertes, pero los observadores temen que la cifra sea más alta. Rusia en su conjunto ahora tiene más de 60.000 casos y más de 550 muertes.

Algunas de las respuestas de Kadyrov a la crisis reflejaron su estilo habitual e impredecible. Cuando los chechenos se quejaron de que los peluqueros estaban cerrados, apareció sin cabello y dijo con una gran sonrisa: “¡Todos nuestros salones de belleza están cerrados, así que, como lo hicieron nuestros antepasados, decidí afeitarme la cabeza!”

Pero había una amenaza junto con la bravuconería. Kadyrov ha dicho que las personas que rompen la cuarentena deberían ser “asesinadas”, y comparó a los chechenos que no mantienen el aislamiento e infectan a otros con “terroristas” que deberían ser enterrados en pozos.

En un artículo del 12 de abril titulado “Morir de coronavirus es un mal menor”, Milashina informó que los chechenos están luchando contra el virus en sus hogares, en lugar de buscar el apoyo de hospitales mal equipados, por temor a represalias punitivas por parte de las fuerzas del orden público.

Las autoridades “piensan que la principal amenaza son los críticos, no el virus. Pueden detener la información, pero no pueden detener el problema”, dijo a AFP en una entrevista en video desde su casa en Moscú.

Un día después de la publicación del artículo, Kadyrov ridiculizó su periódico, la Novaya Gazeta, como “marionetas de Occidente” e instó al Kremlin a “detener a los inhumanos que escriben y provocan a nuestra gente”.

“Si quieres que cometamos un delito y nos convirtamos en delincuentes, solo dilo. Uno (de nosotros) asumirá esta carga, esta responsabilidad, y será castigado de acuerdo con la ley … No hagas de nosotros bandidos y asesinos”, señaló.

Cuando se le preguntó sobre los comentarios de Kadyrov, el portavoz del presidente Vladimir Putin, Dmitry Peskov, dijo que la respuesta del líder checheno fue “nada fuera de lo común”.

– Retórica emocional –

Peskov descartó la frase como una retórica “emocional”, diciendo que era comprensible dada la pandemia sin precedentes.

En un golpe final, el fiscal general ordenó la remoción del artículo y dictaminó que el “poco confiable” reporte representaba una amenaza para la salud pública.

La tibia respuesta del Kremlin a la amenaza provocó la condena en el país y en el extranjero.

Más de 100 figuras dentro de la sociedad civil en Rusia pidieron protección estatal para Milashina y que se iniciara una investigación, en un llamado del que se hicieron eco diplomáticos europeos, los principales grupos de derechos internacionales y los monitores de la libertad de prensa.

“El Kremlin está utilizando la crisis de COVID-19 como una excusa para eximir de responsabilidades a Kadyrov sobre una evidente amenaza de muerte”, dijo Tanya Lokshina, directora asociada de Human Rights Watch para Europa y Asia Central. “Esto es cínico y miope”, añadió.

Sin embargo, Milashina no tiene esperanzas para una investigación.

Después de que ella y un abogado defensor de derechos humanos fueran agredidos en un hotel en Grozny, en febrero de este año, una investigación policial sobre el incidente se detuvo sin que se hayan realizado arrestos, y luego de la pérdida de las imágenes de cámaras de seguridad.

“Entre Kadyrov y yo, Moscú elegirá a Kadyrov”, dijo.

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