“El ministro se refería a que muchas de las proyecciones de las últimas semanas y meses han estado muy equivocadas. Ahora, ¿que el gobierno hace autocrítica? Por supuesto que sí, si llevamos mucho tiempo viviendo tiempos extraordinariamente difíciles, exigentes”, respondió el Presidente cuando en su visita de hoy a una residencia sanitaria le preguntaron por la frase del jefe del Minsal que quedó dando inquietantes vueltas desde ayer. “Todos los ejercicios epidemiológicos, las fórmulas de proyección con las que yo mismo me seduje en enero, de proyectar, qué se yo, se han derrumbado como castillo de naipes”, fueron las palabras que Jaime Mañalich dijo durante una visita al Hospital Clínico de la Universidad Católica.

Ese era precisamente el impacto de los dichos del titular de Salud que en La Moneda intentaban evitar en las últimas horas: que sus pesimistas declaraciones se leyeran como un mea culpa con gusto a admitir que -ante el crudo escenario de hoy- la estrategia sanitaria se había basado sobre cálculos, modelaciones erradas. Y que (además de decir que la realidad supera cualquier modelo) dejara la vara más alta al sincerar “con franqueza, que navegamos en una suerte de oscuridad en que cada día vale: cuántos pacientes nuevos hay, fallecidos, hospitalizados, el número de ventiladores…”

Las dos frases han sido profusamente comentadas e interpretadas por sectores críticos suyos como un reconocimiento de que parte de la estrategia seguida por el Minsal falló, como lo ha dicho el Colegio Médico, y de mantenerse esa línea el gobierno aparecía dándoles la razón. “Espero que este sea un símbolo de poder evaluar lo que estamos haciendo bien y mal y poder abrir a escuchar las recomendaciones del comité asesor, del Colegio Médico, de la sociedad científica y tomarlas dentro de los planes del Gobierno”, dijo Izkia Siches ayer en Radio ADN.

Incluso el doctor Enrique Paris, miembro de la mesa Social Covid-19, comentaba a última hora de ayer a La Tercera PM que lo leía como “un signo de humildad, casi como que se está cambiando y diciendo bueno, la verdad es que me equivoqué, probablemente no leí bien las señales que se nos venían y por lo tanto pido disculpas. Pero me imagino que también está tratando de responder a quienes han dicho que no se les creyó”.

Y el antecesor de Mañalich, Emilio Santelices, lo interpretó como “un sinceramiento de una situación que nos debe llamar a redoblar los esfuerzos y generosidad para colaborar en soluciones que nos permitan minimizar el daño”.

Paris fue también uno de los entendidos a los que les alarmó el tono sombrío: “Me produce preocupación porque es un virus nuevo, que uno no conocía, es una epidemiología que estamos aprendiendo. Pero llegar a decir que navegamos en la oscuridad, encuentro que infunde poca esperanza y coloca a los funcionarios de la salud ante una disyuntiva poco optimista”. Eso, aunque él crea que “no veo el futuro tan negro”.

Como en esta batalla -echando mano a la lexicología bélica al uso en el gobierno- las palabras o sílabas de más o de menos pesan, hoy el ministro viró en noventa grados y se alejó de la idea de que se había dejado seducir por los números.

“Lo que quiero decir es que nosotros, cuando analizamos este tema al principio de la pandemia, y así lo hemos seguido trabajando con nuestro Departamento de Epidemiología y con el comité de expertos… Esta pregunta se la hizo el Presidente al comité de expertos, y ellos señalaron que con la diversidad de modelos que se estaba usando tenían datos implícitos de una inexactitud demasiado grande como para poder predecir qué es lo que iba ocurrir”, dijo Mañalich hoy en la conferencia en que se dan a conocer el conteo de contagiados y fallecidos por causa del virus.

Detrás de esto hay una explicación, precisaron personeros de La Moneda conocedores de la interna. Al sopesar sus dichos, al ministro se le pidió expresamente que los explicara hoy para evitar que se propagara la idea de admitir una derrota. Además -agregan asesores- el Departamento de Epidemiología no hace proyecciones, sino que las hacen los científicos, matemáticos y modeladores que trabajan en la Mesa de Datos. De hecho, más de una vez se han considerado esas proyecciones para tomar medidas, como las cuarentenas selectivas, dinámicas, estratégicas o parciales.

En el mismo ánimo de salir rápido de ese rincón fue que Mañalich puso hoy el acento en que hay estudios que dan estimaciones aproximadas y con margen amplio de techos y pisos, como el impactante informe del Instituto para la Métrica y Evaluación de la Salud (IHME) de la Universidad de Washington, que proyectaba unos 11.970 muertos por Covid-19 a comienzos de agosto en el país (pero con rangos de 4.050 a 31.118). “¿Cómo se hace para planificar?”, graficó el ministro, quien fustigó el amplio abanico numérico que proyectaba el estudio. Piñera reforzó la misma idea al insistir en que “los estudios han sido poco precisos y muchos se han apartado de la verdad” y que “hay muy pocas proyecciones que han acertado”.

Por lo mismo, con la enmienda hecha hoy el gobierno -explican en Palacio- se prefiere poner el énfasis en que no hay que aferrarse fervientemente a las modelaciones ni atarse a ellas como Ulises al mástil de su nave. Que aunque hay que considerarlas y no ignorarlas, tienen márgenes de error. Como afirman epidemiólogos como Ximena Aguilera (del Consejo Asesor COVID-19), “son simplificaciones de la realidad”, que chocan con que “la realidad es otra” y que “han sido menos útiles en el caso chileno”.

“Para lo que más sirven los modelamientos es para analizar alternativas de intervenciones, ver qué efectos tienen distintas opciones para la toma de decisiones, más que hacer proyecciones” de casos, dice la doctora, que aclara que no busca interpretar qué dice o no el ministro.

O como el doctor y también epidemiólogo Manuel Najera de la UDD, quien también advierte que los modelos “apuntan a modelar el resultado de una intervención” a aplicar, pero que no son la llave para saber cuántos casos habrá en tal o cual fecha, y que están sujetos a modificaciones porque en el camino siempre van apareciendo variables nuevas en un virus recién llegado y apenas auscultado como éste, las que luego hay que agregar a las modelaciones. En general, los entendidos advierten que por eso dichos cálculos tienen una vida útil máxima de unas dos semanas.

Con eso, sumado a la ruda realidad que tiene a Chile en el umbral de los 80 mil casos contagiados, en el gobierno han optado por instalar la idea de que hay que vivir al día, únicamente con los datos que se van consiguiendo sobre la marcha, con los informes que se obtienen cada 24 horas sobre contagiados, exámenes practicados y los ítemes ya conocidos a estas alturas. Que -agregan- como no se pueden hacer proyecciones o fiarse mucho de ellas, tampoco se puede estar pronosticando o advirtiendo cuándo efectivamente podría llegar el peak.

Por eso mismo, también, había quedado pendiente la necesidad de despejar las implicancias de “navegar en la oscuridad”: que no significa que el gobierno esté a a ciegas, sino que el horizonte es corto. Eso le pidieron al ministro que lo explicara bien. “Todos esos supuestos, en la medida que ha ido transcurriendo el tiempo entran a ser dudosos, porque la realidad es muchos más poderosa que cualquier simulacro. Y por eso insistimos que tenemos que navegar con una brújula con datos reales, con las proyecciones de corto plazo que podemos hacer”, dijo Mañalich hoy.

Pero el jefe del Minsal sí parece haber dado en el blanco ayer en otro punto: en que dada la conducta de la ciudadanía, tal vez sea mejor apelar al temor o al miedo de la población.

“Puede ser una estrategia, no lo había pensado. Él no dice las cosas sin darle una vuelta”, reflexiona Paris, sin dejar de reiterar que “ese pensamiento puede causar miedo a la población que no ha asumido bien la realidad, pero puede causar desazón en sus huestes, en el aparato de salud”. Pero Aguilera, entrevistada en Radio Universo, cuestiona que “estas figuras literarias no me gustan, porque en el fondo dan una sensación de temor a la población y no ayudan a conducir la respuesta”, y que “hay un camino claro para reducir el contagio. Y ese camino claro tiene que ver con el aislamiento de los casos, y el seguimiento de los contagios y su cuarentena. Prefiero esos mensajes, que van hacia las conductas, hacia ayudar a superar esta situación”.

¿Fue un asunto pensado o no por Mañalich? En el gobierno hay quienes dicen que sí. En la entrevista para Icare que le hizo el escritor Cristián Warnken, el ministro dijo en un pasaje autocrítico ante el aumento de contagios que “tal vez nos calmamos, fuimos menos obsesivos, dejamos de asustar a la gente. Le dijimos no se preocupe, en fin, la primavera ya llegó’ y en ese contexto creo que la vigilancia sobre Santiago se relajó un poco y ahora tenemos las consecuencias de eso”. Y en el balance de hoy mandó otro mensaje -aseguran en Palacio- cuando destacó que el 12% de los hospitalizados tienen menos de 40 años, sector bien porfiado, insisten, para acatar las medidas.

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