De un día para otro, María Vásquez (69) se volvió famosa en San Antonio, ciudad en la que vive hace casi cinco décadas. En enero supo que después de integrar durante dos años el comité de vivienda Puesta de Sol, con el fin de postular a un departamento en el sector El Faro de esa comuna, ella no era parte de la lista de beneficiarios por un “error en el sistema” del que nadie le había avisado. Su caso fue ampliamente difundido en el puerto e, incluso, apareció en la portada del diario local. También llegó a un noticiero después que la mujer llevara su caso a la Corte Suprema, la que falló a su favor y ordenó que el Serviu le buscara una solución habitacional.

La situación ya quedó atrás, pero ella dice que afectó su salud mental. “Uno se deprime por la injusticia. Yo digo que me sacrificaron por ser mayor, por estar en una etapa en que tienes que quedarte con lo que tienes. Eso deprime al final a los viejos, porque somos muy maltratados en todo orden de cosas”, cuenta. Aún se acuerda de su vida antes del fallo de la Corte Suprema: “Estaba con un estrés salvaje que me llevaba a no comer y a dormir todo el día. Mi hija mayor me llevó al Totoral, donde ella vive, y ahí lloré un mes entero. Lloraba porque nada me resulta en la vida”.

Esta clase de alteraciones en la salud mental de la tercera edad fue analizada por un estudio liderado por Esteban Calvo, director del Centro de Investigación en Sociedad y Salud (CISS) de la Universidad Mayor y profesor de Epidemiología de la Universidad de Columbia. El reporte profundiza en las desigualdades en la depresión que presentan los adultos mayores a nivel mundial. “Hay encuestas en todos los países. Nosotros las agarramos y las armonizamos; las hicimos comparables”, dice el sociólogo, quien explica que en Chile se usó la Encuesta de Protección Social que nació en la Comisión Marcel.

“Yo digo que me sacrificaron por ser mayor, por estar en una etapa en que tienes que quedarte con lo que tienes. Eso deprime al final a los viejos, porque somos muy maltratados en todo orden de cosas”, cuenta María Vásquez.

 

“En el estudio buscamos mostrar dónde están las más grandes inequidades en la depresión en este grupo”, cuenta Calvo, sobre el trabajo que fue publicado en la prestigiosa revista Lancet Psychiatry. El informe consideró a más de 100 mil personas mayores de 55 años en Chile y otros 17 países: Alemania, Austria, Bélgica, China, Corea del Sur, Dinamarca, España, Estados Unidos, Francia, Grecia, Holanda, Inglaterra, Israel, Italia, Japón, Suecia y Suiza.

Otro aspecto llamativo de esta investigación mundial es que sitúa a Chile como el país con mayor prevalencia absoluta de depresión en este grupo (63%), duplicando el promedio de las naciones medidas. Calvo explica que aunque otros estudios sugieren que esa cifra es menor, él no duda del liderazgo mundial de nuestro país en la materia. “Me atrevería a decir que en este grupo etario, en Chile la depresión es más alta que en otros países”, agrega el académico de la Universidad de Columbia.

Un país desigual

Delia Robles (87) vive en una pieza en Peñalolén. Hasta hace cinco años lo hacía en la casa principal del terreno, que ahora ocupa su hija, pero tras una serie de conflictos con ella terminó en esa habitación aislada al fondo, donde en un único espacio cocina, duerme y va al baño. Cuenta que enviudó y tuvo una serie de enfermedades, pero lo que la llevó a caer en una fuerte depresión fue el conflicto por la casa. “Estuve muy mal, perdí la noción del tiempo, de la realidad, porque cuando a uno le falta algo, o tiene necesidades sin cubrir, se deprime”, cuenta la señora Delia.

“Me atrevería a decir que en este grupo etario, en Chile la depresión es más alta que en otros países”, dice Esteban Calvo, académico de la Universidad de Columbia y la U. Mayor.

 

Aunque señala que ya aprendió a disfrutar del espacio que dispone, piensa que la depresión es una aflicción común a su edad. “En Chile los adultos mayores están más deprimidos y yo soy testigo de todo eso; la razón de esas cosas es la soledad. Es muy triste, totalmente triste, para uno que ya tiene sus años, que ha criado, que ha dejado toda su vida para mantener a sus hijos y así le pagan. Veo a mis compañeros que sufren. Yo ya no sufro tanto, pero sé que ellos sufren harto”, dice Delia, y agrega que “se sienten deprimidos porque están solos, además lo poco y nada de la pensión que uno recibe, que apenas alcanza para el día, sumado con la tristeza de que sus hijos no los vayan a ver”.

Casos como este hacen que cuando se le pregunta qué deprime a las personas mayores hoy en Chile, Roberto Sunkel -siquiatra, jefe de la unidad de psicogeriatría del Instituto Nacional de Geriatría y académico del departamento de salud mental de la Universidad de Chile- dé una respuesta larga que resume en que “uno de los factores de más alta vulnerabilidad en las personas mayores son las diferencias socioeconómicas que son brutales, considerando que el ingreso promedio de una persona mayor equivale al 70% del que recibe el resto de la población”.

Según el índice de Gini, Chile es uno de los 10 países más desiguales del mundo, una realidad que está medida por este instrumento del Banco Mundial y que en las personas mayores es aún peor. “Podríamos decir que es un momento de la vida donde las inequidades que ya conocemos de la sociedad chilena se acentúan mucho más”, comenta Sunkel.

“Uno de los factores de más alta vulnerabilidad en las personas mayores son las diferencias socioeconómicas que son brutales, considerando que el ingreso promedio de una persona mayor equivale al 70% del que recibe el resto de la población”, dice el siquiatra Roberto Sunkel.

 

Calvo cuenta que para su estudio, él y su equipo partieron documentando estas inequidades en la depresión y vieron que varían muchísimo de un país a otro. “Después empezamos a levantar explicaciones de por qué se producían, y todavía no las hemos testeado”, cuenta el investigador, que entrega algunas pistas de estas diferencias que se repiten en el mundo. “En todos los países las mujeres están más deprimidas que los hombres, pero en algunos países la diferencia es chica y en otros es grande”, indica.

Lo más sorprendente de esa inequidad es que perfila las trayectorias de vida de estas personas desde que nacen hasta las edades avanzadas que tienen actualmente. “Uno podría anticipar que hoy mujeres mayores de 70 u 80 años, que no fueron a la universidad ni realizaron una tarea remunerada durante su vida, son más proclives a tener sentimientos de abandono, de soledad y de caer en depresión producto de las redes de apoyo”, explica Sara Caro, académica de Trabajo Social de la UC.

Daniela Thumala, sicóloga e investigadora de Centro de Gerociencia, Salud Mental y Metabolismo, GERO, reconoce distintos factores de riesgo en los adultos mayores: “Está la enfermedad grave, el dolor crónico, estar institucionalizado, la acumulación de pérdidas, la dificultad para manejar pérdidas. Hay muchos factores”.

“En todos los países las mujeres están más deprimidas que los hombres, pero en algunos países la diferencia es chica y en otros es grande”, indica Calvo.

 

Según Calvo, otra condicionante de la depresión en personas mayores está en su nivel educacional, un parámetro más útil para este tipo de estudio que el de los ingresos. ¿Por qué estos no sirven en países como Chile para medir la inequidad? Por las pensiones. “Encontramos que era una mala medida, porque muchas de estas personas están jubiladas y en Chile puedes estar ganando tres millones de pesos y ser una persona muy acomodada, pero, al día siguiente, te jubilas y tienes una pensión de 300 mil pesos. No es que esa persona sea pobre, sino que recibe una mala pensión”, dice el investigador, y agrega que por eso la educación es un mejor predictor de depresión. “Si tú no terminaste la educación media o básica probablemente tus ingresos serán bajos y tu trabajo menos calificado, mientras que si tienes estudios universitarios y algún posgrado, tu realidad es completamente distinta”, dice.

Otro de los factores que influye es el estado civil. La teoría es clara: la mayor cantidad de casos de depresión se da tras enviudar. Luego vienen los divorciados y separados y, al final, se ubican las personas emparejadas. Una variable que también influye en los niveles de depresión es la edad de quienes ya pertenecen a este grupo. “En general, las personas de mayor edad tienen más probabilidad de tener depresión. Se ha comprobado que los mayores de 75 años tienen más probabilidades de cometer suicidio, si se las compara con los de 60 o 65. Efectivamente, se ve un deterioro en la salud mental acorde va aumentando la edad”, explica Antonia Díaz-Valdés, doctora en trabajo social con especialidad en gerontología del Boston College y profesora asistente del Centro de Investigación de Sociedad y Salud de la Universidad Mayor.

También las enfermedades influyen. Para hacerse una idea, Sunkel cuenta que en el caso de una persona con diabetes, el riesgo de depresión sube en un 30% y en el de alguien que haya sufrido un accidente cerebrovascular, ese aumento llega a cerca de un 60%.

Otro de los factores que influye es el estado civil. La teoría es clara: la mayor cantidad de casos de depresión se da tras enviudar. Luego vienen los divorciados y separados y, al final, se ubican las personas emparejadas.

 

Un ejemplo es Eleuterio Plaza (77), residente del hogar Sagrados Corazones de Jesús y María de la Fundación Las Rosas, en Chépica, Región de O’Higgins. Allá llegó hace casi una década después de un accidente en el trabajo que tenía como maestro auxiliar haciendo ataúdes en Santiago, cuando un clavo desatendido que se enterró en una pierna terminó con una amputación y una depresión fulminante. “Me bajoneé, estaba mal, me miraba el pie y decía ‘hasta aquí nomás llegué’”, recuerda con su acento de campo, sobre la enfermedad que fue tratada por la siquiatra del hogar y que se reflotó hace dos meses cuando fue uno de los ocho casos de Covid-19 en la residencia. “Con el virus me volví a bajonear. Me di cuenta que me estaba dando lo mismo. Agachaba la cabeza y me corrían las lágrimas por como estaba, día y noche acostado”, cuenta el anciano, quien ya se recuperó del coronavirus.

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