Valentina Jara (18) cursa cuarto medio y se prepara para dar la Prueba de Transición Universitaria (PTU). Estudia todos los días en su casa de Quilicura, con el apoyo de su colegio y de un preuniversitario online que contrató por 15 mil pesos mensuales. Pero no es fácil. Cuenta que hace un mes estaba en su living respondiendo un ensayo de lenguaje en el que se había inscrito y en ese momento se dio cuenta que no se podía concentrar.

“Eran como las 6 y media de la tarde y tenía a mi mamá al lado mío al teléfono, hablando súper fuerte con su trabajo. Al otro lado estaba mi hermano viendo tele. Yo estaba al medio tratando de concentrarme. No podía estar en la cocina porque no tengo mesa y mi pieza tampoco era opción porque no hay dónde apoyarse. En ese momento pensé: No se va a poder”, dice Valentina. Ella quiere estudiar medicina, pero aunque tiene un promedio en la enseñanza media sobre 6, reconoce estar angustiada al pensar en la prueba que se realizará el 4 y 5 de enero.

“Todos sabíamos del estrés de cuarto medio, pero no que se podía vivir un cuarto medio en esta situación. Se suma a la tensión de la pandemia, la angustia, la ansiedad, es como todo multiplicado al doble. Siendo súper honesta, me siento muy mal preparada. No digo que los profes hagan una mala pega, pero es que salió todo mal este año. Nadie estaba preparado para algo así”, reconoce. La estudiante agrega que todo esto le acarreó un insomnio que la hace dormirse recién a las cuatro de la mañana, para despertarse a las 10 y seguir con sus clases online.

Nathalie Moraga es la encargada de continuidad de estudios del colegio de Valentina. El Lorenzo Sazié de Santiago es un establecimiento de la Fundación Belén Educa, con un índice de vulnerabilidad que bordea el 74%. La académica cuenta que este año ha sido complejo para sus alumnos de cuarto medio: “No sólo se han enfrentado a esta prueba de transición, que ya era un cambio complejo, sino que además a las dificultades emocionales, preocupaciones económicas de sus familias e, incluso, dificultades de acceso a internet y la tecnología para mantenerse conectados”, explica.

Catalina Hernández es estudiante de cuarto año de medicina en la Universidad de Valparaíso y coordinadora general del preuniversitario solidario que hace 19 años realizan los alumnos de esa casa de estudios. “Ha sido un desafío doble para nosotros y los alumnos”, relata. Ella explica que los temarios de lenguaje y matemáticas fueron liberados en abril y los de ciencia e historia recién en junio, lo que exigió una preparación sobre la marcha. Christopher Nikulin, director de Admisión de la Universidad Técnica Federico Santa María, explica que para la PTU los “estudiantes que se estuvieron preparando durante tres años anticipadamente a un modelo de evaluación, se verán enfrentados con un modelo totalmente distinto”.

Una serie de factores que se suman al problema más evidente: la pandemia. “Hemos tenido alumnos con familiares que han sido Covid positivo, entonces igual es un ambiente diferente”, dice Catalina Hernández.

La angustia

Cuando Constanza Martínez (17), alumna de cuarto medio del Institución Teresiana de Las Condes, se imaginaba cómo iba a ser su último año en el colegio, nunca pensó que viviría lo que enfrenta hoy. “Desde que me empezaron a hablar de la PSU como en primero medio, todo iba con un comentario del tipo ‘es que te va a ir súper bien’ o ‘no te preocupes’. Siempre fui buena alumna, entonces eso me relajaba y nunca experimenté ningún tipo de duda”, cuenta la joven, que tiene un promedio de 6,7 en la educación media. “Todo lo que pasó este año me tomó muy de sorpresa y derrumbó también muchos de los proyectos que tenía. De estar segura de qué estaba haciendo, ahora no estoy segura de nada de lo que estoy haciendo”, explica.

Y detalla: dice que no ha podido conectarse todo lo que habría querido a clases, que le preocupa lo que pueda pasar con sus seres queridos por el coronavirus, que le tiene miedo a la prueba de transición y que no está bien, que tiene insomnio y falta de apetito. “Nunca he tenido depresión diagnosticada… y no sé, no quiero decir ‘sí, tengo depresión’ porque encuentro que es algo muy serio, pero hoy me cuesta mucho verle lo positivo a las cosas. No duermo y lloro mucho. Antes casi ni lo hacía y ahora lloro estudiando”, dice Constanza, quien quiere estudiar derecho o psicología.

La estudiante cuenta que es una sensación compartida por su generación. Muchos tuvieron vacíos de materia que debían aprender durante el año, pero nada de eso se ha logrado. “He tenido una educación bastante deficiente pensando que voy a tener que dar la prueba que define básicamente mi futuro con tan poca seguridad y motivación de aprender, porque hay tantas cosas que desmotivan y desconcentran, como la gente que se muere. Son cosas que son súper angustiantes como para pensar en aprender. Me ha costado mucho dedicar mi cuarto medio a aprender lo que me faltaba. El año pasado pensé que era mi prioridad, pero hoy en mi mente no lo es”, reconoce.

Verónica Santelices, académica de la Facultad de Educación UC, cree que el ámbito de la salud mental está afectando a muchas más personas en términos de lo que significa el confinamiento, algo que se amplifica durante una edad en la que el contacto con los pares es especialmente importante. “El no saber cómo va a ser el próximo año afecta la capacidad que tienen los chiquillos de entusiasmarse y motivarse con lo que tienen que hacer. Esos son temas de salud mental que están súper presentes”, explica.

Un estudio del Injuv reveló que el 30% de los jóvenes ha tenido problemas para dormir durante la pandemia y el 31% reporta haberse sentido “nervioso, ansioso o con los nervios de punta” casi todos los días. Cuando les preguntaron por sus preocupaciones, la segunda razón más mencionada fue “los problemas con los estudios” (25%) y la tercera, “los problemas de salud física o mental después de la cuarentena” (24%). Además, un 45% dijo que la angustia era la principal emoción en relación a la pandemia. Después aparecían la rabia (16%) y el miedo (13%).

“Muchos jóvenes se sienten más inseguros en relación con lo que he notado en años anteriores. Creen que no han entregado el tiempo necesario al estudio como para subir los puntajes”, cuenta Catalina Hernández, quien añade que esto se ve fortalecido por la mala experiencia que vivieron los alumnos que el año pasado rindieron la prueba. “Antes no pasaba. Igual es algo nuevo”, explica.

Alguien que vivió esa situación en 2019 fue Catalina San Martín, egresada del Liceo José Cortés Brown, en Viña del Mar. A ella le tocó rendir ese año la PSU de lenguaje en la Universidad Técnica Federico Santa María en medio de desmanes, y días después tuvo la misma suerte en la Universidad de Valparaíso: cuando ella y los demás estudiantes estaban listos para rendir la prueba, entró un joven a la sala a robarse sus tarjetas de identificación. “Estoy traumada. No quiero pensar mucho en el día de la prueba porque me vienen esos flashbacks de cuando nos pateaban las ventanas. Para mí que soy sensible fue una cosa bastante traumática. Cuando nos dijeron que nos podíamos ir, me fui corriendo hasta donde estaba mi mamá y le dije que me llevara a la casa”, recuerda.

Finalmente, en ese proceso quedó en la carrera de fonoaudiología, pero ni siquiera se matriculó pensando que este 2020 iba a tener mejor suerte. “Este año tenemos todo en contra. Además, me han bajoneado las clases online y no me he podido organizar bien para estudiar. Me estoy durmiendo a las 5 de la mañana, me despierto como a las 3 o 4 de la tarde y mis clases son a las 6. Empecé a vivir de noche; me acuesto como a las 2 de la mañana porque me pongo a jugar LOL. Tengo insomnio”, reconoce la joven, quien participa del preuniversitario solidario de la Universidad de Valparaíso.

Se trata de una sensación que también tiene Camilo Toro (18), alumno del Liceo Eduardo de la Barra de Valparaíso, quien quiere entrar a medicina. “Viendo lo que pasó en 2019, eso es un indicio de que quizás este año puede volver a pasar. Esa duda siempre la hemos tenido”, reconoce. Una sensación que también experimentó Diana Muñoz (19), quien egresó el año pasado del Instituto Marítimo de Valparaíso: “La prueba de matemáticas fue custodiada por la Armada y Carabineros. Nos revisaban las mochilas para ver si no éramos infiltrados. Eso era estresante y traumático porque no sabíamos qué iba a pasar con las otras pruebas”, cuenta la joven desde su casa en el sector de Forestal, en Viña del Mar.

/Escrito por Carlos Pérez para La Tercera

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