“La pobreza es una línea que es frágil, porque cambia una situación en el margen y muchas familias que dejaron de ser pobres pueden volver a caer en ella”, decía esta semana el ministro de Hacienda, Ignacio Briones, además de reiterar que en la salida de la pandemia “nos vamos a encontrar con una economía muy golpeada”.

De acuerdo a la Cepal, la pobreza en el país se disparará desde un 9,8% en 2019 hasta un posible máximo de 13,7% en 2020. Alza que, de concretarse, llevaría al porcentaje a su mayor nivel desde 2013, cuando el dato se ubicó en 14,4% según la encuesta Casen de esa época.

De todas formas, pese a la eventual subida, el organismo internacional expone que Chile se mantendría como el segundo país -de 17- con menores índices de pobreza de la región, sólo superado por Uruguay. Así, destacarían los números de México, Argentina y Brasil, que escalarían este año a 48,9%, 35,3% y 25,4% respectivamente.

Frente a los pronósticos, que van de la mano con el aumento del desempleo, el cual subió a 9% a nivel nacional en el trimestre febrero-abril, Briones remarcó: “Nos enfrentamos con un desafío social mayúsculo”.

“La verdad es que por eso insisto que aquí la prioridad nacional tiene que ser, por un lado, apoyar los ingresos durante la fase de emergencia, pero la solución definitiva no es otra que poder reactivar la economía y poder reactivar el empleo. Esa es la fuente permanente de ingreso a las familias y es lo que impide que muchas familias caigan en la pobreza”, dijo tras la cuenta pública de su cartera.

Sin embargo, considerando la caída en los ingresos fiscales, el desplome en el crecimiento económico y el aumento de la deuda, ¿cuán difícil es reducir la pobreza después de una crisis como la actual?

Un camino de 30 años y la pobreza multidimensional

En 1990 la pobreza medida por ingresos en Chile alcanzaba el 39% de la población. Porcentaje que disminuyó hasta el 15% en 2009 y que en 2017 se situaba en 8,6%. “El país ha logrado tener una reducción importante de la pobreza y lamentablemente esto nos va a hacer retroceder en ese camino”, comentó el economista y ex ministro de Educación (1996-2000), José Pablo Arellano.

Por su parte, el director social del Hogar de Cristo, Paulo Egenau, hizo énfasis en que no hay que olvidar que “si bien hemos tenido una disminución de los índices de pobreza desde el punto de vista de la medición del ingreso en las últimas décadas, hace no muchos años Chile se atrevió a salir de esa medición exclusiva”.

“Empezamos a ver la vida de una forma mucho más compleja, como es la vida de verdad todos los días, y empezamos a hablar de dimensiones críticas y clave en el poder garantizar una vida relativamente segura socialmente”, sostuvo haciendo referencia a la medición de la pobreza multidimensional que fue incorporada en el 2015.

Así, expuso, “hoy vemos que Chile tiene una pobreza por ingreso de 8,6% de acuerdo a la Casen de 2017, pero tiene un 20,6% de pobreza multidimensional, o sea de fragilidad en algún área que es clave para la vida. Eso es precisamente lo que se está jugando de manera muy crítica”.

“Por un lado se juega la pérdida del empleo, pero además de esto está la educación, la salud, la vivienda, el entorno, los barrios, todo empieza a tener fisuras y dificultades que, en conjunto, hacen que la vida se transforme en una experiencia potencialmente dañina”, analizó Egeneau. “No podemos dejar de mirar esas dimensiones que finalmente es la que sostiene y sustenta el bienestar cotidiano”.

¿Cuán difícil es reducir la pobreza post crisis?

Joseph Ramos, economista y ex director de una de las divisiones de la Cepal, recalca que gran parte de la capacidad de Chile en reducir la pobreza una vez superada la crisis será “la rapidez con que repunte la economía”.

“Todos los estudios muestran que el grueso de la reducción de la pobreza se debe a un fuerte crecimiento económico, porque eso es lo que determina el empleo, o sea mientras más fuerte sea el crecimiento, mayor será el crecimiento del empleo y de los salarios. Ese es el factor preponderante”, explica a Emol el ex decano de la FEN.

De hecho, Ramos comenta que desde los ’90 a la fecha, “el 75%-80% de la reducción de la pobreza que se dio entre esos años se debió a ese factor: crecimiento”. Aunque, inmediatamente, resalta que todo debe ir de la mano con “políticas sociales bien direccionadas”.

– Pero ¿qué pasa en un escenario donde los recursos fiscales son acotados y el endeudamiento es alto? Lo anterior, considerando el pie en el que nos va a dejar esta crisis…

“Hay que priorizar. Pero frente a la escasez de recursos que habrá, yo optaría por una combinación de medidas. Está el famoso refrán que plantea qué hacer: si darle pescado o una caña de pescar a las personas. En el caso de optar por medidas de educación, estás reduciendo pobreza y aumentando bienestar, pero a futuro. En cambio, con transferencias directas -dinero-, estás dando ‘pescado’: puedes sacar a alguien de la pobreza así, pero con la otra política le das la caña.

“Entonces creo que tiene que ser una mezcla de las dos cosas, un poco de pescado y una caña. Frente a los pocos recursos, yo de ninguna manera postergaría la calidad de la educación, por ejemplo, y tampoco diría que la entrega de dinero se terminara. Por eso la vía de la combinación me parece más razonable, aunque creo que en este momento, en esta situación, se podría hacer algo más en pescado que en cañas”.

Frente a la misma pregunta, Arellano comenta: “La crisis le resta recursos al Estado para abordar las iniciativas de apoyo a las familias más vulnerables. Las últimas proyecciones indican que los ingresos del Gobierno caerán 12% este año, los que ya se habían visto afectados negativamente en el último trimestre de 2019 por la crisis social”.

“Es como que una familia durante este año va a pasar entre uno y dos meses sin sueldo. Es un golpe muy fuerte considerando que además hay mayores necesidades que antes, hay más gastos en salud para combatir la pandemia y hay mas familias y empresas que necesitan apoyo”, recalca.

La buena noticia, según el economista de Harvard, “es que debido al manejo económico de Chile durante los últimos 30 años, el Estado se puede endeudar y tiene ahorros a los cuales recurrir en esta emergencia”. La mala, “es que esas deudas significan obligaciones a futuro que vamos a tener que pagar y que reducirán los recursos para otras necesidades. Por eso hay que usarlos con gran responsabilidad”.

Acuerdos rápidos: “Lo perfecto puede ser enemigo de lo bueno”

Con una extensa carrera política, Arellano remarca que post crisis habrá que poner en primer lugar la necesidad de abordar políticas que vayan en ayuda de los más necesitados: “Cuando se discuta el Presupuesto del próximo año, por ejemplo, van a aparecer este debate en torno a la necesidad de priorizar y va a tener mucha importancia la capacidad de las autoridades de ponerse de acuerdo y lograr, en el menor tiempo posible, decidir un camino que permita avanzar”.

“A veces las medidas requieren legislación, pero me parece fundamental la velocidad con la que se pueda reaccionar, porque una vez que se aprueba una ley hay que aplicarla y esas dos cosas toman tiempo”, dice.

En ese sentido, expresa que “a veces no será lo perfecto, pero creo que a veces lo perfecto puede ser enemigo de lo bueno y creo que en esta coyuntura de emergencia tenemos que actuar con la mayor velocidad posible en las respuestas de política pública. La velocidad con la que se pueda llegar con ayuda a una familia que lo necesita va a evitar que el problema se agudice”.

Por último, el también es director ejecutivo de Codelco sostuvo: “Francamente esto va a significar un retroceso, ojalá que lo antes posible podamos recuperar los niveles de ingreso que tenía el país, que se recuperen esos empleos. Los desafíos son grandes, pero lo hemos hecho en otros momentos, el país ha logrado superar dificultades y para eso creo que es muy importante que quienes tienen responsabilidades en distintos ámbitos que logren concordar”.

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