La crisis económica que está provocando la expansión del coronavirus, muestra signos de ser mayor de lo que se dimensionó en un primer momento. Eso ha puesto en el debate público la necesidad de que el Estado adopte nuevas medidas para paliar la situación de falta de ingresos que la pandemia está ocasionando en las familias y empresas. Desde Estados Unidos, el economista y académico de la Universidad de California -Los Ángeles (UCLA)-, Sebastián Edwards, ha seguido de cerca el complejo momento por el que atraviesa el mundo y, por cierto, Chile. Por ello decidió participar en la propuesta económica que se efectuó bajo el alero del Colegio Médico, junto a los economistas Andrea Repetto, José De Gregorio, Rodrigo Valdés, Claudia Sanhueza y Claudia Martínez. “Si la convocatoria hubiera venido de otra institución -el club de fútbol Ferrobádminton, por ejemplo- y el equipo hubiera sido sólido y profesional, también la hubiera aceptado” afirma, al explicar por qué decidió participar de esta instancia.

Considerando que la crisis a nivel global ya lleva más de cuatro meses, ¿cuál es su evaluación? ¿Con qué evento lo compara?

-La pandemia es de mucho mayor alcance que la crisis financiera subprime. En el 2008-2009 hubo países y regiones importantes que no fueron mayormente afectadas, y que siguieron contribuyendo a la expansión del comercio internacional. China, por ejemplo, siguió creciendo por encima del 9% anual, lo que ayudó a que los precios de muchos commodities se mantuvieran firmes. Por ejemplo, a pesar de un cierto retroceso, en el 2009 el cobre tuvo un precio dos veces más alto que unos años antes. Algo similar sucedió con la soya y otros productos. En esta pandemia todo el mundo ha sufrido; no hay dónde esconderse, no hay quién juegue el rol de la “locomotora” de la economía mundial. Habiendo dicho esto, hay que recordar que en el 2008 los grandes bancos internacionales tambalearon, y debieron ser rescatados. Ahora el sector financiero tiene mucha mejor salud. Eso nos da cierto alivio.

En cuanto a las medidas que ha ido aplicando el gobierno, ha habido críticas por cierta lentitud en su adopción, como también por su magnitud y alcance. ¿Cuál es su análisis?

-Al igual que en la mayoría de los países, las autoridades chilenas subestimaron el grado de devastación y letalidad del virus. Pero han ido aprendiendo y reconociendo errores; han adecuado la respuesta a la cambiante situación en terreno. Quizás no con la velocidad que hubiéramos querido, pero lo ha hecho y han demostrado voluntad para dar un gran salto adelante en términos de ayuda y apoyo a las familias vulnerables. Eso es lo importante. Es algo que hay que valorar.

La propuesta que usted elaboró, junto a otros cinco economistas, para la Mesa Social, ha sido bastante comentada y debatida. ¿Por qué decidió participar de una propuesta bajo el paraguas del Colegio Médico y con economistas de centroizquierda?

-Por un cúmulo de razones. A muchos de los miembros de este grupo los conozco hace muchísimos años. Son grandes economistas, a quienes les tengo respeto y admiración; incluso ya habíamos trabajado con José De Gregorio y Rodrigo Valdés. En segundo término, estamos hablando del futuro de la República. La magnitud de esta crisis es mayúscula, y no es el momento de estar haciendo política pequeña y de trincheras. Si la convocatoria hubiera venido de otra institución -el club de fútbol Ferrobádminton, por ejemplo- y el equipo hubiera sido sólido y profesional, también la hubiera aceptado.

¿Durante esta semana se ha contactado con otros economistas o centros de estudios como LyD, Horizontal o los académicos que hicieron la propuesta de la UC y la U. de Chile?

-Claro, he conversado con una gama de profesionales. Ha sido un torrente de llamadas y de reuniones por Zoom. Desde un punto de vista técnico, la recepción a nuestra propuesta ha sido muy, pero muy positiva. La verdad es que a mí me sorprendió lo transversal del apoyo. El hecho que otros grupos hayan ofrecido programas muy similares, tanto en su duración de 18 meses, como en la idea de usar el Fondo de Emergencia Económica y Social, es un signo claro y contundente de apoyo. Ahora, también es verdad que he recibido muchas críticas de carácter político.

¿Qué tipo de críticas políticas?

-Críticas relacionadas con el Colegio Médico. A mucha gente no le gustó que la propuesta haya sido canalizada a través de esa institución. Muchos economistas más conservadores me han dicho más o menos lo siguiente: “Buenísima la propuesta, pero muy malo que le ‘prestes ropa’ al Colmed”. Algunos me han llegado a decir que aceptar la convocatoria del Colegio Médico fue un “error garrafal”.

¿Qué le parece que esos reparos no apunten al contenido del documento?

-Para mí fue una enorme sorpresa. Si un estudio es técnicamente sólido y hace sentido, no debiera importar quién convocó al grupo de profesionales que lo elaboró. El contenido de la propuesta debe ser evaluada por sus propios méritos. Y esta es una propuesta razonable, comedida, equilibrada, y sensata. Es un programa valioso, que le da respiro al gobierno y aboga por darle una autorización para gastar enorme.

¿Ha recibido críticas desde el otro sector, la izquierda?

-Desde luego. Y el que la crítica venga de los dos lados me indica que estamos bien, que hemos transitado por un sendero de equilibrio y racionalidad.

Hay algunos economistas de centroderecha, como Rodrigo Cerda y Sergio Urzúa, que plantean que prácticamente no hay espacio fiscal, que el espacio que existía, ya ha sido usado por el gobierno. ¿Qué piensa de ese argumento?

-La sustentabilidad fiscal depende de varios factores. Uno de ellos es la razón deuda a PIB. Si lo que nosotros sugerimos como cota superior de gasto es el 5% del PIB, esa razón seguiría siendo muy razonable. Una de las más bajas del mundo. En ese sentido, Chile seguiría siendo un país ordenado y pulcro. Pero ese no es el único factor de la sustentabilidad. El más importante es la relación entre la tasa de crecimiento de la economía en el futuro y el costo de endeudamiento o tasa de interés. Estamos en una situación en la que las tasas de interés son mucho más bajas que la de crecimiento esperado: las tasas reales están entre cero y uno, y el crecimiento esperado se ubica entre el 2 y 3 por ciento. Esto nos da un importante respiro en lo que a endeudamiento se refiere. Es sorprendente que los colegas no hayan considerado este factor. Después de todo, es lo primero que analiza el FMI cuando evalúa la posición fiscal de distintos países.

¿Se equivocan en su análisis los críticos?

-No está completamente claro lo que sugieren. Por un lado, pareciera que piensan que esta no es una emergencia profunda, y que hay que guardar los fondos para una crisis verdadera. Ese es un error, confirmado cada día por las cifras de contagios y fallecimientos. También pareciera que abogan por mantener el programa fiscal actual, dentro de la regla fiscal tradicional. Esto implica reducir el gasto, el próximo año, entre el 8% y el 10%, lo que sería catastrófico para las empresas y para el empleo. Además, sin un aumento importante de la ayuda a las familias vulnerables, corremos el riesgo de una nueva ronda de violencia social. Creo que el país no soportaría eso, especialmente en una situación de pandemia.

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