¿Cuánto retrocederemos una vez que pase la emergencia? ¿A qué Chile del pasado volveremos de golpe luego de la pandemia? ¿Es posible evitar o al menos contener sus efectos? La ironía de estos días es que mientras vemos el futuro en las imágenes de una Europa que sale del confinamiento, sabemos que ese futuro también implicará un viaje al pasado. No es algo de Chile. Todos han retrocedido. Como escribía el ex presidente Lagos en una columna hace dos semanas, “España luego de tres meses de cuarentena obligatoria se encuentra con un ingreso per cápita equivalente al que tenía el año 2000”. Aquí, el ministro de Hacienda Ignacio Briones habla de un retroceso de siete años, otros de al menos una década. Y en medio de esta discusión –que sólo ayuda a golpear más un ánimo ya bastante aporreado- la política (o más bien nuestros políticos) intentaban acercar posiciones para alcanzar un acuerdo que ofrezca algún tipo de horizonte. Tema que inspiró a varios columnistas por estos días y motivó más de una entrevista.

 

Como escribió Ascanio Cavallo en su columna del domingo pasado, “el hecho más contundente es que el ministro, el gobierno y la oposición se juagan todo en la elaboración del plan”. Según él, está equivocado el que piensa “que podrá culpar al resto del fracaso”. En un mundo polarizado, maniqueo, donde todo parece verse en blanco y negro, es difícil intentar ponerle matices a decisiones como la de no llegar a un acuerdo. El problema es que como toda decisión, inevitablemente tiene costos. Pero cuando como agrega Cavallo, la pandemia puede significar para nuestro país “la demolición de los esfuerzos de una generación –incluyendo en primero lugar a los que lograron salir de la pobreza-,” e incluso, “hipotecar el futuro inmediato” de la generación siguiente, no parece haber margen para el fracaso. Un punto en el que profundiza Andrés Velasco en una entrevista en Pulso: “El costo del fracaso político será un desempleo desorbitado y una probable segunda ola de violencia”. Para él estamos frente a “la madre de todas las emergencias”.

 

Y en medio de este escenario, Sylvia Eyzaguirre hacía el domingo pasado un fuerte llamado a concretar esos acuerdos que permitan mirar el futuro con algo más de esperanza. Y para reforzar el punto hacía referencia al acuerdo alcanzado en la Unión Europea entre Angela Merkel y Emmanuel Macron para la creación “de un fondo de 750 mil millones de euros, de los cuales 500 mil millones serían entregados en forma de subisdio a los países miembros y el resto en forma de créditos”. Para ella detrás de esa medida hay más que una respuesta a la actual crisis, “hay una apuesta por el futuro de la Unión Europea”. Por eso, insiste Chile también debería apostar por su futuro, endeudándose “en forma responsble” e inyectando los recursos necesarios para ir mucho más allá de la actual crisis, abordando la megasequía, la transformación sustentable de la economía, el défict de investigación, innovación y capital humano y erradicar la pobreza. ¿Metas demasiado ambiciosas? Para Eyzaguirre sólo se necesita “voluntad política para ampliar el horizonte”.

/Gap