El Bayern Múnich es el campeón de Alemania por octava temporada consecutiva. El cuadro bávaro necesitaba ganar en Bremen para cantar el alirón con dos jornada todavía por disputarse y no desperdició la oportunidad. Con un solitario gol de Lewandowski, la apisonadora que dirige Hansi Flick logró así el primer título a las órdenes del técnico alemán. Y esto solo acaba de empezar.

De inicio, el Bayern impuso el guión de siempre. Monopolio del balón, ritmo vertiginoso y control en territorio rival. El acoso y derribo marca de la casa. Pero el Bremen no se dejaría arrollar con facilidad, como sostenido por el peso de una camiseta centenaria que se resiste a descender. Solidarios en defensa y rápidos al espacio, los pupilos de Kohfeldt fueron un hueso duro de roer.

 Hasta se atrevieron en ataque, siendo la acción más clara un tiro de Eggestein desde la frontal que se marchó cerca del poste. De hecho, el rumbo del partido pudo haber sido el opuesto si el árbitro no hubiera perdonado la expulsión a Davies en un cruce de cables que quedó en amarilla.

Pese a la valentía del Bremen, el Bayern jamás perdió los papeles. Paciente, acarició el gol en un cabezazo de Coman que rozó la escuadra. Y en el primer descuido de la zaga verdiblanca Boateng conectó a la espalda de la defensa con Lewandowski, que no perdonó.

El encuentro cambió tras el descanso. El Bremen dio dos pasos atrás y  retiró del campo a sus mejores hombres. Tocaba ser pragmático y el Bayern gobernó a placer. Solo la expulsión de Davies en el 79’ pudo inquietar el triunfo de los bávaros, que antes pudo haber certificado Coman. Tuvo que aparecer Neuer con una mano salvadora para sacar un remate de Osako y certificar el alirón.