Rusia está dividida sobre qué hacer con el cuerpo de Lenin, expuesto en la Plaza roja desde 1924. El coronavirus ha dado un pretexto a los que quieren ‘librarse’ de su momia: vender el cuerpo de Lenin para pagar la factura del coronavirus.

Vladimir Zhirinovsky, líder del partido ultranacionalista LDPR (segunda fuerza de la oposición en Rusia), es el impulsor de la iniciativa, que de momento no ha recibido más apoyos desde otros grupos. “Podríamos vender la momia de Lenin. Hay compradores: China, Vietnam o algún otro tipo de [país] comunista. Y el cuerpo de Lenin está en buen estado, fue momificado hace sólo 96 años”, ha sido el mensaje que Zhirinovsky ha compartido en su perfil de Twitter.

El controvertido político sigue el hilo de lo propuesto en Francia por el empresario Stéphane Distinguin, que sugiere vender la pintura de La Mona Lisa por unos 50.000 millones de euros.

Lenin es, además de un símbolo, una gran atracción turística en plena Plaza Roja desde su muerte en 1924. El primer mausoleo fue construido en madera, de manera provisional, tres días después de la muerte del líder bolchevique. A los treinta días cerró sus puertas para que se llevara a cabo un nuevo embalsamamiento que fuera capaz de conservar el cuerpo del líder durante años. Mantener a Lenin intacto cuesta 173.000 euros al año. La economía rusa ha estado en hibernación desde marzo y el petróleo, que es el tesoro nacional, ha visto sus precios derrumbarse. El debate está sobre la mesa.

Santo o monstruo

Lenin nunca ha dejado de ser protagonista: antes y después de muerto. En agosto de 1924 una segunda tumba mejorada, pero todavía de madera, se abrió al público. El actual mausoleo de piedra roja y negra fue construido seis años más tarde, en 1930. Desde esos años a los visitantes no se les ha permitido fotografiar ni filmar el cuerpo de Lenin. Tras el final de la Unión Soviética se ha reabierto varias veces el debate sobre qué hacer con él.

El presidente ruso, Vladimir Putin, es partidario de no tocarlo: “Al menos mientras tengamos entre nosotros a mucha gente cuyas vivencias sigan vinculadas de algún modo con los logros del periodo soviético”.

“Hay gente que todavía cree que Lenin tenía buenas intenciones, que era un idealista, y que su revolución fue traicionada por Stalin, un monstruo”, explica Victor Sebestyen, que es historiador de Rusia y el comunismo y Lenin. “Pero en realidad Lenin creó a Stalin”, concluye. Su libro, ‘Lenin. Una biografía’, acaba de publicarse en español.

La ‘cripta’ roja

Dentro de la ‘cripta’ bolchevique el ambiente es de total respeto. Es obligatorio sacarse las manos de los bolsillos y guardar total silencio. La momia es admirada también lejos de Rusia por su buen estado. El gobierno Vietnam se puso en contacto el año pasado con los especialistas que cuidan del cuerpo momificado de Lenin para que les ayuden a frenar el deterioro de Ho Chi Minh, su líder embalsamado desde 1969. China, Corea del Norte y Vietnam momificaron a sus líderes fundadores gracias al método del ‘Laboratorio Lenin’, fundado durante la Unión Soviética.

Lenin no siempre estuvo solo. Tras la muerte de Stalin en 1953, su cuerpo embalsamado fue expuesto al lado del de Lenin en la Plaza Roja. Tras la ‘desestalinización’ iniciada en 1961, Stalin fue enterrado en la necrópolis de la muralla del Kremlin.

Hay razones para poner de una vez a Lenin en su sepultura. El propio Lenin, antes de su muerte, pidió supuestamente ser enterrado al lado de su madre en en San Petersburgo. Pero, como publicó la agencia rusa Sputnik el año pasado, la ley rusa actual establece que esta decisión solo es posible con el consentimiento de los familiares del fallecido. El problema de fondo es que no es una tumba más. Más de una vez Putin comparó el comunismo con el cristianismo, y la sepultura de Lenin en el Mausoleo de la Plaza Roja con la veneración de los restos de los santos en esa religión. “Miren cómo a Lenin lo depositaron en un mausoleo, ¿en qué se diferencia eso de la veneración de los restos por parte de los ortodoxos, por parte de los cristianos en general?”, se cuestionó el mandatario ruso en un documental transmitido por el canal Rossiya 1 en 2018. El líder ruso cree que las autoridades de la antigua Unión Soviética no inventaron nada nuevo, simplemente adaptaron su ideología a algo “que la humanidad ya había creado”. Ese algo es el culto a los muertos. Y el santo en Rusia es Lenin.

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