A partir del lunes que viene Apple celebrará la que probablemente sea la WWDC más atípica de su historia. El motivo es el mismo por el que se llevan cancelando eventos masivos en todo el mundo desde finales de febrero: el coronavirus. La manzana debe celebrar por primera vez su gran cumbre de desarrolladores, su cita más importante del curso junto la presentación de sus teléfonos en otoño, únicamente en ‘streaming’.

Foto: El CEO de Apple, Tim Cook. (Reuters)

¿Por qué es tan importante esta cita? Porque se presentan las próximas iteraciones de software de la compañía. El cabeza de cartel suele ser la nueva entrega de iOS pero también se producen año tras año bolos importantes de macOS, watchOS, tvOS y el último en llegar, iPadOS. Los dispositivos suelen tener una presencia nula o testimonial desde que en 2016 se aprovechase el ‘sarao’ para presentar el primer iPhone SE, recientemente renovado.

Sin embargo, en la que probablemente sea la edición más intangible de la WWDC, por eso de estar en remoto, el ‘hardware’ tiene muchísimas papeletas para volver a convertirse en uno de los principales actores de este sainete volcado en la programación y los sistemas operativos más que en cualquier otra cosa. Y puede ocurrir porque por fin Apple anuncie públicamente lo que es más que obvio lleva preparando tiempo entre bambalinas: la creación de sus propios propios procesadores para mover sus Mac. Pero, ¿eso no lo hacía ya? No. Con sus ordenadores no. Lo hace con sus dispositivos móviles. Es más, la arquitectura ARM, que es la que basa el corazón de los iPhone y los iPad, será también la que sostenga también estos chips. Ese mismo estándar también es el que utilizan para crear sus chips de seguridad, T1 y T2.

Fueron varios periodistas de Bloomberg los que levantaron la liebre hace unas semanas y confirmaron que la multinacional estaba preparada definitivamente para dar este salto. Entre ellos Mark Gurman, uno de los ‘pronosticadores’ más fiables y con mayor tasa de acierto en lo que se refiere a las quinielas de Cupertino.

¿Por qué cambiar a ARM?

“Pero si los Mac van como la seda con Intel. ¿Por qué quieren cambiar?”, se preguntará alguno de ustedes que apelará al ‘si funciona, no lo toques’. El primer beneficio que le podría reportar es el de un beneficio económico. Kuo Ming-Chu, reputado analista, calcula que el ahorro para Apple estaría por encima del 40% y por debajo del 60%. Otra cosa muy diferente es que se deje notar en el precio final que pague el usuario. Si sale bien, otro gran beneficio de tener sus propios chips sería una flexibilidad similar a la que tiene en sus teléfonos móviles, donde controla tanto el ‘software’ como el ‘hardware’ al completo. Algo que le permite optimizar sus equipos, sin tener que entrar en esa guerra de cifras de RAM o mAh de batería.

El gran perjudicado en todo esto sería Intel, que podría progresivamente verse privado de un jugoso negocio al ver como sus CPU (basada en la arquitectura x86), la más extendidas en estos momentos en el mercado de ordenadores, son sustituidas por otras con el sello ‘designed in Cupertino’. No hay que olvidar que los Mac suponen, según los últimos resultados trimestrales de la compañía, el 9% de unos ingresos de más de 58.000 millones. Una engrasada división que colocó casi 18 millones de estos equipos informáticos el pasado año.

¿Qué se sabe de los chips que prepara Apple? Lo primero que hay que puntualizar es que el ‘patrón’ ARM se ha venido utilizando tradicionalmente en móviles y dispositivos similares porque se asocian con una mayor eficiencia energética. Pero esto es posible gracias a que trabajan, en el caso de los ‘smartphones’, con un rendimiento más bajo que otros con el fin de alargar la autonomía. Esto ha hecho que hasta ahora, salvo algunos experimentos puntuales con Windows y Qualcomm, nadie se haya lanzado a explorar decididamente esta opción en ordenadores comerciales.

El iPad Pro, pista de pruebas

También es importante saber que el iPad Pro ha sido la pista de pruebas. Ya en 2018 se vio como la tableta que montaba el A12x Bionic -obra de Apple- superaba en esos test de estrés llamados ‘benchmarks’ a un MacBook Air equipado con un Intel Core i5. Es cierto que estos exámenes deben ser tomados con cautela, pero sirven para hacerse una idea de que madurez había alcanzado los procesadores creados con este estándar en Cupertino. El A12Z Bionic, el que montan los iPads Pro de 2020, se mantenía por delante en este pulso. Al parecer estas buenas sensaciones son las que impulsaron definitivamente eso que llevaba tiempo barruntándose.

Para desarrollar esta línea ellos trabajaron que con una licencia que adquirieron a ARM Holdings, que les permite hacer su modificaciones sobre la tecnología de esta firma británica. Esto, por ejemplo, es lo que permitió a Huawei, en su momento, seguir creando sus propios Kirin, ya que contaban con estos permisos ya adquiridos. Por eso cuando se rumoreó que este empresa se iba a ver obligada a cortar relaciones por el veto de Trump.

Foto: Reuters.

Apple tendría ahora mismo cociéndose varios modelos de procesadores bajo el nombre clave de ‘Kalamata’. Uno de ellos, probablemente el primero que llegue a un modelo comercial, estaría basado en el A14, que es el que montarán los iPhone que se presenten el próximo otoño. El fabricante escogido sería TSMC, una firma taiwanesa de semiconductores, que sería el encargado lo de producirlos en masa.

El nivel de madurez de los procesadores del iPad Pro hacen lógico dar el salto a los ordenadores

Se diseñarían en una arquitectura de 5 nanómetros. Sin entrar en demasiados vericuetos técnicos, esto permite crear piezas más concentradas sin perder potencia y con mejor optimización energética que a mayor escala. Esta CPU vendría con gráfica propia integrada y contaría con 12 módulos, 8 de los cuales serían de alto rendimiento (bautizados como ‘Firestorm’, ‘Tormenta de Fuego) y 4 de eficiencia energética (cuyo nombre serían ‘Ice Storm’, tormenta de hielo). Para tener una referencia, en el A12Z Bionic tenemos solo ocho, divididos al 50%. También estaría cocinándose otro chip basado en el A15 que debería llegar a finales de 2021.

Foto: Reuters.

Pero ojo, que nadie se lance a la calle pensándose que se va a encontrar un nuevo MacBook en el que dejarse el dinero en poco tiempo. Nada de eso. Aunque sea anuncie el lunes y se profundice en algunas de las sesiones complementarias de los siguientes días, esta es una transición larga. Se espera, si un más que posible rebrote del covid-19 no tuerce estas intenciones, que el primer ordenador equipado los procesadores diseñados por ellos mismos no aparezca en el mercado hasta 2021.

Lo primero: nuevo tipo de MacBook

Además cuando aparezcan supondrán una nueva parte minoritaria del catálogo. Simplemente porque sustituirlo de golpe es técnicamente y comercialmente imposible. El mayor reto que hay entre manos es el del rendimiento, todavía queda inversión y desarrollo para que puedan igualar los motores que a día de hoy impulsan los MacBook Pro, los Mac Pro o los iMac que funcionan con diferentes tecnologías de Intel. Lo que la lógica dice -y lo que está especulando- es que en primer lugar alumbre equipos utraligeros y muy finos, susceptibles de sustituir a los MacBook o a los MacBook Air, cuyo principal valor sea la optimización energética y orientados a un usuario que no necesite tener una bestia de portátil en lo que se refiere a potencia.

También se podía añadir de forma relativamente sencilla una pieza para tener conexión mediante una SIM y ofrecer ordenadores con conexión 5G. No hay que olvidar que los californianos adquirieron el pasado año la división de negocio de Intel que se dedicaba a crear modems para móviles. Incluso podríamos ver los primeros portátiles de la marca con pantalla táctil.

Esto no es un ‘Hola ARM’, ‘adiós Intel’.Un éxodo de este tipo como decimos lleva tiempo. Ya se comprobó en las otras ocasiones que la compañía decidió cambiar sus procesadores. Los de Cupertino han dado ese paso en dos ocasiones. La primera fue cuando decidieron abandonar los chips de Motorola y migrar a los de IBM. La segunda cuando dieron puerta a los PowerPC de IBM por los actuales. La decisión se anunció -lo hizo Steve Jobs- en julio de 2005. La transición no se completó hasta muchos años después. En 2012 se consiguió un catálogo de ordenadores movido 100% por procesadores de Intel, aunque ya eran mayoría antes de esa fecha.

Esto no es despachar a Intel y abrazar ARM tan alegremente. Estos cambios llevan su tiempo

La decisión también ayudó en la aparición de nuevos productos: los Powerbook, por ejemplo, mutaron se convirtieron en los MacBook. Habrá que esperar para ver si la manzana englobará los nuevos ordenadores dentro de este universo o creará uno nuevo.

No solo es cambiar el motor

Tiene sentido que el lanzamiento de esta primera piedra se lance en una WWDC. El software es imprescindible. Esto no es tan fácil cambiar un chip por otro. Y aquí macOS lleva años diseñándose y moldeándose para los procesadores de Intel. Este problema, por ejemplo, es el que se ha encontrado Google al intentar crear una tercera plataforma con Chromebook OS. Los de Mountain View pretenden con este sistema operativo para ordenadores aprovechar el enorme caudal de apps creadas por Android. Estas apps, sin embargo, han sido diseñadas para funcionar sobre un procesador ARM, mientras que los Chromebook corren con un chip con arquitectura x86 de Intel. Lo que hace la gran G es ‘meter’ esas apps en una suerte de ‘cajas virtuales’, que permiten ejecutar estos programas de manera separado al sistema operativo. Pero es la pescadilla que se muerde la cola: estos apaños exigen más recursos.

En 2005, cuando inició el cambio a Intel, se lanzó un portátil solo para desarrolladores. Tenían los nuevos chips y así podían ir trabajando sobre ello. Al siguiente año empezó un constante goteo de lanzamientos. Aquí ya han tomado una serie de medidas preventivas. Por ejemplo, el proyecto ‘Catalyst’ ha estado propiciando la migración de ‘apps’ de iPadOS a macOS y se ha adoptado una política de incentivar compras ‘universales’.Lo que no está tan claro es si esto acabara derivando en una división similar a la que ocurríó con iOS e iPadOS. Habrá que ver que nuevas sorpresas y herramientas se presentan este año. Sin embargo, este importante cambio se puede realizar fácilmente gracias a Steve Jobs. Cuando fue expulsado de la compañía que el mismo fundó, montó NEXT, una firma en la que desarrollo el ‘software’ NextStep. Algo que con su retorno en 1996, y la compra de esta marca, sirvió para desarrollar Mac OS X. La clave ese sistema operativo estaba diseñado de forma que no dependiense de un hardware concreto, lo que facilita un proceso que aun así no es nada fácil.

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