Equipos reducidos están operando las enormes minas de cobre de Chile a toda velocidad, escatimando en mantenimiento y movimiento de tierras. Se trata de una solución a corto plazo que conlleva riesgos para la producción futura.

Cuando la pandemia golpeó y las minas en todo el mundo se cerraron, en Chile descubrieron una forma de seguir produciendo cobre para las fundiciones chinas. Mantuvieron el personal no esencial en casa e introdujeron horarios más largos para las cuadrillas reducidas al 60-70% de los niveles normales.

Los últimos datos muestran que está funcionando, con un aumento de la producción incluso cuando Chile se convierte en un epicentro del virus. Sin embargo, en las últimas semanas, los casos de covid-19 en en el país minero se han disparado. De hecho, ahora tiene una de las tasas de infección per cápita más altas del mundo.

Asimismo, los casos en las minas, aunque todavía son bajos, están creciendo y las autoridades han incrementado las restricciones en un esfuerzo por detener la propagación. Eso se suma a la incertidumbre respecto de cuándo las minas podrán operar con una fuerza laboral completa.

La preocupación más inmediata para el mercado, particularmente para las fundiciones chinas que se enfrentan a suministros limitados de cobre semiprocesado de las minas, es si el aumento repentino del virus en América Latina frenará o detendrá la producción. Pero los operadores también están analizando el impacto a largo plazo de operar con equipos reducidos.

“Ya han anunciado recortes en el gasto de capital y han estado explorando minerales de alta ley; todo esto afectará su rendimiento de producción futuro”, dijo Ji Xianfei, analista de Guotai Junan Futures.

El Gobierno de Chile está investigando cómo las minas están logrando ganancias de productividad durante la pandemia y las consecuencias para las operaciones futuras, dijo el ministro de Minería, Baldo Prokurica. Los inversionistas también prestarán mucha atención a los resultados del segundo trimestre de las empresas y las actualizaciones de las proyecciones.

“Lo que están haciendo las minas ahora probablemente no afectará la trayectoria de suministro a largo plazo, pero puede significar que estén por debajo de las expectativas el próximo año, a medida que se ponen al día con el desarrollo y el mantenimiento”, según Colin Hamilton, analista de BMO Capital Markets.

Hamilton generalmente tiene en cuenta la llamada asignación por interrupción de 3,8% del suministro mundial de cobre. Pero la elevó a 6,6% para este año, 5% para el próximo y 4,8% para 2022.

“Inevitablemente, las compañías llegarán a un punto en el que estos gastos ya no podrán evitarse sin comprometer la producción futura de cobre. Si continúan, la producción para 2022 y 2023 podría estar en riesgo”, sostuvo Jaime Sepúlveda, analista en CRU Group.

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