La saga Star Wars comienza con atardecer en Tatooine, un planeta con dos soles. Más de 40 años después de que se estrenase esa película sabemos que es probable que en algún lugar exista un exoplaneta parecido. Mientras estudiamos cómo son estos mundos lejanos, ya tenemos una idea muy precisa sobre cómo sería ver el atardecer en los planetas del sistema solar.

Geronimo Villanueva, científico planetario del Centro Espacial Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland (Estados Unidos), ha desarrollado una herramienta para simular cómo son los atardeceres de los otros planetas, exoplanetas, lunas y cometas, a la que ha llamado «Planetary Spectrum Generator». Este sistema recopila información recogida por multitud de observatorios y le permite a los investigadores obtener datos muy refinados sobre la composición de las atmósferas.

En un principio, sin embargo, su finalidad era simular lo que ocurre en Urano para comprender la composición de su atmósfera y preparar una futura misión de exploración, tal como ha informado la NASA en un comunicado.

Villanueva ha creado una herramienta que permite simular la puesta de Sol en cualquier mundo, cambiando datos como el tipo de estrella, la distancia o el ángulo en la que se encuentra.

Atardecer en exoplanetas

En estas simulaciones el color no solo refleja la composición de la atmósfera de cada uno, sino también el efecto que ocurre a medida que el Sol se mueve hacia el horizonte, como consecuencia de la rotación de estos planetas.

A medida que eso pasa, en un proceso que conocemos como atardecer, los fotones de los rayos de luz son desviados en diferentes direcciones, en función de su energía (longitud de onda) y de la composición de las atmósferas. El resultado es una paleta de colores única en cada mundo.

En la Tierra esto lleva a que, durante la puesta de Sol, el cielo pase de estar dominado por el azul claro, a enriquecerse con tonos amarillos, naranjas y rojos. Pero en Urano, adonde la NASA quiere lanzar una misión esta década o la siguiente, el atardecer sería bien distinto. El cielo pasaría de ser muy rico en azul celeste a quedar dominado por el azul real, con toques de turquesa, debido a la presencia de hidrógeno, helio y metano en la atmósfera.

Además de la composición química de las atmósferas, el efecto del polvo y la niebla en suspensión pueden transformar el color de los atardeceres. Esto es más que evidente en la Tierra, donde no hay dos ocasos iguales, y también en Marte, donde el polvo refleja el azul con mucha eficacia y el atardecer hace que e cielo pase de ser azulado a marrón.

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