No tengo recuerdo de tanto desastre natural, de tal magnitud en solo tres años. Desde grandes incendios, terremotos, pasando por la erupción de volcanes y hasta un aluvión, hemos sufrido en estos años. Nadie podría sostener que éstos son culpa del gobierno, pero sin creer en los brujos, de que los hay los hay. Lo relevante en estos casos ha sido la manera en que ha respondido el gobierno que ha sido sistemáticamente tardía, de mala gestión, y de gran confusión y desorganización. En los actuales incendios hasta importantes personeros de la coalición gobernante han expresado críticas a la acción del gobierno.

Como si esas plagas fueran pocas, la Nueva Mayoría ha hecho las suyas propias. La primera plaga que perdurará por mucho tiempo fue la reforma tributaria, un engendro inentendible, así reconocido a estas alturas por todos. El golpe mortal al ahorro de las empresas se notará por mucho tiempo en el crecimiento del país, y por ende en el empleo. Esta reforma debe ser repudiada y no tiene mejora posible. Debe eliminarse, y pensar el tema nuevamente, buscando un amplio consenso.

La segunda gran plaga han sido los cambios en educación, que son ideológicos, basados en el poder, y sin una sola reflexión sobre educación propiamente tal. El resultado es la sistemática pérdida de calidad del mismo sistema que criticaban por esa misma razón. Todas las instituciones de educación superior que se adhirieron a la gratuidad tuvieron cuantiosas pérdidas, las que solo se compensan disminuyendo prestaciones y calidad. En la educación primaria y media, le quitaron los patines a los subvencionados, no les alcanzan los recursos, y tampoco mejoraron los liceos públicos. Resultado, nuevamente caída de la calidad. La reforma de la carrera docente de los profesores básicamente es un ajuste salarial, bien merecido, pero sin compromiso alguno con los resultados y la calidad.

Otra plaga ha sido el mal manejo de la salud pública, que deja a los hospitales con una deuda histórica, incluso luego de haberle agregado recursos para tales efectos en unos US$ 200 millones. Más aún, los hospitales prometidos no se construirán por ahora, no hay suficientes médicos de especialidades, y en general la administración del sector es ampliamente deficiente, sin considerar las huelgas ilegales que hemos debido sufrir.

Otra plaga devastadora es el agudo déficit fiscal y el aumento severo de la deuda pública. Ello a pesar del enorme aumento de impuestos. Un exceso de gastos ya está comprometido para los años venideros, y las agencias empiezan a deteriorar el índice de riesgo del país. Súmese a ello el aumento simplemente grosero de empleados públicos, que superan los 100.000 y la plaga de incertidumbre instalada en esta administración ha deteriorado la inversión, que ya no llega al 20% del PIB. También en este gobierno se sentó el horrible precedente de usar el aparato público para perseguir adversarios, como ocurrió con Impuestos Internos y otros. En suma, el panorama es oscuro a lo menos.

También es una plaga que deja esta administración la enorme polarización y fragmentación del país. La aplanadora es la principal responsable de esta situación. Formalmente la izquierda dura de la Nueva Mayoría ha literalmente repudiado la idea de los acuerdos, un principio fundamental de los sistemas democráticos. Una mayoría transitoria no puede aspirar a refundar el país, y tratar de borrar todo lo que ha hecho o aspira la otra mitad del país.
El mapa político es cada vez más confuso. La Nueva Mayoría es inéditamente flanqueada desde la izquierda, aún más extrema que el PC, por un frente que agrupa por ahora unos doce partidos o movimientos. El Congreso legisla para sí mismo y para proteger a los incumbentes aumentó los honorables en nada menos que un tercio. En un régimen presidencialista la fragmentación que tendrá el Congreso hará muy difícil cualquier gobierno que venga. Las minorías empezarán a arbitrar distorsionando las políticas públicas, lo que redundará en más gasto fiscal y menos crecimiento.

Todavía queda un año para que generen nuevas plagas. El faraón debe escuchar y entender que los acuerdos amplios son el camino estable y duradero para el país. Pero no escucha ni aprende. El nombramiento reciente en el CDE muestra lo patético de la situación y la burla a todo el país.

Blog de Sergio Melnick en el diario La Tercera

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