Demostrando una inevitable cuota de oportunismo, varios políticos chilenos han salido a compararse con el liberal y centrista Emmanuel Macron, el flamante Presidente electo de Francia. Pero aunque la juventud de Macron y su capacidad de atraer a un amplio rango de votantes desde la izquierda hasta la derecha liberal lo hacen un modelo atractivo, no hay que olvidar que el francé logró un categórica victoria porque tenía enfrente a una candidata que representaba un extremismo inaceptable para la mayoría. En la medida que ninguna de las alternativas presidenciables viables en Chile genera un rechazo como el de Le Pen en Francia, difícilmente habrá un Macron local que consiga llegar al poder con el mensaje de que lo más importante es parar el extremismo.

Hay algunas obvias similitudes entre los momentos políticos que atraviesan Francia y Chile. Ambos países tienen Presidentes salientes socialistas con bajos niveles de aprobación. En los dos países las principales coaliciones políticas experimentan altos niveles de rechazo y la gente está molesta con su clase política. Pero mientras los franceses son pesimistas respecto al presente y al futuro de su país, el pesimismo en Chile va a la baja —producto, presumiblemente, del fin próximo del actual Gobierno y la expectativa de que el próximo cambiará de rumbo—.

Por eso, es fácil entender por qué no surge en Chile una candidatura ultra-nacionalista y xenófoba como la de Marine Le Pen. Aunque pudiera haber más de algún interesado en representar esas posiciones en nuestro país, no hay mucha agua electoral en esa piscina. Si bien hemos comenzado a experimentar algunos fenómenos que han alimentado la xenofobia en Francia —como el aumento de la inmigración— en nuestro país predomina una postura amigable hacia la globalización. De ahí que no seamos testigos del crecimiento de partidos que construyen su atractivo electoral a partir del odio al otro o la exclusión.  Ningún país está libre de arrebatos nacionalistas y de discursos que rayan en la xenofobia, pero en general la democracia chilena se ha desarrollado —cada día más— en un ambiente de respeto, inclusión y esfuerzos por mantener la amistad cívica. Aunque no faltan los que hacen de la descalificación su principal arma, la política chilena es un aburrido salón de té cuando se la compara con los cuadriláteros en que se realiza la política cotidiana en muchos otros países.

Con todo, la aplastante victoria de Macron parece haber inspirado a varios presidenciables chilenos, que selectivamente han optado por destacar algunas similitudes que ellos creen tener con el próximo Presidente francés o con el singular camino que éste debió recorrer para lograr su objetivo.

Las comparaciones más obvias destacan la condición centrista de Macron. La senadora y candidata presidencial del PDC Carolina Goic buscó esa conexión en un tuit que saludaba la victoria del francés. Después de haber lanzado su candidatura presidencial asegurando que el PDC no se movería de su identidad de centroizquierda, Goic parece ahora querer situarse más al centro en su esfuerzo por ser la Macron chilena. Otros líderes políticos, como el ex precandidato presidencial Andrés Velasco, también han hecho referencias a los valores liberales, moderados y pragmáticos de Macron.

Evidentemente, futuras alusiones y comparaciones dependerán del éxito que tenga el nuevo Presidente francés una vez que asuma. Pero dada la ausencia de líderes que hayan llegado al poder en meses recientes con mensajes positivos, inclusivos y amigables con la globalización, parece razonable suponer que Macron seguirá siendo un nombre de referencia al menos por lo que resta de 2017.

Si bien es comprensible que algunos presidenciables chilenos busquen destacar sus similitudes con líderes emergentes y populares en otras partes del mundo, resulta improbable que las elecciones presidenciales de noviembre presenten una dinámica similar a la que se produjo en Francia. Es verdad que los chilenos rechazan a los partidos políticos, pero a diferencia de Francia, donde la elección presidencial se realiza semanas antes de las elecciones legislativas, acá se elige al Presidente de la República el mismo día que a los diputados, senadores, consejeros regionales. Eso obliga a los candidatos presidenciales a ser parte de coaliciones multipartidistas y a demostrar que son capaces de liderar a esos mismos partidos que la ciudadanía rechaza, pero que son tan necesarios para dar gobernabilidad.

Es improbable que en Chile emerja un Macron, precisamente porque hasta ahora no hay una amenaza a la estabilidad y civilidad de nuestra democracia como la que Marine Le Pen representa en Francia. Si bien muchos aparecen entusiasmados con él hoy, es preferible un país que no necesita a Macron, porque tampoco hay una amenaza Le Pen.

Patricio Navia, #ForoLíbero

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