El mes de agosto, por décadas ha sido el mes más temeroso y complicado, para los adultos mayores, que a medida que vamos envejeciendo, todos queremos pasar rápidamente y el dicho “pasamos agosto” toma mayor relevancia, sobre todo, en época de pandemia, en que se nos apareció marzo, cuando llegó el primer caso de contagio del coronavirus a nuestro país.

El problema es que los más afectados o mejor dicho los más expuestos a este virus, sin una causa especificada aún, sin un remedio que nos proteja ni menos una vacuna definitiva, que nos pueda inocular, son los adultos mayores. Sin embargo, son ellos los que más se cuidan, no salen de casa, asumen las medidas sanitarias, pero que ello tiene un costo muy alto, y dentro de otros, es el asumir la soledad, que tiene efectos muy fuertes mentalmente.

Los adultos mayores, muchos siguen trabajando, principalmente porque con las pensiones paupérrimas de nuestro país, es casi imposible poder mantenerse y afrontar las necesidades básicas propias del envejecimiento. Esto tiene su impacto en desarrollar enfermedades como la depresión y el estrés, principalmente por el abandono de sus hijos o nietos, por trabajo, por lejanía, porque viven su propia vida, por la distancia y agregamos por la pandemia que es el temor a contagiarlos y con la letalidad mayor a este grupo etario. El virus ha golpeado con mayor fuerza a las personas mayores.

Recuerdo que leí un artículo, donde la directora del FMI, (Fondo Monetario Internacional) que es una mujer mayor, señaló que “los ancianos viven demasiado, es un riesgo para la economía global y hay que hacer algo ya” posteriormente, esa frase tan desafortunada como se dice actualmente, se desmintió, pero no dejó de causar incomodidad a nivel mundial.

En nuestro país existe un cambio muy profundo, cuando una persona profesional tiene un trabajo, gana un sueldo acorde a su especialidad y posteriormente cuando llega el momento en que cumplió la edad legal, en que las fuerzas no acompañan o quiere o debe retirarse de la vida activa, y hacer uso del ahorro obligatorio de toda una vida para poder mantenerse y solventar la otra etapa de la vida, se encuentra con que su remuneración disminuyó drásticamente. Que la pensión no llega ni siquiera al sueldo mínimo y las deudas se mantienen, por lo mismo, el nivel de vida se ve afectado profundamente, la depresión se hace presente, y la tasa de suicidios en esta etapa de la vida, aumenta dramáticamente.

Una de las políticas públicas que han sido eficaces y constructivas, fue la creación de los “clubes de adultos mayores” donde personas, especialmente mayores y solitarias, encontraban un escape a su rutina diaria, y al menos un día a la semana se reunían con sus pares, en torno a una tasa de té o café, compartían sus vivencias, sus alegrías y tristezas, que hoy se han visto mermadas por esta pandemia, que nos ha confinado en casa, pero que en algún momento volveremos a retomar esas “tertulias” porque el ser humano por naturaleza necesita relacionarse con sus pares y vivir en sociedad.

 

Margot Guerrero Bruner

Asesora Previsional

Corredor de Seguros

www.margotpensiones.com

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