El Día de la Madre se celebra en más de 80 países en todo el mundo, desde Anguilla a Zimbabwe. Los orígenes de este día varían, pero en los Estados Unidos, fue establecido por Anna Jarvis en 1908, en honor a su madre, Ann Jarvis, una activista por la paz que se preocupaba por los soldados heridos en ambos lados de la Guerra Civil y creo el Club de Trabajo Día de la Madre para abordar las cuestiones de salud pública.

Más allá de este día especial, cuando las madres reciben de sus familias tarjetas y flores como símbolo de aprecio, este es el momento preciso para analizar la forma como las sociedades reconocen y premian el trabajo de las madres, y de las mujeres en un sentido más amplio.

Como documenta el informe de ONU Mujeres, el Progreso de las Mujeres del Mundo, las mujeres se han vuelto más visibles en la economía remunerada en los últimos años. Sin embargo, el otro tipo de trabajo que realizan las mujeres sigue siendo invisible y poco reconocido a pesar de su enorme valor: Se trata del trabajo no remunerado que ellas realizan al producir y sostener a sus familias. Se estima que, en todo el mundo, las mujeres dedican más del doble de su tiempo al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado que los hombres.

Si las mujeres dejaran el trabajo de cuidado no remunerado de lado, si dejaran de tener hijas e hijos, de alimentarlas/os, y convertirlas/os en seres humanos productivos y creativos, no habría fuerza laboral y la economía mundial se detendría.

En los Estados Unidos, los servicios de atención a las niñas y los niños -prestados fundamentalmente por las mujeres- se calcula en 3,2 billones de dólares que equivale al 20 por ciento del valor total del PIB.

Se podría pensar que, dada esta contribución extraordinaria a nuestras economías y sociedades, las mujeres son recompensadas adecuadamente. Lo contrario es cierto. A nivel mundial, las mujeres siguen siendo relegadas a un grupo limitado de ocupaciones de bajo nivel, trabajos que no son lo suficientemente valorados y que reflejan el trabajo no remunerado que las mujeres realizan en el hogar (por ejemplo, limpieza, mercado y cuidado de las y los niños).

Cuando las mujeres se convierten en madres, se les ‘penaliza’ aún más: en muchos países, a la hora de pagarles, existe una “multa por maternidad” que refleja las desigualdades de género existentes. Por ejemplo, en los Estados Unidos, las mujeres solteras ganan tan solo 96 centavos por cada dólar que gana un hombre soltero, y las mujeres casadas, con una hija o hijo, ganan 76 centavos por cada dólar que gana el hombre casado.

Los salarios más bajos y las tasas de empleo más bajas a las que están sujetas las mujeres resultan en la acumulación de enormes brechas de ingresos a lo largo de su vida. En Alemania, las mujeres pueden llegar a ganar un 49 por ciento menos que los hombres en el trascurso de sus vidas. Es así que la “multa por maternidad” tiene repercusiones para las mujeres durante el resto de sus vidas: las mujeres tienen menor capacidad de contribuir o cotizar para sus pensiones, que resulta en mayores tasas de pobreza en la edad avanzada. En los países de la Unión Europea, las mujeres de edad avanzada tienen un 37 por ciento más probabilidades de vivir en situación de pobreza que los hombres de edad avanzada.

Ante la perspectiva de trabajar más horas y ganar menos, no es de extrañar que haya mujeres que estén optando por quedarse completamente por fuera del mercado de trabajo. Las últimas cifras de los Estados Unidos demuestran que las tasas de participación laboral de las mujeres de 25 a 54 años de edad – la edad típica del cuidado familiar – han disminuido del 77 por ciento al 74 por ciento desde el 2000.

Como el informe Progreso de las Mujeres del Mundo demuestra, lo contrario ocurre en países que ofrecen apoyos adecuados para las familias trabajadoras; allí el empleo de las mujeres está aumentando. Las tasa de empleo de las madres en países de la Unión Europea, que gozan de prestaciones más generosas para las familias –incluyendo permisos parentales, servicios de cuidado infantil asequibles y políticas de trabajo flexible– es del 84 por ciento, 21 puntos porcentuales más altos que la de aquellos países con prestaciones menos generosas. Los países con las mejores políticas también tienden a incluir incentivos para que los padres asuman su papel en el cuidado de los niños, desafiando los estereotipos de género que este trabajo es sólo para las mujeres.

El Progreso de las Mujeres del Mundo demuestra que es posible reducir las brechas de género, tanto en los países ricos como los pobres, con la combinación adecuada de políticas económicas y sociales. La evidencia es abundante y las soluciones son claras: dejar de ‘penalizar’ a las mujeres por tener hijas/os, y empezar a reconocer, apoyar y redistribuir el trabajo no remunerado de cuidado de niñas/os que realizan las mujeres.

Ese sí que sería un Día de la Madre que valdría la pena celebrar.

Laura Turquet es responsable del informe de referencia de ONU Mujeres “El Progreso de las Mujeres del Mundo”. Este artículo de opinión fue publicado en el Diario Reforma, de México.

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