Tras su salida del Minsal, Jaime Mañalich ha mantenido más bien un perfil bajo, alejado de los medios. Públicamente, sólo ha dado una entrevista, y participó de un conversatorio interno de la Fundación Jaime Guzmán. Eso sí, reactivó su cuenta en Twitter y, al igual que siempre, se ha mantenido como un activo opinólogo sobre materias sanitarias.

Pero este viernes, a tres meses y medio de su renuncia, reapareció en el Congreso, defendió su gestión y también reconoció errores cometidos. El exsecretario de Estado fue convocado por la comisión ad-hoc que analiza la acusación constitucional que pesa en su contra, por, supuestamente, “infringir gravemente la Constitución y las leyes y haber dejado éstas sin ejecución”.

Pese a que su exposición no es obligatoria en esta instancia, que por lo demás no es vinculante para la determinación que adopte la Corporación, él quiso asistir vía remota.

“Estoy acostumbrado a dar la cara siempre”, fueron las palabras de Mañalich al conectarse con los diputados.

LA DEFENSA DE MAÑALICH

El exsecretario de Estado, en medio de una exposición bastante técnica, hizo hincapié en el trabajo que se hizo para controlar la circulación del virus.

Insistió en que siempre se trató de cumplir con todo lo necesario, aumentando el número de camas críticas, comprando ventiladores, con una inédita campaña de vacunación por influenza, entre otros.

“Las acciones iniciales generaron controversia, y recuerdo perfectamente, que en un conflicto en el que más bien me enredé, fue en el de las mascarillas”, sostuvo, haciendo presente que fue producto de la incertidumbre que aún se mantiene al respecto.

“Se generó una gran discusión política, veníamos de toda la crítica o desconfianza del estado del 18 de octubre, y en ese contexto, cuando esta discusión sanitaria se presenta en las redes, evidentemente los ánimos se calientan. Como soy directo, lamento si contribuí a crispar los ánimos”, acotó.

Eso sí, reconoció que “la brújula que usamos tenía dificultades enormes, y esa brújula se llama el sistema Epivigila”. Así, evidenció los problemas serios “en el conteo de casos”.

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