En una ciudad como es Washington y especialmente una Casa Blanca donde la lealtad brilla por su ausencia, Hope Hicks, la mujer que al parecer contagió a Donald Trump de coronavirus, ha dado sobradas muestras de que está con el presidente hasta el final.

Cuando los demócratas la arrastraron el 27 de febrero de 2018 a una comisión del Capitolio para investigar la eterna saga de la trama rusa en las elecciones de 2016, Hicks se negó a darle la espalda a su jefe y dijo que si había mentido alguna vez por él fue con «mentiras inocentes», intrascendentes, perdonables, como sobre si estaba ocupado e una reunión o podía atender el teléfono en ese mismo momento.

Ah, pero los demócratas inmediatamente la enfrentaron a lo evidente: había mentido. Al día siguiente tuvo que dimitir de su puesto de directora de comunicaciones de la Casa Blanca, un trabajo por el que percibía 179.000 dólares (150.000 euros) al año. Un par de años estuvo Hicks en un limbo del que emergió en febrero de 2020, para volver al universo Trump como asesora especial del presidente en los últimos meses de primer mandato, según se acercaba la campaña electoral.

Desde entonces, Hicks, de 31 años, con sus aires de modelo, peinada de forma impecable, encaramanda a unos vertiginosos tacones, maletín en mano, ha estado siempre, fiel, junto al presidente, una de las pocas personas con acceso directo y sin restricciones a él, merecedora de su simpatía y la de su influyente hija Ivanka. Hasta fue con ambos a Roma en 2017 en un reducido séquito para ver al Papa.

Tan importante es Hicks para Trump, que estuvo con él en el debate electoral en Ohio el martes y en el mitin del día siguiente en Minnesota. Ahí comenzó a mostrar síntomas, en el vuelo de vuelta en el avión Air Force One. Fue aislada con cuidado, se le hizo la prueba y dio positivo.

A Trump se lo dijeron en cuanto los resultados estuvieron listos, dicen los portavoces de la Casa Blanca que el jueves por la tarde, cuando se subía al helicóptero para una visita relámpago a su campo de golf de Nueva Jersey, donde iba a verse con un centenar de donantes. El presidente no interrumpió sus planes, y se vio con ellos, sin máscara, y sin decirles nada. A su regreso a Washington la Casa Blanca filtró el positivo de Hicks, y unas horas después, el del presidente y su mujer, que están en cuarentena.

Hicks, nacida en Connecticut, se licenció por la universidad Southern Methodist de Dallas en 2010, y llegó al círculo de empleados de Trump por medio de su hija Ivanka, para quien comenzó a trabajar en 2012 como publicista, en su empresa de ropa femenina. Antes había sido modelo para grandes marcas como Ralph Lauren.

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