Una recreación digital de la muerte de Alberto Nisman, en el expediente judicial

El oficio ingresó formalmente por la Mesa de Entradas de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) este viernes 2 de octubre, minutos antes de las 11 de la mañana. Lleva la firma del fiscal Eduardo Taiano y le pide al organismo que ahora dirige la presidenta de Justicia Legítima Cristina Caamaño que le pase la “situación de revista” de 89 espías que estuvieron activos el fin de semana del 17 y 18 de enero de 2015, cuando hallaron muerto al fiscal Alberto Nisman.

“Revista” significa un detalle pormenorizado acerca de en qué situación laboral se encuentra cada uno de ellos, casi seis años después de la muerte del fiscal. Si están activos, si siguen perteneciendo al organismo, si se retiraron o los echaron. En el caso de los que ya no formen parte del servicio de inteligencia oficial, la fiscalía que investiga la muerte de Nisman solicita el “último domicilio legal registrado” y el último número de teléfono de cada uno de ellos.

Es el paso previo a citarlos a declarar como testigos para intentar desentrañar qué sucedió en los cuatro días entre que Nisman denunció a la entonces presidenta Cristina Kirchner por encubrir a los autores del atentado a la AMIA y el hallazgo de su cuerpo en su departamento de Puerto Madero, con un balazo en la cabeza, justo el día antes de que debiera presentar las pruebas de su denuncia en los tribunales y explicar los alcances de su investigación en el Congreso.

Los agentes sobre los que ahora debe informar la AFI se dividen en dos grupos, uno multitudinario y el otro bien reducido.

El más numeroso utilizaba equipos de comunicación de una flota de teléfonos designada bajo la sigla COM.

Esa denominación identificaba a los equipos que dependían de la Dirección de Reunión Interior de la ex SIDE, comandada entonces por Fernando Pocino, hombre de confianza de Cristina -había trabajado con ella en el Congreso- y quien reportaba entonces al número dos del organismo, Juan Martín Mena, actual viceministro de Justicia de la Nación.

​En este grupo la fiscalía de Taiano pide información sobre 86 agentes: 72 hombres y 14 mujeres.

El otro grupo está integrado por los espías que operaron aquel fin de semana los teléfonos asignados a Antonio Stiuso, el jefe operativo de la SIDE que Cristina acababa de echar en cuanto decidió intervenir el organismo poniendo de jefe a Oscar Parrilli y de segundo a Mena. Aquí se piden los datos de 3 espías más (dos hombres y una mujer).

Todos esos teléfonos se activaron cientos de veces entre el miércoles 14 de enero, cuando Nisman denunció a Cristina Kirchner, y el domingo 18, cuando hallaron su cuerpo. Pero la mayor cantidad de cruces se dieron el último día, cuando Nisman ya estaba muerto pero aún no habían encontrado su cadáver.

Esos agentes de planta hablaron entre ellos, pero también reportaron a sus superiores durante todo el día. Algo estaba pasando. Algo que no sucedió nunca antes ni sucedería después, porque nunca antes ni después los llamados entre espías volvieron a cruzarse de ese modo ni con esa intensidad un domingo de verano.

Junto a los espías será citado, también como testigo, el hombre con quien más habló el empleado informático Diego Lagomarsino el día en que, según él, fue a entregarle la pistola a Nisman. Un hombre llamado Orestes Jorge Ardissone, de contactos con el entorno de Lázaro Báez: en el expediente, Ardissone aparece integrando la misma empresa que Jorge Chueco, el abogado de Báez que estuvo prófugo en Paraguay y luego fue preso junto a su cliente por la causa del blanqueo de millones en lo que se conoció como La ruta del dinero K.

Los agentes sobre los que ahora se piden informes completos integraban grupos operativos de inteligencia que estaban trabajando en la calle. ¿Qué misión tenían aquel domingo, cuando Nisman estaba muerto pero aún nadie lo sabía? Al menos uno de esos grupos se movía por la zona de Puerto Madero -donde estaba el departamento de Nisman- y el centro porteño. Un jefe recibía los reportes en una zona de la avenida Beiró y uno de los que reportaba a él hablaba desde Martínez, en el norte del conurbano.

Como reveló Clarín en enero pasado, a este espía activo en Martínez lo registraba una antena que estaba apenas a una cuadra de la casa donde vive Lagomarsino, el hombre que dijo que el día anterior había llevado una pistola a la casa de Nisman. La misma pistola que apareció en el baño, junto al cuerpo, debajo del hombro izquierdo.

Sólo el agente que hablaba desde el barrio de Lagomarsino se comunicó con sus superiores 27 veces aquel domingo. La última, minutos antes de que hallaran muerto a Nisman en su departamento.

Este mapeo de llamadas (más de mil comunicaciones entre los grupos operativos con sus jefes) estaría terminado en dos semanas, tras una recopilación que entregará el Departamento Unidad Federal de Investigaciones Especiales de la Policía Federal (DUFIE).

El actual pedido de informes sobre los 89 espías surge principalmente por los entrecruzamientos de llamadas entre ellos -hora, duración y ubicación de los teléfonos adjudicados a cada uno- adelantados a la fiscalía por esa dependencia de la Federal tras más de dos años de investigación.

La declaración de los espías como testigos es posible legalmente por el decreto 176/16 del presidente Macri que ordenó levantar el secreto informativo de los agentes de inteligencia de la AFI y de todas las fuerzas de seguridad cuando la información fuera requerida por los investigadores de la causa Nisman.

Una resolución interna de la AFI del mismo año 2016 (la número 25) relevó a los agentes de la obligación de guardar secreto cuando se trate de este caso. Fue mientras la causa aún estaba en manos de la jueza de instrucción Fabiana Palmaghini.

Los llamados de los agentes que serán citados después de los informes pedidos a la AFI sucedieron durante un fin de semana plagado de situaciones extrañas.

El sábado en que Lagomarsino le llevó el arma a Nisman (17 de enero, un día antes de que hallaran el cuerpo del fiscal en el baño del departamento) se estaban incendiando equipos en una oficina de la Casa Rosada donde se guardaban todos los archivos de ingresos y egresos al edificio del gobierno. Recientes peritajes de Gendarmería dicen que no pudieron recuperar nada de aquella información.

Ese mismo fin de semana en que los 89 agentes de la SIDE hablaban entre sí y con sus jefes, los policías federales que integraban la custodia de Nisman lo dejaron solo entre las ocho de la noche del sábado y las 11 de la mañana del domingo, justo el lapso de 15 horas en que un balazo de la pistola que llevó Lagomarsino se le incrustó en la cabeza.

Un balazo que no estaba ni detrás de la oreja ni en la sien, sino relativamente lejos de ambos lados: 3 centímetros arriba de la oreja derecha y 7 milímetros hacia adelante. Según los forenses, un sitio extraño y bastante incómodo para autodispararse.

Según los datos que constan en la causa, mientras el espía de Martínez se reportaba desde el barrio de Lagomarsino, el jefe directo de 86 de esos 89 agentes, Fernando Pocino, llamó a Mena 11 veces. Ambos se movían entonces -Mena lo sigue haciendo- como soldados de Cristina.

Varios de esos contactos tienen una duración breve, de 7 u 8 segundos. Pero en otros mantienen conversaciones más prolongadas. A las 12 en punto -cuando los custodios de Nisman ya habían llegado a Puerto Madero- hablan casi 15 minutos; a las 15.48, cinco minutos y a las 16.16, 37 segundos. Todos los llamados son de Pocino hacia Mena y mientras los custodios de Nisman aún no habían subido a golpearle la puerta al fiscal muerto. Es decir, mientras el cuerpo todavía no había sido hallado.

Tras los testimonios de los espías, la investigación podría avanzar hacia determinar dónde estaba Mena ese día y si tuvo contacto con la ex presidenta Cristina Kirchner, quien dijo haberse enterado de la muerte de Nisman casi a la medianoche, por un llamado de su ex ministra de Seguridad -y actualmente en el gabinete de Sabina Frederic-, Cecilia Rodríguez.

El ex segundo de Rodríguez y actual ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, dijo sin embargo que fue él quien le avisó a Cristina de la muerte de Nisman. Aunque Berni declaró en la causa haber hablado sólo dos veces con la entonces Presidenta aquella madrugada, las pericias revelaron que en realidad intercambiaron 31 comunicaciones. Cinco de ellas ocurrieron mientras Berni se movía libremente por el departamento de Nisman muerto.

Además del extraño incidente del incendio en la Casa Rosada del sábado, aquel mismo fin de semana dejaron de funcionar varias cámaras que registraban los ingresos a la Quinta de Olivos.

Mena -quien en la semana fue designado por Cristina para decir que el fallo de la Corte adverso al Gobierno por el traslado de jueces fue producto de la “presión mediática”- sigue procesado junto a la ex presidenta por la causa del pacto con Irán que investigó Nisman, igual que el actual jefe de los abogados del Estado, Carlos Zannini.

Mientras la investigación avanza al ritmo de los cruces telefónicos, la fiscalía que investiga la muerte de Nisman aún no pudo revisar el contenido de las computadoras, los teléfonos y las cámaras de fotos de Lagomarsino y todos los custodios del fiscal muerto, un trámite que sigue paralizado porque la defensa de Lagomarsino se opone una y otra vez, apelando la medida en cada instancia que la autoriza.

Luego de la orden de la Cámara de Casación para que se revisaran esos contenidos, Lagomarsino volvió a apelar y el trámite pasó a la Corte.

En el otro celular de Lagomarsino que sí pudieron revisar aparecieron fotos de un pizarrón de la UFI AMIA, que conducía Nisman, donde se mostraban líneas investigativas sobre el encubrimiento del atentado.

¿Para qué necesitaba un técnico informático fotografiar con su propio celular esa información sensible?​

El abogado de Lagomarsino que sigue apelando para que la fiscalía no abra los archivos del segundo celular del técnico informático pertenece al estudio jurídico de Maximiliano Rusconi, el abogado de Lázaro Báez y Julio De Vido.

En tanto, durante la semana pasada fue citado a la Comisión Bicameral que fiscaliza a los organismos de Inteligencia en el Congreso el director del área de Pericias Científicas de la Gendarmería, Orlando Caballero. Lo llamaron para declarar sobre una investigación de presunto espionaje en el caso de Santiago Maldonado, pero lo terminaron interrogando por las pericias que dictaminaron que Nisman fue asesinado.

Caballero es el funcionario de Gendarmería que coordinó el equipo de peritos que opinaron que a Nisman lo mataron. El presidente de la Bicameral que lo citó y encabezó el sorpresivo interrogatorio fue el diputado ultra K Leopoldo Moreau.

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