Mientras que la cuarentena global obligó a millones de personas a permanecer encerradas en sus casas para evitar la propagación del, fueron surgiendo a lo largo de los 70 días de pandemia innumerables reportes de noticias curiosas e increíbles para muchos. Desde los robots que luchan contra la enfermedad al país donde el virus “no existe”, pasando por los castigos más insólitos por romper el aislamiento y una particular hinchada de fútbol…

Tanzania: un virus “satánico”

El presidente de Tanzania, John Magufuli, fue blanco de la controversia durante la pandemia por varias acciones controvertidas, entre otras cosas, por recomendar a la población beber un tónico herbal elaborado con la planta de artemisia y considerado un curativo milagroso en el país africano a pesar de las advertencias de la OMS.

El líder también fue objeto de críticas por no haber cerrar los lugares de culto, alentando a los fieles a reunirse en oración en las iglesias con el argumento de que el virus es “satánico”, por lo tanto, no puede desarrollarse en los lugares de Dios en los que hay una “verdadera curación”. Magufuli también señaló dudas hacia los kits de prueba que hizo al utilizar una papaya y en una cabra sin conocimiento del laboratorio, tras lo cual dio positivo al virus. El 17 de mayo, Magufuli, cuyo gobierno es criticado por falta de transparencia en la gestión de la epidemia de COVID-19, afirmó que el número de infectados “disminuyó drásticamente” en ese país gracias a los tres días de plegarias nacionales que ordenó a los tanzanos. “Dios ha respondido a nuestros rezos”, aseguró Magufuli, quien dijo que uno de sus hijos contrajo Covid-19 y que se CURÓ gracias a inhalaciones de limón y jengibre.

Robots anti-coronavirus en Ruanda

Cinco trabajadores incansables, infalibles e inmunes al virus -se llaman Akazuba, Ikizere, Mwiza, Ngabo y Urumuri- se suman a la lucha contra la pandemia de coronavirus en Africa. Todos nombres ruandeses, pero que en realidad no pertenecen a ciudadanos comunes sino a sendos robots humanoides fabricados por una empresa belga y cuyo objetivo principal es reducir la exposición al contagio de los operadores sanitarios. Los robots (empleados en dos centros para la cura de Covid-19, uno en Kigali y el otro en Nyamata) pueden revisar a un número de personas que va de 50 a 150 por minuto: registran y memorizan los datos de los pacientes, avisan a los operadores sanitarios sobre anomalías, advierten a las personas sin mascarillas o que las usan de modo inapropiado.

Los cinco fueron entregados a Ruanda para dar apoyo en la detección del coronavirus y para entregar alimentos y remedios a los enfermos, pero funcionan también para las conexiones en videoconferencia entre los pacientes y los médicos.

Madagascar: pócima “mágica” para curar enfermos

La policía de este país africano sanciona a las personas que salgan a la calle sin mascarillas de protección contra el coronavirus en las tres principales ciudades del país, obligándolas a barrer las veredas. El presidente Andry Rajoelina hizo obligatorio el uso de máscaras en lugares públicos, tras levantar el 20 de abril el confinamiento impuesto a los habitantes de las ciudades de Antananarivo, Fianarantsoa y Toamasina.

“El 70% de la gente en la calle respetó la regla (…) porque temen tener que barrer las calles”, dijo el jefe de operaciones de lucha contra la enfermedad COVID-19, el general Elak Olivier Andriakaja.

También en Madagascar, los soldados uniformados recorren puerta a puerta las calles de la capital Antananarivo, para distribuir gratuitamente entre sus habitantes, sorprendidos pero encantados, un té de hierbas promovido por el presidente para combatir covid-19. Este té, concebido por el Instituto Malgache de Investigación Aplicada (Imra), a base de artemisia, planta con eficacia demostrada contra la malaria. “Hemos hecho pruebas, y dos personas se curaron con este tratamiento”, señaló Rajoelina a comienzos de esta semana. “Esta tisana logra resultados en siete días (…). Podemos cambiar la historia del mundo entero”, afirmó el presidente.

Policías bolivianos se disfrazan de coronavirus para concienciar a la población

La lucha contra el covid-19  adquiere en Bolivia insólitas características carnavalescas. Para hacer cumplir las restricciones del Gobierno de facto, la policía se ha disfrazado de coronavirus. “Vayan a sus casas”, le piden a la población unos agentes camuflados con la forma del virus.  La llamada a los ciudadanos a volver a sus hogares es acompañada también con música. “Estamos haciendo ver que la situación es de peligro”, le dijo a la televisión un uniformado, detrás de su mascarilla. “Los muñequitos buscan conmover“, añadió. Hasta el momento, Bolivia ha contabilizado 107 casos de contagio, seis muertos y ningún recuperado.

El país andino tiene una informalidad laboral que en algunas ciudades llega al 80%. La economía, por lo tanto, se despliega en las calles. Los mercados involucran a familias enteras. El trasiego suele ser intenso y a lo largo del día. Pero la emergencia sanitaria ha limitado no solo la circulación sino la compra y venta en el espacio público. Los policías disfrazados van a esos lugares de aglomeración para pedir a los ciudadanos que se dispersen y cumplan el aislamiento domiciliario. “Soy el coronavirus“, les alertan, como si se trataran de niños. Unos sonríen y hasta se hacen ‘selfies’ con los muñecos amarillos y violetas. Buena parte de los transeúntes acatan sin soltar palabra.  Las “cepas” también piden a los ciudadanos que, al volver a sus hogares se laven las manos “de manera correcta” y como indican las publicidades en la televisión. Un 95% de las personas que viven en las ciudades tienen acceso al agua. Años atrás, solo un 60% de los bolivianos tenían ese derecho.

EEUU: los animales, más libres que nunca

Mientras que la pandemia obligó a millones de estadounidenses a permanecer encerrados en sus casas para evitar la propagación del virus, para la fauna de decenas de parques nacionales fue la posibilidad de deambular libremente como hace décadas no ocurría.

En los parques nacionales, los guardabosques están listos para reabrir mientras los osos deambulan por caminos vacíos y las tortugas toman sol en el asfalto, totalmente ajenos a lo que está ocurriendo en el resto del país. A mediados de marzo, muchos de los parques nacionales de EEUU cerraron sus puertas para ayudar a frenar la propagación del coronavirus. En medio de esa inesperada libertad, la vida silvestre se mudó rápidamente a los espacios que ahora carecen de atascos y excursionistas ruidosos que se convirtieron en un elemento básico de los parques en todo el país. Los osos pueden ahora deambular por los prados de Yosemite y los alces no fueron molestados al comienzo de la temporada de parto en Yellowstone.  (Fuente www.perfil.com).

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