El último viernes el Ministerio de Seguridad de la Nación puso en agenda un tema del que ya se venía hablando cada vez más desde que entramos en cuarentena por el coronavirus: el sexo virtual. En conferencia de prensa, el médico infectólogo José Barletta abordó la problemática de las personas que rompen el aislamiento para concretar encuentros sexuales con personas que no convivimos, lo que claramente pone el riesgo ante situaciones de contagio. En ese contexto, recomendó “herramientas que hoy tenemos disponibles como las videollamadas, el sexo virtual, el sexting, pueden ser una buena alternativa”.

Para quienes venimos abordando las problemáticas de seguridad y privacidad en Internet, una mención oficial a este tema no dejó de ser una sorpresa, y por supuesto las redes sociales y los medios comenzaron con el dicotómico debate que a veces nos caracteriza: ¿sí o no al sexo virtual?, ¿es bueno o malo?

Para intentar contestar estas preguntas, asegurémonos primero de que todos entendamos lo mismo. Se llama sexting al hecho de compartir voluntariamente contenidos de índole sexual a través de la tecnología. La palabra es la combinación de sex (sexo en inglés) y texting (envío de mensajes móviles en inglés). El hecho de que hoy cualquier persona tenga un dispositivo móvil con cámara y conectividad a mano, sumado a la combinación de desinhibición e inconsciencia que ofrece Internet, hacen que sea cada vez más frecuente esta práctica. O como escribió alguna vez Valentín Muro en su newsletter Cómo Funcionan las Cosas, “toda persona con acceso a un teléfono con cámara eventualmente lo apuntará a su cuerpo desnudo”.

Entonces, sexo virtual, ¿sí o no? En mi opinión, sí, pero…

El sexting no tiene nada de malo. Es parte de la sexualidad de cualquier persona. Pero es riesgoso. Porque muchas veces, las imágenes llegan al alcance de personas que no eran los destinatarios originales, es decir, se viralizan. Aunque este término suele estar más asociado a la masividad, muchas veces con que las imágenes lleguen a unas pocas personas del ambiente de la víctima, ya es suficiente para causar (mucho) daño.

Por eso es importante aclarar que uno no es víctima de sexting, sino de difusión de imágenes sin consentimiento (algunos también lo llaman sextorsión o pornovenganza).

Pero si alguien difunde imágenes primero tiene que tenerlas. Entonces, para mí es importante recordar que el sexting es una práctica válida pero riesgosa, y creo que no debemos sugerirla sin ser precavidos y siendo claros respecto a los potenciales efectos negativos. Como tantas otras cosas, el sexting es malo si no nos cuidamos.

Y así como está mal demonizar al sexting, veo con igual preocupación romantizarlo. Es una práctica entendible, que es parte de la sexualidad de las personas, pero su componente digital genera riesgos específicos que no podemos obviar. No todo acto de sexting es un ejercicio sano de la sexualidad. Por ejemplo, un estudio de Morgan Johnstonbaugh de la Universidad de Arizona encontró que las mujeres sienten mucho más presionadas que los hombres (cuatro veces más) para enviar fotos íntimas para que el otro no pierda el contacto.

Entonces, ¿cómo cuidarse al hacer sexting?

1. No podemos hacer sexting con cualquiera. Para hacer sexting tiene que haber confianza y la confianza no se consigue de un día para el otro. Una cosa es hacer sexting con una pareja que quedó lejos en la cuarentena, otra con lo primero que encuentro en Tinder.

2. Antes de hacer sexting, hablar. Aunque un acuerdo de palabra no es garantía, en relaciones de confianza que las cosas se hablen (¡y el consentimiento!) es importante. Acordar que esto es una práctica para disfrutar el momento, y que las imágenes no deben compartirse y deben borrarse.

3. Usar plataformas que borren los contenidos una vez enviados, como Telegram, Instagram o Snapchat. ¡Ojo! Los consejos son acumulativos: hay formas de grabar/capturar las imágenes, pero si antes lo hablamos y lo hacemos con alguien de confianza, eso ayuda.

4. No hace falta exponerse completamente. Se pueden mandar imágenes parciales, que no se nos vea la cara (u otras identificaciones como tatuajes). Y también se puede tener un chat hot o una charla con audios, que son otras formas de disfrutar del sexo virtual sin exponerse tanto.

5. Y si estás del otro lado, del receptor/a… ¡no reenvíes lo que recibes! Sé empático y respetuoso con el otro.

Por eso como ya hemos dicho: “sexting sí pero…”, ¡a cuidarse!

/Escrito para Infobae por Sebastián Borking

El autor es experto en Seguridad Informática, director de Investigación de Onapsis. Fue fundador de la ONG Argentina Cibersegura y se dedica a la divulgación de contenidos para un uso sano y seguro de las tecnologías.

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